¿Fraude? Las acusaciones de Trump son infundadas, dicen los estados

Si vamos a considerar las acusaciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que la elección de 2020 es un fraude, deberíamos empezar por el contexto de que Trump ha venido haciendo acusaciones similares durante cinco años, y de que ha pasado los últimos meses mandando señales de su intención de declarar que si pierde, la elección fue una estafa. Trump ha gritado en repetidas ocasiones que ahí viene el lobo. Pero también lleva meses diciendo que iba a gritar que ahí venía el lobo. Y ahora está diciendo que hay un lobo.

La lógica de hacer esto es obvia: se ha vuelto cada vez más claro que Trump perdió la elección. Y perdió por más o menos el mismo margen de votos del Colegio Electoral que le dio la victoria hace cuatro años, pero con una pérdida mucho mayor del voto popular. Si su meta era quedarse en la Casa Blanca a cualquier costo, tenía que hacer algo para socavar los resultados. Así que esta es su maniobra, tal como lo había anunciado.

Como era de esperarse, sus aliados y facilitadores se están alineando para apoyarlo. Pero, en lugar de demostrar el fraude, simplemente están diciendo que lo hubo y usan esas acusaciones como argumentos. Al exembajador Ric Grenell, por ejemplo, le preguntaron el jueves en el canal MSNBC qué evidencias tiene para respaldar sus acusaciones de fraude en Nevada. Él insistió en que los reporteros deberían preguntarle eso a los oficiales de Nevada, como si nada más porque él dice algo los medios de comunicación debieran considerar sus declaraciones como creíbles de manera tácita. Así no funcionan las cosas. Si yo digo que tú eres un extraterrestre, no basta con que le exija a cualquier escéptico que vaya y te moleste para que le des explicaciones. Por otro lado, Míchigan ya declaró a Biden ganador en el estado.

En todo caso, los oficiales en Nevada y en otros lados ya han dado sus respuestas y son uniformes: no hay evidencia de que exista fraude a ningún nivel significativo, si es que lo hubo.

El procurador general de Nevada, Aaron Ford, dijo en una entrevista el jueves que rechaza la idea de que la elección fue fraudulenta.

“Necesitamos confiar en el proceso y completarlo”, dijo sobre la elección. “Tengan por seguro, de nuevo, que contamos con un equipo de gente que sabe cómo llevar a cabo una elección justa, segura y confiable, y que el fraude electoral es una ocurrencia mínima”.

Como en otros estados, en Nevada hay observadores electorales de ambos partidos en el sitio donde se escrutan los votos.

En Georgia, un vocero del secretario de Estado, Ben Raffensperger, desechó de manera similar la idea de que haya habido fraude.

“Estos son los 159 directores y empleados electorales que están aquí para proteger la democracia”, dijo. “Cuando vas y hablas con ellos, es en eso en lo que están pensando. Piensan en los votos de cada persona aquí y en todo el país. Estas personas no están involucradas en ningún fraude electoral. Estas personas no están involucradas en ninguna represión electoral. Se los aseguro: ellos están cumpliendo con su trabajo todos los días. Es un trabajo difícil y les estamos agradecidos por ello. Y vamos a trabajar con ellos para asegurarnos de que cada boleta lícita y legítima sea contabilizada”.

La secretaria de Estado de Arizona, Katie Hobbs, dijo algo similar en una entrevista con el canal CNBC: “Las acusaciones de un amplio fraude electoral en Arizona no tienen absolutamente ninguna base. No hay evidencia que las respalde y no es algo que hayamos experimentado aquí”.

“El trabajo de los empleados electorales es mantener la integridad de la elección en cada casilla”, agregó después. “Son una parte importantísima del proceso. Son trabajadores contratados por los condados y tienen la obligación de salvaguardar las leyes en términos electorales”.

La procuradora general de Míchigan, Dana Nessel, habló en un canal de televisión reafirmando la integridad del voto en su estado.

“Nos sentimos confiados de que la elección se llevó a cabo de una manera adecuada y fue justa y transparente, así como de que los resultados muestran con certeza quién ganó las elecciones aquí en el estado de Míchigan”, dijo.

Cuando le preguntaron si había visto alguna evidencia de fraude, Nessel respondió que no. “Puedo afirmar que el sistema de verdad funciona”, dijo. “Hay muchos protocolos operando y muchas medidas de seguridad, así que si hubiera algún intento de cualquier tipo de hacer fraude en la elección, lo atajaríamos de inmediato. Y sí tenemos un puñado de casos que estamos persiguiendo ahora mismo, que involucran intentos de hacer algo fraudulento con respecto a la elección”.

Nessel usó una analogía para reforzar su punto. “Hemos atrapado a gente que hace eso”, dijo en referencia a algunos intentos de cometer fraude. “Es algo parecido a robar un banco. No es como que nadie haya intentado robar un banco antes, pero mi punto es que esas personas casi siempre son atrapadas y procesadas. Y definitivamente no es como que digamos: ‘Bueno, ya no podemos tener más bancos porque a veces hay gente que intenta robarlos’”.

Cabe destacar que el ex vicepresidente Joe Biden ganó Míchigan por casi 140,000 votos, una cantidad inmensa que en sí misma descarta la noción de que de alguna manera haya habido un fraude sistémico.

En una entrevista con la presidenta del Partido Republicano, Ronna McDaniel, el presentador de Fox News Bret Baier tocó este asunto. McDaniel pidió paciencia mientras se investigan las acusaciones que la campaña de Trump y su partido se han estado desgañitando por recopilar. (En aquella entrevista con CNBC, Hobbs, de Arizona, dijo que su oficina “se había inundado de llamadas y correos”, pero que no había ningún reporte en específico que fuera creíble, hasta donde ella sabía).

“Estamos de acuerdo con usted y queremos investigar todo esto también”, le dijo Baier a McDaniel sobre las acusaciones. “Pero aún no hemos visto el caso. Es decir, no se han presentado argumentos. Hay toda clase de cosas volando por internet, pero cuando indagamos no llegamos a ningún lado”.

¿La respuesta de McDaniel? Esperemos a ver qué resulta.

Mientras tanto, oficiales de los estados están viendo y no ven nada, ni siquiera en Pensilvania, donde las acusaciones han sido más fervorosas debido al actual margen de votación y al número de votos del Colegio Electoral que están en juego ahí. En una conferencia de prensa le preguntaron a la secretaria de Estado de Pensilvania, Kathy Boockvar, si había visto alguna evidencia de fraude.

“No tengo conocimiento de ninguna”, dijo, antes de corregirse a sí misma. “Es decir, bueno, tal vez se enteraron hace algunas semanas de que hubo un caballero en el condado de Luzerne que intentó solicitar una boleta para su madre fallecida… No sé si supieron de eso. Pero fue hace varias semanas. Ese ha sido el único incidente del que tengo noticia este año”.

¡Ajá! ¡Hubo fraude!: un tipo en el noreste de Pensilvania que presuntamente quiso emitir un voto en nombre de su madre muerta.

Deberíamos señalar que los oficiales que están desestimando las acusaciones de Trump no son para nada demócratas. Los servidores públicos republicanos se encuentran en un cierto lío al tener que elegir entre defender al presidente y defender a sus electores. Esto se hace mucho más fácil, claro, cuando la realidad aparece.

El viernes le preguntaron al senador por Pensilvania Patrick J. Toomey (republicano) sobre las acusaciones de Trump.

“Simplemente no hay evidencia que alguien me haya mostrado, ni a nadie de quien tenga noticia, de que haya habido algún tipo de corrupción o fraude”, dijo sobre los resultados en su estado. Luego añadió que los pleitos legales sobre la distancia que los observadores electorales deben mantener al ver el escrutinio de los votos “no son prueba de que hubo un fraude amplio o algún robo. No es para nada probable”.

El cálculo político para Toomey es bastante sencillo, en particular dado que todo indica a que Trump va a perder, luego de que el estado de Toomey le diera la espalda. Esta es la razón por la que el cálculo político para Trump también es bastante sencillo. Con el reloj agotándose, lo único que le queda es recurrir a una jugada desesperada: lanzar el balón (o, en este caso, una acusación de fraude) lo más lejos posible, como un pase hail mary en futbol americano .

Desafortunadamente para él, no hay nadie que lo reciba.

Philip Bump is a correspondent for The Washington Post based in New York. Before joining The Post in 2014, he led politics coverage for the Atlantic Wire.

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