¿Fascismo en Europa?

La subida de la extrema derecha del Frente Nacional en las pasadas elecciones municipales francesas ha creado mucha inquietud, no sólo en Bruselas. El mes que viene habrá elecciones al Parlamento Europeo en toda la UE. ¿Puede ser que estos resultados se repitan en muchos otros países, de manera que en lugar de un 10% de antieuropeos haya un 20% o incluso un 25% en la Eurocámara? ¿Qué pasará si el avance de estas fuerzas continúa?

Es muy posible que el PVV en Holanda surja como el partido más fuerte en el país y que la extrema derecha en Gran Bretaña y Hungría también tenga avances significativos. Quizás también Amanecer Dorado en Grecia. Pero ¿son fascistas o neofascistas? Los partidos de derecha en Suecia y Noruega, que son los que más han crecido, están en contra de la inmigración pero no en contra de la democracia. Era de esperar ante las dificultades que ha planteado la integración de los inmigrantes, muchos de los cuales no son exactamente demócratas ni han sido educados en este tipo de sociedades.

No todos los partidos fascistas de la década de 1930 eran tan radicales y terroristas como el de Hitler. Después de muchos años de debates los politólogos han llegado a la conclusión de que existe una “mínimum fascista” y, si un movimiento político no alcanza este mínimo, puede ser antidemocrático, chovinista, antieuropeo, populista pero todavía no es fascista. El mínimo fascista incluye un Duce o un Führer, un partido de Estado (y la prohibición de todos los demás) de ideología fascista específica, el monopolio de la propaganda y el terror. No existen tales partidos en la actualidad en Europa, aunque algunos han llegado más cerca del mínimo.

El Frente Nacional en Francia está ganando apoyo porque hay cinco millones de parados y los partidos clásicos no han podido hacer nada al respecto. Está en contra de una inmigración continuada en un momento en que ya hay muchos desempleados. La líder del partido, Marine Le Pen, entendió lo que su padre, que dirigió la formación muchos años, no alcanzaba a comprender: que el antisemitismo y otras consignas radicales no ayudarían al partido, sino que lo aislarían. Hoy en día estas consignas podrían atraer a algunos musulmanes radicales del norte de África en los suburbios de París, pero no a los patriotas franceses a los que quiere movilizar el Frente Nacional. No quedan muchos judíos en Europa y si existe descontento y preocupación en Francia es por los impuestos y el desempleo y la creciente presencia de no franceses en las ciudades francesas, principalmente provenientes del norte y centro de África. Y así, la señora Le Pen decidió que lo mejor para el partido no era ser radical sino más respetable, y ha tenido éxito.

Pero todavía es dudoso que el FN y otros partidos avancen mucho más, y por varias razones. La extrema derecha en el futuro asumirá parte de la responsabilidad política. Se esperará de ellos que hagan algo contra el desempleo y fracasarán. Están en contra de la Unión Europea (y el euro) en su forma actual, ¿pero qué alternativa tienen? No quieren una Europa proestadounidense (“atlántica”), sino una Europa independiente con ejército propio liderado por Alemania, Francia y Gran Bretaña y una orientación hacia Rusia. En el conflicto entre Rusia y Ucrania la mayoría de ellos han apoyado a Rusia.

Esto explica un desarrollo que ha sorprendido a muchos europeos. Una nueva alianza se está fraguando entre Rusia y la extrema derecha en Europa. Los observadores se sorprendieron e incluso quedaron atónitos de que Putin, que estaba muy preocupado por las fuerzas fascistas en Kíev, no dudara en establecer relaciones más estrechas con partidos de extrema derecha del oeste y sur de Europa.

No entendieron que Putin no estaba preocupado por el fascismo en Ucrania, sino por el nacionalismo ucraniano. Además, los partidarios de Putin en Rusia se han movido ideológicamente más a la derecha. No sólo se han vuelto conservadores, sino que en algunos aspectos están ahora más a la derecha del Frente Nacional de madame Le Pen. Existe la tentación cuando se piensa en la Rusia contemporánea de aplicar términos como “izquierda” y “derecha”. Pero estos términos se han vuelto hace mucho tiempo obsoletos y engañosos.

Todo esto explica por qué se produce un flujo constante de los políticos de extrema derecha de los países europeos a Moscú e incluso un apoyo financiero de Moscú para algunos (no todos) de estos partidos. La política, se dice, hace extraños compañeros de cama, pero a fin de cuentas no es tan extraño. Rusia está enojada con Europa por muchas razones y da la bienvenida a la emergencia de fuerzas dentro de la Unión Europea que también están descontentas con Bruselas, son antiestadounidenses y favorecen un giro hacia Moscú.

¿Funcionará esta estrategia? Probablemente no. Gran Bretaña, Alemania y Francia no muestran ningún entusiasmo por un ejército europeo independiente del que deberían asumir la responsabilidad y la carga financiera. Quizás no les guste la OTAN, pero no ven una alternativa. Contemplan las ideas de los partidos europeos de extrema derecha como meras fantasías. Quizá tengan razón.

Walter Laqueur, consejero del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington.

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