Fraga ‘forever’

Por José Luis Gómez, periodista (EL PERIODICO, 01/09/04):

Manuel Fraga, exministro de Franco, ha decidido acudir a un quinto mandato para un récord presidencial de 20 años en la Xunta. La medida tiene dos componentes: uno político, para garantizar la cohesión de un Partido Popular (PP) abocado a divisiones y profundas renovaciones en cuanto él no esté, y otro personal, quizá menos importante en términos políticos, pero más decisivo: don Manuel, viudo y sin mucha relación con sus hijos, que entre ellos tampoco se llevan demasiado bien, vive prácticamente aislado en la Xunta y es consciente de que, a su edad y sin todo lo que le rodea, lo pasaría realmente mal. Dicho en otras palabras: Fraga, marcado por 50 años en coche oficial, no gasta el único billete que lleva en la cartera.

Desde el punto de vista de su independencia, el PP de Galicia no llega a ser el Partit dels Socialistes de Catalunya con respecto al PSOE, pero tampoco anda muy lejos. Fraga, antaño españolista y ahora galleguista, también ha cultivado esta ambigüedad calculada, con lo cual consiguió dos objetivos: mantener a Madrid a raya y frenar el crecimiento del Bloque Nacionalista Galego (BNG), con quien compite en lo que todos llaman “la defensa de los intereses de Galicia”.

Todo cambió cuando José María Aznar le impuso a Fraga la salida de José Cuiña, a raíz de la crisis del Prestige. Cuiña hacía y deshacía a su antojo, se creía el delfín y era para Fraga una especie de perro guardián cada vez que “los de Madrid” pisaban Galicia. Sabía como morderle a los elegantes chicos de Aznar que, al asomarse al PP de Galicia, divisaban un ambiente rural y caciquil. Después de Cuiña, Fraga supo tender puentes con Génova, tarea en la que le ayudó de manera decisiva Xesús Palmou, quien sin renunciar al galleguismo de Cuiña intentó modernizar el partido, del que es secretario general, lo cual le costó peleas a cara descubierta con los caciques de Orense y de Lugo.

MARIANO Rajoy, aun siendo amigo de Palmou, nunca supo cortar por lo sano. Como dicen en ciertos ambientes de su partido, fue un ojalatero –“Ojalá que Fraga se vaya”, “ojalá que el partido se renueve”, “ojalá que el PP de Galicia no sea tan caciquil”–, pero sin mover un solo dedo. Por eso, Rajoy controla el PP de Galicia pero no el PP en Galicia, donde perviven líderes provinciales que actúan como señores feudales. Y quizá por eso mismo incluso perdió las elecciones en su ciudad, Pontevedra, donde tampoco nadie se acordó de echarle una mano.

La decisión también afecta a la oposición gallega, formada por PSOE y BNG, fuertes en las grandes ciudades. En el PSOE afloran dos posturas: la que puede interesar en el Gobierno de Madrid y la que más agrada a unas bases que, al fin, ven posibilidades de que la democracia acabe políticamente con un heredero del franquismo. Puede parecer contradictorio pero no lo es tanto. Felipe González le dio oxígeno a Fraga, que obtuvo su primera mayoría sin que el entonces presidente pisara Galicia en ayuda de Fernando González Laxe, que perdió la presidencia por un puñado de votos.

El PSOE se quedó sin la Xunta pero a cambio, al alimentar a Fraga, frenó la renovación en el PP, que no llegó al poder hasta 1996. Ahora puede caer en la misma tentación y dejar en caída libre a Emilio Pérez Touriño, a quien desde Madrid no le están ayudando nada con las restricciones presupuestarias que, fruto de otros pactos, quieren aplicarle al Plan Galicia. De ahí el último enfrentamiento abierto de la ministra Magdalena Álvarez con Francisco Vázquez, alcalde de A Coruña, el líder con más peso en el PSOE gallego, y buen amigo de Fraga. En una España abocada a la reforma institucional, el presidente gallego puede serle útil al Gobierno del PSOE, ya que avala las reformas, mientras que el PP se niega a reconocer los derechos nacionales de Catalunya, Euskadi y Galicia. Y esa contradicción del PP siempre favorecerá a José Luis Rodríguez Zapatero.

Al BNG le viene todo de perlas. Fraga suscita mucho rechazo en sus bases y eso contribuirá a reforzar su debilitada unidad interna, producto de luchas ideológicas entre comunistas (UPG) y renovadores (socialdemócratas y socialistas), personificadas en Francisco Rodríguez y Xosé Manuel Beiras, quien tuvo que dar paso a Anxo Quintana como nuevo líder de este frente de partidos nacionalistas, donde a su vez son mayoría los militantes independientes, como el propio Quintana.

DE ESTE modo, Fraga acudirá de nuevo a las urnas en el 2005, coincidiendo con el 30 aniversario de la muerte de Franco. Tendrá entonces 82 años y pase lo que pase, todos ganarán. Rajoy ganará si gana Fraga, pero si éste pierde no será cosa suya. Si pierden, Touriño y Quintana dirán que, claro, Fraga es aún mucho Fraga y un valor añadido para el PP, al que ya derrotarán en las siguientes, y si ganan, lo celebrarán gobernando. Y todos contentos. Dicen que la alta política es así y cualquiera les lleva la contraria. Como para hablar en estos casos de nuevas estrategias económicas, la reforma del Estatuto, las colas de la sanidad, los servicios sociales o la normalización del gallego. Eso, dicen, son sólo políticas sectoriales.