Frente a la esclavitud en la prostitución, levanta la frente

Daniela, Cristina, Happy… y asi varias supervivientes más, dieron un ejemplo a la sociedad, dando la cara, enfrentándose a los fantasmas de su pasado, que es la mejor forma de pasar página y afrontar el futuro de forma progresiva y cabeza alta. Ellas, de nacionalidades diversas, se dispersan cada mañana, acompañando a otras voluntarias, en busca de mujeres o niñas en situación de vulnerabilidad y siendo explotadas sexualmente. En su mente hay una idea que quieren trasmitir a las presuntas víctimas que se van a encontrar, sí o sí, en los lugares de riesgo habituales, y no es otra que repetirles que ”hay salida” a su situación.

En cinco minutos de cortometraje, lo que dura #Exit, se condensa un mensaje claro y directo: no hay que sentir vergüenza por haber sido captada bajo falsas promesas de mejor vida o trabajo bien remunerado y después haber sentido el yugo de la presión de tener que seguir en la misma situación de desamparo y vulnerabilidad debido a la presión externa, tanto personal, como económica y social. Cualquier persona puede ser captada y posteriormente explotada en el sórdido mundo de la prostitución.

Gracias a visualizar estos hechos, estas situaciones, la gente empieza a tener conciencia de la existencia de una realidad que está sucediendo cerca o muy próxima a sus lugares de trabajo o de residencia. Cuando se habla de explotación sexual o esclavitud de personas parece que estamos hablando de zonas muy alejadas de nuestra ciudad, de nuestro país, porque esas barbaridades no pueden ocurrir cerca de nosotros. Eso es imposible que pase. Pues sí, está pasando.

Qué difícil es combatir un delito cuando es invisible ante la sociedad, cuando ésta no lo ve. Y lo peor es que estas víctimas no existen prácticamente para nadie. Son mujeres/niñas que se divierten, con escasa ropa, copa en mano y sonrisa placentera en su cara. Obviamente casi nadie sospecha que están obligadas a pasarlo bien, que atraigan, que enganchen al que busque sexo por dinero.

Son vigiladas, controladas y supervisadas en todo momento. Ojo con no generar lo presupuestado previamente. Esto acarrea consecuencias. Y siguen sin ser vistas como víctimas, “si están contentas y bailando, ¿cómo van a estar en contra de su voluntad? ¡Con la cantidad de dinero que ganan…! ”, siguen diciendo y manteniendo los débiles mentales habituales de estos tugurios.

El hecho de dar la cara -la cara blanca y golpeada-, el hecho de mostrar la realidad por parte de las protagonistas de este corto -de obligada visualización para el público en general y, sobre todo, para los consumidores de sexo por pago, de los prostituidores, vamos, de los puteros en general-, cambiará y concienciará a la gente y le permitirá ver la realidad.

Hay que ver lo que ocurre en los puticlubs cuando se enciende la luz y la música machacona desaparece. En ese preciso instante, las cortinas de diseño -que hasta ahora embellecían algo hortera y grandilocuentemente esa sala de baile, magreo y risas falsas- se mueven y aparece lo que los ingenuos clientes de estas mujeres, jamás sospecharían: la auténtica realidad. Los que hasta el ese momento eran unos elegantes y educados encargados o responsables del local, sacan su verdadera faz. Gente cruel y despiadada.

Aparecen, con gritos e insultos innecesarios, con agenda y bolígrafo en ristre como únicas armas, armas mortíferas, para ir ampliando la deuda contraída con la organización. Y así llevan varios meses. Mucho dinero ha pasado por las manos de las mujeres. Nada se ha quedado en ellas. Todo para la casa, dicen entre risotadas estos personajillos con traje elegante que se creen importantes frente a estas mujeres, al contrario de lo que piensan los candorosos clientes…

Con esta situación, qué lejos y casi imposible se ve disfrutar la libertad. Pero hay solución a este infierno. Y se sale. Confiad en la Policía y en las instituciones. Para ello, mujeres valientes como nuestras ocho protagonistas de #Exit pueden salvar a otras que no han tenido esa oportunidad.

Visualizar su ejemplo, su historia, puede ayudar a frenar la demanda. Ver, oír la realidad de lo que ocurre con estas mujeres, no lo que nos cuenta la publicidad o los encantadores y simpáticos encargados de los locales de alterne, nos puede hacer la idea de la realidad.

Este cortometraje debe de ser publicitado y visualizado por los futuros clientes, los potenciales puteros. Quizá estemos a tiempo de salvar vidas. Sobre todo, no seas cómplice de estas organizaciones que se lucran de la necesidad ajena. Recuerda, todos podemos luchar contra la trata, y ante la menor sospecha, denuncia: 900 10 50 90. 091 y trata@policia.es.

José Nieto es jefe de Servicio de la UCRIF Central.

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