Fe, esperanza y caridad

Por Joseba Arregi, ex diputado y ex dirigente del PNV. Presidente de la asociación Aldaketa (Cambio para Euskadi) (EL PERIÓDICO, 27/04/06):

Es probable que más de uno esté pensando en otros adjetivos para la esperanza de la desaparición de ETA como apuntalar y consolidar. Pero también es probable que lo que más necesita la esperanza de la desaparición de ETA sea claridad por parte de todos. Una claridad que comience por dejar a un lado el término proceso para hablar de desaparición. Una claridad que diga qué es lo que se espera y lo que no, qué es lo que se puede esperar y lo que no, evitando las ambigüedades.
Los atentados producidos en Barañain (Navarra) y Getxo (Vizcaya) estos últimos días no deben ser razón para perder la esperanza. A pesar de que pueda haber más de uno con la tentación de hacerlo. Tampoco pueden ser motivo para afirmar que no importan en absoluto, porque la voluntad de ETA para cesar en la actividad terrorista es definitiva. Esa voluntad se debe poner de manifiesto en la ausencia total de actos intimidatorios, sean en forma de cartas de extorsión o, en la versión posmoderna, de invitación a contribuir a la causa, sean actos de violencia callejera y de terrorismo.
Es preciso tomar totalmente en serio los atentados últimos. Intentar saber si se trata de unos hechos aislados, o de algo más. No pocos pensarán que es difícil que actos de terrorismo como los de Barañain y de Getxo se produzcan sin conocimiento, sin asentimiento, sin autorización de ETA, aunque no sean consecuencia de una orden directa de la organización. Incluso si fueran hechos aislados poseen un alcance político innegable: ETA no controla todo su entorno. Algo que obliga a serias reflexiones.
Tampoco se puede dejar de lado el que el ataque de Barañain se produzca en un contexto de polémica sobre la relación de Euskadi con Navarra, o viceversa, sobre el alcance territorial de la Euskal Herria política reclamada por Batasuna y ETA. Y que el ataque de Getxo haya estado acompañado de octavillas pidiendo la liberación de un acusado de pertenecer a ETA. Como tampoco se puede pasar por alto las manifestaciones de Díaz Usabiaga y de Permach calificando de graves los hechos, pero colocando en el mismo nivel los actos terroristas y las actuaciones del Estado de derecho.
Todo ello resalta la necesidad de clarificar la situación. El atentado en Navarra está relacionado con la cuestión del precio político que no se puede pagar a ETA por su desaparición. Está claro que las previsiones actuales pertenecientes al corpus constitucional hablan de la posibilidad de incorporación de Navarra a Euskadi, o de la constitución de órganos comunes entre ambas comunidades, mediante la voluntad clara y mayoritaria de los navarros.

PERO TAMBIÉN está claro que la cuestión se plantea en estos momentos no porque se vislumbre una voluntad mayoritaria de los navarros para cambiar el estatus actual, sino porque lo exigen ETA-Batasuna. Y la negativa de UPN a considerar la cuestión tiene tanto que ver con la defensa del poder, como la posibilista toma en consideración de los socialistas navarros con el deseo de acceder a ese poder con el apoyo de los nacionalistas.
La relación establecida por los autores del atentado de Getxo entre éste y la actuación de los poderes del Estado, al igual que las manifestaciones de Rafa Díez y de Permach, no son de recibo: el Estado de derecho no está, no puede estar en situación de tregua. Si algo es el Estado de derecho es el monopolio del uso de la fuerza sometido al imperio de la ley y del derecho. Ese monopolio no desaparece, ni puede dejar de ser ejercido, pues es la garantía de las libertades ciudadanas.
Estas pequeñas reflexiones llevan a realzar la importancia del cuidado en el lenguaje que es preciso recabar de todos los políticos en estos momentos, especialmente de los que son gestores directos de la situación. Es evidente, comprensible y hasta justificable que ETA-Batasuna trate de transformar su derrota en apariencia de victoria, o en victoria al menos parcial. Pero ninguno de los responsables políticos debe hablar para reforzar o aumentar esas esperanzas de ETA-Batasuna. Ni siquiera desde la idea táctica de que es necesaria cierta ambigüedad para atar a ETA a la permanencia en el alto el fuego: si su voluntad de desaparición es real, la prueba está en que no puede estar sujeta a ninguna victoria política, aunque sea parcial, ni siquiera a apariencia alguna de resultados políticos. De otra manera no sería una voluntad clara, sincera y definitiva.

NAVARRA NO puede ser moneda de cambio. El Gobierno lo ha dicho con claridad, pero después de que algunas voces y actuaciones socialistas hubieran sembrado la duda. La reforma del Estatuto de Gernika se hará, si es necesario, en el marco de la legalidad establecida, en el mismo Estatuto y en la Constitución, y no fuera de ese marco ni reventándolo. En España cabe todo menos la violencia, pero tampoco cabe aquello que sea inconstitucional y que plantee reformas de la Constitución fuera de las normas establecidas para ello. El ensanchamiento de la legalidad –expresión desafortunada– no puede inducir a nadie a pensar que la Constitución y el Estatuto son de plastilina. La consulta popular y la capacidad de decisión de los vascos no pueden esconder el derecho de autodeterminación.
La voluntad de ETA de desaparecer se verificará precisamente cuando todas estas cosas estén proclamadas por los responsables políticos con toda claridad. La forma más útil de apuntalar y consolidar la esperanza es con más claridad, no con más ambigüedad. Es lo que enseñan los últimos atentados. Sin que nadie piense que la esperanza ha sido quebrada. Clarificar para consolidar la esperanza de la desaparición de ETA.