Feminismo y salud de la mujer

La planificación y el ejercicio de la medicina, como cualquier otra producción cultural, se encuentran influidos por los valores sociales y las prioridades políticas. En entornos como el nuestro, en los que la sanidad pública está fuertemente burocratizada, la presión del pensamiento dominante sobre las decisiones que se toman en las políticas de salud resulta aún más evidente. Podríamos citar muchos ejemplos pero en esta ocasión quiero centrarme en la así llamada salud de la mujer, una subrama de la medicina de nuevo cuño que desde los años 80 y 90 presta atención a los aspectos específicamente femeninos de la salud. En principio, nada que objetar. Sin embargo, un estudio más detallado de la cuestión revela que este movimiento científico-ideológico, alentado entusiásticamente por las propias mujeres llegadas a esferas de decisión, ha tenido consecuencias diametralmente opuestas a las previstas.

Las mujeres están pagando un alto precio en cuatro ámbitos médicos (o medicalizados) de su salud: la prolongación farmacológica de la menstruación, los tratamientos de infertilidad, el cribado del cáncer de mama y la cirugía estética. No dispongo de espacio suficiente para revisar en detalle cada una de estas áreas en las que se supone que la medicina moderna debería haber supuesto un avance inequívoco, pero se puede afirmar que el balance de estas prácticas ha sido más bien pobre cuando no contraproducente.

Bajo títulos tan espectaculares como Women’s Health Initiative o el de Million Women Study, se promovieron estudios sobre tratamientos hormonales para prolongar la menstruación más allá de la menopausia. Al cabo de algunos años se vio que esta estrategia farmacológica se asociaba a un aumento del cáncer (mama, ovario y endometrio) y mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Más tarde hemos sabido que las mujeres tratadas con estrógenos tienen más falsos positivos en las mamografías. David Sackett, promotor principal de las prácticas médicas basadas en evidencias científicas, se ha referido a estas campañas como «arrogancia de la medicina preventiva», a la que habría que añadir la presión de la industria y sus líderes de opinión por una parte y la reivindicación feminista por otra, co-culpables de un desaguisado histórico.

El impresionante retraso de la maternidad relacionado con los valores sociales vigentes (trabajo, promoción, juvenilismo, belleza) ha tenido un impacto negativo sobre la fertilidad, lo que ha disparado los tratamientos de estimulación ovárica y de fertilización in vitro que resultan fisiológicamente agresivos, potencialmente peligrosos, molestos física y psíquicamente, de resultados impredecibles y caros. La maternidad demorada supone, además, mayor riesgo para las mujeres con diabetes o hipertensión y propicia la prematuridad de los recién nacidos, la endometriosis, el aborto espontáneo, las malformaciones fetales y las cesáreas.

Los programas de cribado del cáncer de mama mediante mamografías periódicas, financiados irresponsablemente desde las diferentes consejerías de sanidad, han sobrestimado el número de vidas potencialmente salvadas e infraestimado los costes y los daños colaterales en términos de sobrediagnóstico, cirugía innecesaria, ansiedad y miedo. Según un estudio español reciente, un 20% de mujeres sometidas a cribado a lo largo de diez años tendrá un falso positivo. Mi amigo Andreu Segura dice: «Si la reducción de mortalidad atribuible al cribado fuera del 10%, por cada 10.000 mujeres cribadas tendríamos 40 muertes en diez años, mientras que por cada 10.000 no cribadas habría 44 defunciones. Es decir, para evitar una muerte por cáncer de mama debemos cribar 2.500 mujeres durante diez años. ¿Y qué pasaría con las 2.499 restantes? Pues unas mil experimentarían alguna falsa alarma y entre 5 y 15 serían sobrediagnosticadas e innecesariamente sometidas a tratamiento con los efectos indeseables asociados».

Resulta difícil, por falta de datos fehacientes, hacer balance de los resultados físicos y psíquicos a largo plazo de la cirugía estética a la que se someten anualmente millones de mujeres en nuestra sociedad occidental. En general, se han infravalorado los riesgos que entraña y sus secuelas indeseables que tan a la vista están. Bajo el lema encontrarse bien consigo misma miles de mujeres se han deformado irreversiblemente y han preferido un rejuvenecimiento efímero, y a menudo patético, a la dignidad del envejecimiento natural. En EEUU la liposucción causa más muertes por episodio que los accidentes de coche. En Alemania, se han contabilizado por esta misma intervención 78 complicaciones graves y 23 muertes en un periodo de cinco años.

Les ruego que no me tomen por misógino o irrespetuoso con las legítimas aspiraciones femeninas a una salud plena. Adoro la feminitud y escribo con la intención de mejorar la salud de la mujer amenazada por la militancia feminista y sus amigos interesados. En España, una de cuatro mujeres toma antidepresivos y una de cada tres, tranquilizantes. ¿No creen ustedes que la salud de la mujer debería mirar hacia otro lado?

Por Antonio Sitges-Serra, Catedrático de Cirugía, UAB.

1 comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *