Fijando las condiciones para el desastre

Por Caroline Glick, periodista por la Universidad de Columbia y editora jefe en funciones de The Jerusalem Post (GEES, 15/09/06):

Recientemente, el director del Shin Bet Yuval Diskin advertía de las crecientes amenazas para la seguridad de Israel que emanan de la Franja de Gaza y el norte de Samaria como consecuencia de la última guerra. Si no se toman las medidas oportunas para detener el masivo contrabando de armamento avanzado a Gaza, advertía, acabará en un segundo sur del Líbano.

En el propio sur del Líbano, Hezbolá está creando el espejismo de cooperar con el ejército libanés con el fin de atontarnos mientras reconstruye silenciosamente sus fuerzas en anticipación a una orden iraní de renovar la guerra contra Israel. Las declaraciones del hampón de Hezbolá Hassán Nasralah la semana pasada de que esta organización no tiene intención de iniciar una segunda ronda y de que no tenía idea de que Israel respondería de manera tan masiva a su secuestro de Ehud Goldwasser y Eldad Regev el 12 de julio iban encaminadas a calmar a los libaneses y confundir a Israel. En lo que respecta a Israel al menos, su objetivo fue logrado. Los medios israelíes y el Primer Ministro Ehud Olmert reprodujeron las declaraciones de Nasralah como “prueba” de que Israel había ganado la guerra.

Mientras tanto, la República Ayatolá avanza velozmente hacia la adquisición de la capacidad nuclear. Las reacciones internacionales conciliatorias al anuncio del Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad del jueves de que Irán rechazaba el requisito del Consejo de Seguridad de la ONU de poner fin a todo el enriquecimiento de uranio precedían a las insolentes declaraciones de Ahmadinejad. El miércoles, el jefe de política exterior de la UE Javier Solana estaba ocupado intentando renovar las conversaciones con Irán.

Mientras tanto, la ONU no se está comportando como un policía internacional, sino como el abogado defensor de Irán. Durante su visita a Israel el miércoles, el Secretario General de la ONU Kofi Annán sonaba como un líder árabe con sus condenas tajantes y sin contemplaciones a Israel por todos y cada uno de los actos de autodefensa que ha llevado a cabo en Gaza y el Líbano por una parte, y su tolerancia aparentemente sin fin hacia las amenazas iraníes de genocidio nuclear contra Israel por otra.

Durante su conferencia de prensa con Olmert, Annán aventuró que desde su perspectiva, el problema con las amenazas de Irán de aniquilar a Israel no es que sean moralmente inexcusables o ilegales. En lugar de eso, las amenazas de Irán están mal simplemente porque Israel es miembro de la ONU. Ignorando de manera surrealista tanto los esfuerzos de Irán por adquirir armamento nuclear como su control sobre la última guerra en el Líbano y Gaza, Annán afirmaba barrocamente “uno no puede borrar a Israel del mapa con declaraciones”.

Hoy, ocultado al público israelí, el gobierno Olmert-Livni-Peretz está empujando a Israel por un curso que si no es abandonado rápidamente, condicionará nuestro derecho de autodefensa – y nuestra independencia por extensión. La proliferación de amenazas a la seguridad está siendo exacerbada por la catálisis gubernamental de la apuesta diplomática ONU-UE por privar a Israel del derecho a defenderse de Hezbolá, los palestinos e Irán.
El actual peligro se basa en el texto de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, que fija las directrices para el alto el fuego en el Líbano. La decisión constituye una victoria diplomática sin precedentes para Hezbolá, al colocar a la milicia subnacional, ilegal y jihadista a igual altura que Israel.

Además, la resolución 1701 fija los términos para el refuerzo de las fuerzas de UNIFIL de un modo que permite a Hezbolá continuar armando sus fuerzas en el sur del Líbano, al tiempo que prohíbe a Israel ejercer su derecho de autodefensa contra la creciente amenaza.

La resolución 1701 restringe la libertad de acciones de Israel en tres modos adicionales. En primer lugar, la resolución nombra al defensor de Ahmadinejad, Kofi Annán, como árbitro del cumplimiento de las partes. Annán revelaba hace dos semanas cómo utilizará su autoridad condenando el ataque del ejército en Baalbek al tiempo que empezaban sus llamamientos a Israel a levantar el bloqueo aéreo y marítimo al Líbano y permitir así a Hezbolá que se rearme, no sólo por tierra sino también por mar y aire.

En segundo lugar, aunque Olmert y Livni defendieron sonoramente las fuerzas europeas desplegadas en el Líbano como logro diplomático importante, el hecho es que la decisión de dar poder a la UE para dominar UNIFIL es desastrosa para Israel. Al tiempo que manifiestan verbalmente “su amor” a Israel, los europeos no se preocupan por esconder el hecho de que su decisión de encabezar UNIFIL está motivada por sus intenciones de evitar que Israel se defienda.

El Ministro de Exteriores comunista de Italia, Massimo D’Alema, manifestaba esta idea claramente en su entrevista el pasado viernes con Ha’aretz. Allí explicaba que el objetivo de la UE en el Líbano es “demostrar a Israel que puede garantizar su seguridad mejor a través de la política de la paz que a través de la guerra”.

D’Alema insultaba a continuación a Estados Unidos añadiendo, “la política americana, que Israel también apoya, crea una situación imposible… La idea era que es posible controlar el mundo a través del poder de una potencia liberal hegemónica. Esta filosofía ha creado un daño serio, y ahora Estados Unidos busca un camino de salida lógico”.

De modo que al desplegar tropas en UNIFIL, los europeos nos demostrarán que el único camino para enfrentar a enemigos que quieren destruirnos es a través del apaciguamiento y de más apaciguamiento.

Ni los europeos ni Annán esconden tampoco el hecho de que planean utilizar su despliegue en el Líbano como plataforma para lograr mayor influencia sobre Israel en su trato con los palestinos. En esta línea, D’Alema afirmaba, “Yo creo que si las cosas van bien en el Líbano, se podría comenzar un proceso similar en la Franja de Gaza: la liberación del [rehén israelí Gilad] Shalit, un gobierno de unidad palestino que cumpla los criterios fijados por la comunidad internacional, y la presencia de una fuerza de la ONU a impulsar un gobierno palestino”.

Aquí la UE une fuerzas abiertamente con los legisladores israelíes de extrema izquierda encabezados por el líder de Meretz Yossi Beilín, que durante los dos últimos años ha impulsado en silencio la idea de internacionalizar el conflicto. Después de que tanto las negociaciones de Israel como su rendición unilateral de la tierra a los palestinos llevasen a la guerra, la idea ahora es que los palestinos van aceptar a Israel después de que la ONU prive al estado judío de su capacidad de defenderse.

Si lo de arriba no es suficiente para convencerlos de que la fuerza expandida de UNIFIL, cuya llegada es esperada con tanta impaciencia por Olmert-Livni-Peretz, no es buena para Israel, también está el elemento islámico de la fuerza propuesta. Tanto Annán como los europeos insisten en que una fuerza de hasta 7000 soldados procedentes de países musulmanes se incluya en la fuerza de UNIFIL. Está programado que estos soldados procedan de Bangladesh, Indonesia, Malasia y Turquía. A todos estos países se alude como “países musulmanes moderados”. Esta afirmación merece un examen exhaustivo.

El partido islamista Jamaat-e-Islami es miembro de la coalición gubernamental de Bangladesh. Sus activistas estudiantiles enviaban recientemente amenazas de muerte a dos destacados intelectuales por enseñar a los jóvenes del país los valores del secularismo, la democracia y las ciencias.

Además, en noviembre del 2003, el periodista bengalí Salah Uddin Shoaib Choudhury era detenido mientras esperaba para subir a un vuelo a Tel Aviv con escala en Bangkok. Choudhury, que se esperaba que asistiera a una conferencia en Israel acerca de cómo pueden promover la paz los medios, era acusado de sedición y espionaje para Israel. Fue torturado repetidamente a lo largo de su encarcelamiento durante 17 meses. Bangladesh planea enviar 2000 soldados al Líbano.

Después está Indonesia, el mayor estado musulmán. Como castigo por incitar a los atentados terroristas de Bali en el 2002, que costaron la vida a 202 personas, la judicatura de Indonesia, no particularmente independiente, condenaba al líder de la Jemaah Islamiyah Abú Bakar Bashir a 30 meses de prisión, los cinco últimos de los cuales eran conmutados en junio.

En mayo, Ahmadinejad era recibido por tumultos enfervorizados durante su visita a Yakarta. En una entrevista con el The Wall Street Journal el martes, el Ministro de Defensa de Indonesia Juwono Sudarsono decía creer que el mejor modo de asegurar el sur del Líbano era que Hezbolá “sea absorbido” en el ejército libanés.

Mientras resonaba la guerra en el Líbano, el gobierno malayo pedía a todas las naciones del mundo que suspendieran sus relaciones con Israel. Esta semana, altos funcionarios malayos afirmaban que no había justificación para la oposición de Occidente al programa nuclear de Irán.
De todos los países musulmanes que planean contribuir con fuerzas a UNIFIL, Turquía es el único que tiene relaciones diplomáticas con Israel. Como resultado, hasta la fecha, sus fuerzas son las únicas que el gobierno Olmert-Livni-Peretz está dispuesto a ver desplegadas en el Líbano. Hace dos semanas, durante una visita con el Ministro de Exteriores turco Abdaláh Gul, Olmert decía, “Turquía juega un importante papel en Oriente Medio y continuará jugándolo”. Añadía, “Israel tiene confianza en Turquía”.

Mientras que hasta la formación de gobierno islamista del partido AKP en el 2002 tenía sentido que los primeros ministros israelíes dijeran cosas así, esas declaraciones hoy están injustificadas. A lo largo de los cuatro últimos años, Turquía ha sido transformada de baluarte norteamericano y aliado israelí en uno de los estados más abiertamente antiamericanos y antisemitas del mundo. Según el mismo rasero, Turquía se ha empleado a fondo por recuperar sus relaciones con el mundo árabe y con Irán.

Durante la guerra, la Inteligencia militar del ejército descubrió que Irán estaba enviando armas a Hezbolá a través de Turquía. Tras la victoria electoral de Hamas en enero, el Primer Ministro turco Recip Erdogán fue el primer líder internacional en recibir a los líderes terroristas de Hamas en visita oficial. Durante la guerra, Erdogán anunciaba el apoyo de Turquía a Hezbolá, diciendo que “nadie debería esperar que seamos neutrales o imparciales”.
De todo esto es obvio que la participación de ejércitos musulmanes en la fuerza de UNIFIL – incluso si proceden únicamente de Turquía – podría conducir con facilidad a una situación en la que el propio ejército se encuentra combatiendo contra fuerzas de la ONU. Alternativamente, como proyectan la ONU y la UE, instado por “la comunidad internacional”, el gobierno Olmert-Livni-Peretz puede ceder simplemente el derecho de autodefensa de Israel a pesar de las crecientes amenazas procedentes de los palestinos, Hezbolá e Irán.

En cuanto a América, la administración Bush, al igual que el gobierno Olmert-Livni-Peretz, muestra de manera preocupante signos claros de colapso político. En una maniobra casi inexplicable, el Departamento de Estado extendía un visado al expresidente iraní Mohammed Jatami. De manera obscena, el exlíder de y punta de lanza de los ayatolás de la supremacía islámica ha sido invitado a hablar en la National Cathedral de Washington.

Como hizo al comienzo de la guerra en el Líbano, el gobierno Olmert-Livni-Peretz fija las condiciones apropiadas para gestionar el alto el fuego. Pero al igual que hizo durante la guerra, ha procedido a tomar todas las medidas posibles para asegurarse de que estos objetivos no son alcanzados.

Ahora, la troika espera que a través de UNIFIL, Israel se meta en una coalición contra Hezbolá al tiempo que facilita realmente la formación de una coalición que protegerá a Hezbolá contra Israel. Han fracasado a la hora de reconocer que para garantizar su seguridad nacional, Israel no necesita negociar, necesita actuar. El único motivo por el que la UE y la ONU se sienten confortables dando órdenes a Israel es que saben que el gobierno Olmert-Livni-Peretz les obedece.

Las cosas no tienen que ser de esta manera. Ningún país del mundo deja que extranjeros dicten sus políticas en materia de seguridad nacional. Israel no tiene que ser el primero en hacerlo.