Financiando la revolución educativa de África

A mediados de julio, el ex presidente norteamericano Barack Obama utilizó un discurso en Sudáfrica para implorar al mundo que invirtiera en la educación de los jóvenes de África. Un mes después, la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, hizo un pedido similar, prediciendo que “los jóvenes de África podrían enriquecer no sólo a este continente sino a la economía y a la sociedad mundial en general”.

Declaraciones como éstas subrayan algo que los africanos saben desde hace mucho tiempo: el futuro del continente estará determinado por el destino de sus jóvenes. El interrogante ahora es si estas declaraciones ayudarán a impulsar la revolución educativa que África tanto necesita.

Para decirlo en términos sencillos, si a los niños de África se les brinda educación, se los prepara para el mercado laboral moderno y se los equipa con las capacidades necesarias para ser emprendedores exitosos, florecerán y África prosperará. Pero si nuestros niños siguen rezagados respecto de sus pares en los países en desarrollo, el progreso económico será más lento, dificultoso, o inclusive sufrirá un retroceso. Para garantizar lo primero y evitar lo segundo, África debe invertir más en educación.

Para triunfar en la economía del siglo XXI, los jóvenes tendrán que resolver problemas, pensar de manera crítica y perseverar frente al desafío y al fracaso. Hoy en día, sin embargo, son muy pocos los estudiantes africanos que están aprendiendo estas capacidades. Esta necesidad urgente nos inspiró a mi mujer y a mí a crear la Fundación Higherlife, que ofrece educación y becas a algunas de las poblaciones más vulnerables de África.

Pero la filantropía por sí sola no puede resolver los desafíos educativos de África. Si las tendencias actuales continúan, en 2050 vivirán en África mil millones de jóvenes, de los cuales un tercio nunca alcanzará una competencia básica en lectura, escritura o matemáticas. Cerrar la brecha educativa de África llevará tiempo. También demandará más dinero del que pueden ofrecer los donantes.

Es por eso que uno de los mayores obstáculos para mejorar la educación en los países en desarrollo es el financiamiento. Hoy, sólo el 10% de la asistencia para el desarrollo oficial de los países de la OCDE se asigna a la reforma educativa en el Sur Global. Pero aún si se cumplieran los objetivos de financiación más optimistas, seguiríamos sin tener el capital suficiente para garantizar que todos los niños vayan a la escuela y aprendan. Para lograr este objetivo ambicioso, debemos repensar por completo la manera en que solventamos las reformas educativas.

En los últimos años, me he desempeñado como comisionado en la Comisión Internacional sobre la Financiación de Oportunidades de Educación en el Mundo (la Comisión de Educación). Este grupo global de líderes del gobierno, de empresas, del ámbito académico y de la sociedad civil fue creado para evaluar nuevos mecanismos de financiamiento que pudieran apalancar los compromisos existentes y motivar a los países a aumentar su propio gasto en educación. Y ahora, después de una investigación y un análisis exhaustivos, hemos llegado a una solución: el Mecanismo de Financiamiento Internacional para la Educación (IFFEd por su sigla en inglés).

En 2020, el Mecanismo destrabará unos 10.000 millones de dólares en préstamos y becas para ayudar a los países a fortalecer sus sistemas educativos. Esto se logrará aplicando innovaciones en las finanzas globales para ayudar a multiplicar el financiamiento de los donantes de manera que el dinero recaudado siga creciendo, cree términos asequibles para el financiamiento del capital humano e incentive la participación del gobierno. Con ese objetivo, el IFFEd favorecerá a los países que estén comprometidos con la implementación de reformas y con el monitoreo de los resultados.

Es más, al colaborar con países que están aumentando sus propias inversiones en educación, el Mecanismo también contribuirá a cumplir con los objetivos de educación universal. Por ejemplo, la primera ronda de asignaciones del IFFEd financiará unos 200 millones de nuevas instalaciones educativas para niños y jóvenes; luego podrían venir muchos millones más.

Estos no son objetivos imposibles; el IFFEd ya cuenta con el respaldo del Banco Mundial, del G20, de bancos de desarrollo regionales (como el Banco Africano de Desarrollo y el Banco Asiático de Desarrollo) y de las Naciones Unidas. El mes pasado, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, líderes de Bangladesh, Canadá, Costa de Marfil, Dinamarca, Malawi, los Países Bajos, Noruega, Pakistán, los Emiratos Árabes Unidos y el Reino Unido respaldaron fuertemente la creación del Mecanismo.

Coincido con Obama en que el talento existe en todas partes del mundo. Es hora de darle al talento joven de África la oportunidad de florecer.

Strive Masiyiwa is a Zimbabwean businessman, entrepreneur, philanthropist, and member of the Education Commission.

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