Fratricidio y turbulencias

Por Samuel Hadas, analista diplomático. Fue el primer embajador de Israel en España y ante la Santa Sede (LA VANGUARDIA, 09/01/07):

El inicio del 2007 no trajo buena nueva alguna ni a israelíes ni a palestinos. Por el contrario, un notorio empeoramiento de la situación nada bueno presagia y el panorama se presenta cada vez más desconsolador.

La espiral de violencia que aqueja a los palestinos no sólo no cesa, sino que se agrava: guerra civil es ya una descripción apta para lo que está sucediendo en la franja de Gaza. El enfrentamiento entre el Gobierno Hamas y el presidente Mahmud Abas se ha radicalizado como resultado de la convocatoria por parte del presidente de elecciones anticipadas, ante el fracaso de las negociaciones para un Gobierno de unidad nacional, resultado de la negativa de Hamas de renunciar al terrorismo y reconocer a Israel y los acuerdos firmados con este país. Esta convocatoria es para Hamas nada más ni nada menos que un golpe de Estado.

Abas no ha logrado establecer en Gaza una base de poder efectivo, mientras que Hamas ha dedicado sus mejores esfuerzos, con la ayuda económica y armas proporcionadas por Irán y Siria, a reforzar sus milicias armadas y la fuerza auxiliar creada por el ministro del Interior de Hamas, supuestamente para cuidar el orden en Gaza, paralelamente a las fuerzas de seguridad controladas por el presidente Abas. Abas acaba de declarar ilegal dicha fuerza (integrada, entre otros, por terroristas de los batallones Azedin al Kasem). Hamas, en lugar de acatar la decisión de su presidente, anunció que duplicará sus filas, lo que sólo asegura un agravamiento del enfrentamiento.

¿Podrán los palestinos impedir que siga el proceso de autodestrucción? ¿Podrán superarse las divergencias entre Al Fatah y Hamas? Difícilmente. El liderazgo de Hamas está dividido entre los que sólo consienten con una tregua prolongada con Israel, por un lado, y los que consideran que debe continuarse la lucha armada,aceptando treguas tácticas de corto término y el establecimiento de un Estado palestino transitorio en Cisjordania y Gaza, sin reconocer al Estado de Israel, por el otro. Ambos rechazan cualquier acuerdo que signifique la paz con el enemigo sionista.Además, Hamas no tiene intención alguna de renunciar a la islamización de Palestina.

Abas necesita logros políticos de peso para reforzar su posición en la opinión pública palestina, pero difícilmente logre conseguirlo mientras no avance el proceso negociador con Israel. Anticipando un inevitable agravamiento de la situación que bien podría definir la situación en una u otra dirección, el presidente intenta reforzar su posición nombrando al carismático y controvertido Mohamed Dahlan, uno de los hombres fuertes de Al Fatah, anterior jefe de la seguridad preventiva palestina en Gaza, como comandante en jefe de todos los aparatos de seguridad palestinos. Unificar los servicios de seguridad es, en las circunstancias actuales, una misión imposible. Por otra parte, recordemos, los veteranos dirigentes de Al Fatah rehúsan a dar participación efectiva en el liderazgo del partido a la joven generación, intensificándose la brecha entre ellos. En estas circunstancias difícilmente Al Fatah pueda ganar a Hamas la batalla por el poder.

¿Y en Israel? Somos testigos de una turbulencia de enormes proporciones. Ha transcurrido un año desde que el anterior primer ministro, Ariel Sharon, se sumergió en el estado de coma que lo apartó definitivamente de la política y los israelíes siguen preguntándose si las cosas no habrían sido diferentes bajo su liderazgo. El

Gobierno de Ehud Olmert sigue siendo cuestionado por una opinión pública crítica ante el fiasco de la guerra con Hizbulah, pese a haber logrado integrar una coalición amplia y pese a la boyante situación económica del país (un crecimiento del 5% del PNB, el superávit de la balanza comercial y de la balanza de pagos, por vez primera en la historia del país, así inversiones extranjeras récord de más de 20 millones de dólares en el 2006). Más del 70% de los israelíes desaprueba su gestión y su crédito se va agotando. La turbulencia política amenaza con devorar también al ministro de Defensa y líder del partido laborista, Amir Peretz, que con un grado de desaprobación del 80% deja atrás a Olmert. No es arriesgado pronosticar que las próximas elecciones internas del laborismo acabarán con su liderazgo.

En esta confusa situación, el Gobierno israelí debe enfrentar desafíos como el proceso negociador con los palestinos; las relaciones con Siria; la amenaza estratégica del fanático régimen teocrático de Irán, empeñado en su carrera armamentista nuclear mientras no oculta su exaltado y disparatado antagonismo; la amenaza representada por Hizbulah, que de un momento a otro podría reanudar sus provocaciones si sus patrones en Teherán y Damasco así lo requieren. El Gobierno de Israel no oculta su aspiración de colapsar al Gobierno Hamas. Pero lo que Israel necesita hoy en Gaza es calma y estabilidad y un régimen con el que pueda establecer negociaciones creativas para llegar a un acuerdo, lo que por supuesto exigirá concesiones dramáticas. Ello será posible si acepta hacer una distinción entre el Gobierno de Hamas y la institución presidencial encabezada por Abas, con quien deberá conducir las negociaciones. Queda por ver si los palestinos están preparados para ello.

¿Hay motivo de esperanza? Quizás contribuya en algo la posible reaparición en la escena de una diplomacia internacional más activa, como resultado del cambio de guardia en el Congreso de Estados Unidos y el informe Baker-Hamilton, que logre modificar la política plagada de desaciertos de la Administración de George W. Bush. Por el momento, las dudas aventajan a las esperanzas.