Falta de consenso global en el 2011

Las nuevas relaciones entre Estados Unidos y Europa con las denominadas potencias emergentes y una serie de países del Sur marcarán las relaciones internacionales en el 2011. Algunas de las potencias que han dominado la escena internacional desde el final de la Segunda Guerra Mundial ya no tienen la capacidad de decidir sobre otros países. Pueden intentar influir, como muestran los documentos revelados por Wikileaks, pero las decisiones están crecientemente en manos de los gobiernos locales, desde Irán hasta Costa de Marfil, pasando por Israel, Venezuela, Sri Lanka o Sudán. Las razones de este cambio son diversas. La crisis económica y financiera de Estados Unidos y Europa, al contrario que el éxito económico de Brasil, India, China o Turquía, es un factor de peso.

Esta nueva capacidad no significa que se tomen decisiones justas ni democráticas, sino que el orden global está afectado de dos formas: se desplaza de Occidente a Oriente, y es menos centralizado. En el 2011 veremos a los emergentes defender sus intereses nacionales, ganar espacios diplomáticos, garantizar el acceso a recursos (petróleo, alimentos) para sus poblaciones, y actuar en las organizaciones multilaterales en su propio beneficio. Otros gobiernos buscarán en ellos nuevos aliados y apoyos.

En el año que se inicia habrá acciones diplomáticas más arriesgadas de algunos de estos países, como han hecho Brasilia y Ankara con el programa nuclear iraní. Al mismo tiempo, Europa tendrá menos capacidad internacional debido a la debilidad económica, las divisiones entre sus estados, la pérdida de legitimidad y el bloqueo de sus miembros para tener una política exterior y de seguridad activa.

En el nuevo año, el presidente estadounidense, Barack Obama, será débil frente a la Cámara de Representantes, dominada por los republicanos. Sus intentos multilateralistas y de diálogo durante la primera presidencia se verán muy afectados.

La oposición le restará apoyo y fondos para llevar a cabo acciones internacionales, la única área en la que el presidente conserva cierta autonomía.

La economía influenciará la relación entre China y Estados Unidos, una de las mayores tensiones actuales. Ni Pekín ni Washington llegarán a la guerra, pero sus desavenencias comerciales y financieras influirán para que no haya consenso global sobre temas como el medio ambiente, la producción internacional de alimentos y las respuestas a crisis regionales o nacionales.

Las tensiones Estados Unidos-China, Estados Unidos-Rusia, India-China e India-Pakistán, entre otras, generarán mayor inseguridad. La guerra en Afganistán, por ejemplo, necesita una negociación regional, pero ante la falta de diplomacia se pone mayor énfasis en la contrainsurgencia, con resultados inciertos. Más en general, la intervención diplomática internacional, incluyendo el envío de fuerzas de paz, será más escasa en crisis como las de Costa de Marfil, Yemen, la posible secesión de Sudán del Sur o Somalia.

La tendencia global es a que haya menos guerras internas y entre estados, pero se mantienen altos niveles de violencia ejercida por actores no estatales, por ejemplo, los narcotraficantes en México. O esta violencia de grupos terroristas y organizaciones criminales, y en ciertos casos vinculada a gobiernos, como en Kosovo. La falta de consenso en las organizaciones internacionales dificulta abordar multilateralmente este problema.

Las Naciones Unidas continuarán constreñidas para tomar decisiones importantes. Tres factores producen esta debilidad. Primero, la creación de nuevas organizaciones regionales que derivan de los liderazgos de las potencias emergentes; segundo, el fortalecimiento del G-20; tercero, el Consejo de Seguridad está fragmentado entre Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, de un lado, y China, Rusia y los miembros no permanentes, por otro, muchos de ellos defendiendo crecientemente sus intereses sin necesariamente buscar consenso.

No habrá acuerdo entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina: otro fracaso para el presidente Obama. Líbano podría volver a estallar cuando se conozca el veredicto de la comisión de investigación sobre el asesinato del presidente Rafiq al Hariri en el año 2005, mientras que otra guerra entre Hizbulah e Israel no es descartable.

Irán será un caso complejo para Obama. Si mantiene la posición actual y no acepta que Irán enriquezca uranio bajo supervisión de otros países (como acordaron Turquía y Brasil con Teherán), el gobierno de Mahmud Ahmadineyad no cederá. En el caso de que Washington flexibilice su posición, recibirá duras críticas de los republicanos y grupos de presión. El riesgo es que Israel decida atacar las instalaciones nucleares iraníes.

Washington podría lanzar ese ataque, pero ahora es improbable. Una última opción es que Irán cuente a medio plazo con armas nucleares. Si esto ocurriese, otros países de la región – desde Arabia Saudí hasta Turquía-seguirían su camino, se acabaría el monopolio de Israel sobre este tipo de armas en Oriente Medio, y se establecería un sistema de disuasión nuclear regional.

El sistema internacional está en transformación. La falta de consenso es parte de un proceso y quizá en a medio plazo haya un progresivo retorno al multilateralismo. Pero el 2011 será un año de posiciones duras.

Mariano Aguirre, director del Norwegian Peacebuilding Centre, Oslo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *