Fidel Pagés y el centenario de la anestesia epidural

En 1921 un conjunto de importantes sucesos tuvieron lugar en España: el asesinato del presidente de gobierno Don Eduardo Dato, la fundación del partido Comunista, la creación del seguro obrero obligatorio para los trabajadores, la muerte de Doña Emilia Pardo Bazán o la publicación por Ortega y Gasset de la España invertebrada. Y todos ellos serán, en mayor o menor medida, objeto de recuerdo en las páginas de los periódicos, en las pantallas de la televisión y en actos y jornadas conmemorativos. Sin embargo, La España de 1921 fue también testigo de un hecho crucial para la historia de la medicina y por tanto para la historia de la humanidad en su continua lucha contra el dolor, la enfermedad y la muerte. Se trata de la publicación, el mes de marzo de ese año, del artículo en el que el médico militar Fidel Pagés Miravé comunica, en la Revista Española de Cirugía, el descubrimiento de la anestesia epidural. La relevancia del descubrimiento es de tal magnitud que dicha modalidad de anestesia y de analgesia es, en estos momentos, una de las más aplicadas en el mundo.

En el artículo, Fidel Pagés describe su aportación de forma muy pormenorizada y explica el fundamento y los efectos de la que él llama anestesia metamérica. En el mismo artículo Pagés establece también, de igual modo, las diferentes indicaciones contraindicaciones y complicaciones de la técnica. Cien años más tarde la descripción de 1921 sigue manteniendo su vigencia.

¿Qué hizo posible el trascendental descubrimiento de Fidel Pagés? ¿Fue acaso una ocurrencia que se saldó con éxito? ¿Descubrió por serendipia algo nuevo cuando iba buscando otra cosa? o ¿fue por el contrario fruto de una ardua labor planificada? Algunos han querido ver en la obra de Pagés una investigación menor infravalorando el proceso creativo y empírico que su aportación sin duda conlleva. A mi juicio son, sin embargo, tres las circunstancias que al concurrir y concatenarse en la biografía de Fidel Pagés contribuyeron de forma decisiva a su relevante descubrimiento: el contexto regeneracionista que impregnó su educación; el interés científico y humano que mostró por las heridas de guerra y su disposición, siempre proactiva, a reparar y paliar sus muchos efectos.

Fidel Pagés nace en Huesca en 1886. Entre 1896 y 1901 estudia el bachillerato en el Instituto Provincial de Huesca y posteriormente entre 1901 y 1908 la licenciatura de medicina, que culmina con premio extraordinario, en la Facultad de Medicina de Zaragoza. Entre 1908 y 1909 cursa finalmente el doctorado en la Universidad Central de Madrid. Durante sus años en Zaragoza estudia primero francés y posteriormente alemán, idioma este último en el que alcanza un alto nivel de competencia. Es imposible, con estos datos y en este periodo de tiempo, no situar la biografía, escolar y universitaria, del joven Pagés en el contexto del 98, del regeneracionismo impulsado por Costa -aragonés como Pagés- y de todo lo que supuso para la juventud estudiosa de la época la voluntad de europeización y de reconstrucción social al servicio de una nueva España. Jóvenes coetáneos de la generación de Pagés son Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset o Gonzalo Rodríguez Lafora, que representan excelentes ejemplos de la influencia que tuvo, en sus respectivas obras, el contexto regeneracionista antes citado. Fidel Pagés va a materializar además su vocación al servicio a España ejerciendo como cirujano militar, en ocasiones con carácter voluntario, en algunas de las más importantes contiendas que España mantuvo en el norte de África a comienzos del siglo XX.

Es, precisamente, en este contexto bélico en el que Fidel Pagés comienza a tomar conciencia del dolor y del sufrimiento, que sin remedios satisfactorios, generan las heridas que padecen los soldados españoles en su difícil lucha contra las cabilas rifeñas. A principios de agosto de 1909 Pagés es destinado a Melilla y comienza a atender a sus primeros heridos de guerra, muchos de ellos procedentes del Desastre del Barranco del Lobo, la emboscada que, apenas unos días antes, ha causado 153 muertos y 599 heridos. De su experiencia en esta su primera etapa melillense redactará con posterioridad un informe sobre el tratamiento de las fracturas por armas de fuego que recibió una mención honorifica por parte de las autoridades militares. Su reflexión sobre el sufrimiento generado por las heridas en los combatientes y la necesidad de paliarlo en la medida de lo posible se refuerza cuando, por sus conocimientos de alemán y su experiencia quirúrgica, es destinado a Viena en 1917 como Delegado de España para inspeccionar los campamentos de prisioneros de guerra instalados en dicha ciudad. Además de cumplir con dicha misión Fidel Pagés desarrolla en Viena una intensa labor como cirujano interviniendo a numerosos heridos de guerra procedentes de la terrible contienda europea nacida en 1914.

A su regreso la reflexión y el interés por los heridos de guerra se transforma en acción y, una tras otra, se van sucediendo publicaciones en revistas científicas en las que Fidel Pagés va poniendo de relieve su experiencia y, lo que es más importante, su interés por encontrar la modalidad anestésica y analgésica más eficaz para eliminar el dolor y facilitar en el herido de guerra intervenciones quirúrgicas, sobre todo abdominales, hasta entonces irrealizables. En este sentido y antes de 1921, año en el que comunica su crucial descubrimiento, publica hasta seis artículos científicos sobre instrumentos y modalidades anestésicas así como numerosas reseñas sobre artículos publicados por otros autores relacionados con el mismo tema.

El descubrimiento de Pagés no fue, por tanto, una ocurrencia ni fue tampoco el fruto de la serendipia o de la casualidad. Si, como escribió Ortega, la vida de un ser humano ha de interpretarse en relación con la respuesta que da a “su tener que ser”, el logro científico de Fidel Pagés ha de situarse en el contexto del regeneracionismo, la cirugía de las heridas y la lucha por paliar sus efectos, con las que Fidel Pagés, como cirujano y hombre de acción, configuró y proyectó su “tener que ser” en la vida

A coherencias de vida como la de Fidel Pagés debemos, como ha ocurrido tantas veces en la ciencia, algunos de los descubrimientos y aportaciones más importantes de la medicina. Bueno es recordarlo y ponerlo en valor en nuestra sociedad cien años después de su trascendental descubrimiento.

Antonio Campos es académico de Número y vicepresidente de la Real Academia Nacional de Medicina de España.

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