Fidel Castro y la historia

Fidel Castro ha emergido, el día que cumplía 90 años, junto a su hermano Raúl y al venezolano Maduro, en una función de teatro. Hacía cinco meses que había sido visto en la televisión. El régimen cubano, lógicamente, había publicitado el aniversario del hombre que cambió la historia de Cuba y que ha tenido influencia en la de otras partes del globo. Se subraya que el longevo hijo de españoles, que por su enfermedad cedió los trastos a su hermano Raúl hace diez años, ha sobrevivido incluso a múltiples tentativas de asesinato del imperialismo estadounidense. Aunque los servicios de inteligencia cubanos citan la disparatada cifra de 630 intentonas, es cierto que Washington montó varias, sobre todo en la época de Kennedy. Tanto el presidente como su hermano Robert, ministro de Justicia, dieron luz verde a varias operaciones -fallidas- para matar a Castro. Fue Kennedy también el que implantó el embargo de Estados Unidos que, aunque con numerosos agujeros, aún persiste. Obama quiere levantarlo, pero depende del Congreso, en el que la mayoría republicana no está por la labor.

Es Obama, con todo, el que ha iniciado el deshielo. Ha sacado a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, ha restablecido las relaciones diplomáticas y ha visitado la isla. Ha abierto la mano en aspectos que dependen del gobierno: hay más categorías de estadounidenses que pueden visitar la isla (investigadores, profesores, estudiantes, deportistas….) y los cruceros que tocan Cuba se han reanudado. Dentro de poco, habrá vuelos regulares.

Esto no ha impedido que Fidel Castro le meta a Obama un rejón en uno de sus artículos («le faltó altura de miras cuando visitó Japón al no pedir disculpas por lo de Hiroshima») ni que el congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado un mes después de la visita de Obama, calificara aún a Estados Unidos como el enemigo. Castro y los dirigentes cubanos olvidan que el gobierno y el pueblo japonés estaban encantados con la actitud de Obama en la cuestión de Hiroshima cuando estuvo en Japón y que los cubanos de a pie, especialmente los jóvenes, hace tiempo que no ven a Estados Unidos como el enemigo. Suspiran por la posible apertura y quieren que lleguen en masa los estadounidenses; que por cierto, a pesar del aumento espectacular del último año, no representan ni el 10% de los tres millones y medio de turistas que recibe la isla.

El noventa cumpleaños de Fidel Castro vuelve a plantear la cuestión de su legado. Pocos niegan que su régimen extendió la educación y la sanidad a todas las capas de la población. La cuestión es si pasado más de medio siglo de castrismo los cubanos estarían mejor si hubieran vivido con un régimen democrático y de economía de mercado. Los defensores de Castro suelen alegar que el cubano medio está mejor que los de este o aquel país iberoamericano. Son, sin embargo, selectivos a la hora de hacer comparaciones. Cuba, antes del castrismo, a pesar de sus desigualdades, contaba con mucho personal formado, un alto índice de alfabetización, etc. La cuestión no es comparar a Cuba con los países menos desarrollados de su hemisferio, sino preguntar a los habitantes de Chile, Uruguay, Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, etc., si les gustaría vivir en un régimen como el que tienen o en uno similar al cubano. Se inclinarían por lo primero.

El momento en Cuba es delicado. La apertura de Raúl Castro ha sido escasa, lenta y reticente. La ayuda de Chávez ha contribuido a paliar las carencias de la isla. Ahora, con la crisis venezolana, ese balón de oxígeno -petróleo por ayuda médica- llega con menos fluidez. Maduro enviaba a Cuba unos 100.000 barriles de petróleo diarios, de los que, como en la época de la asistencia de Moscú, el gobierno cubano vendía una parte importante para obtener divisas. Ahora, el envío de petróleo se reduce a la mitad. Lógico, porque Venezuela ha tenido una caída del 8% en su PIB. Los cubanos, con un crecimiento del 1%, si es que se alcanza, comienzan a tener pesadillas. Temen que vuelva lo que eufemísticamente se conoció con el nombre de ‘período especial’, es decir, la época del corte de la ayuda soviética, cuando llegaron la penuria, las estrecheces, los apagones… Las posibilidades de que aparezca otra nodriza que sustituya a Maduro son escasas.

El gobierno cubano es reacio a hacer reformas. Y Raúl Castro va a cumplir 86 años. No parece que se vaya a convertir al Estado de derecho y al libre mercado. Los inversores, necesarios, no van a aterrizar en tropel. Fidel Castro dijo que la historia le juzgará. La nueva generación de cubanos tendrá la palabra.

Inocencio Arias, dimplomático.

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