Frente al espionaje a constitucionalistas: indignación, solidaridad y respuesta

Aunque rondara ya la terrible sospecha, la evidencia de que el independentismo totalitario llegó a conformar una policía secreta que fichó a los enemigos a su causa sitúa ya irreversiblemente al procés entre las páginas más negras de la historia europea. Militantes constitucionalistas, representantes de la sociedad civil, ciudadanos de a pie, incluso los que simplemente se ocupaban de la logística de una manifestación pacífica fueron fichados por una unidad secreta de los Mossos. Los nombres de cuarenta aparecen entre los documentos que se interceptaron, pero resulta solo la punta del iceberg de un espionaje más amplio y sistemático ya que en el informe aparecen menciones como “persona no conocida por esta unidad”.

Quienes sostuvieron a los golpistas porque quisieron creerse que había que saltarse la ley para defender la democracia quizá se den cuenta ahora del absoluto desprecio que tenían el entonces presidente Puidgemont y sus cómplices no solo por las libertades de los diputados de la oposición sino también de ciudadanos de a pie. Las fotos en ese indigno informe policial de quienes sencillamente participaban en una manifestación contraria a la independencia eran las pruebas de su delito de desafección a la causa, ¿cuál habría sido su condena si el golpe hubiera triunfado?

Si el nuevo presidente de la Generalitat no censura inmediatamente estas prácticas y exige con total diligencia que se depuren responsabilidades entre los Mossos y el resto de su Administración que pudiera estar implicada, el Gobierno de España debe enviarle el requerimiento previo a la aplicación del artículo 155 de la Constitución. En efecto, las continuas amenazas de los cabecillas independentistas de que buscan “otra oportunidad” para lograr su propósito no pueden ya interpretarse como meros excesos verbales que podrán ir frenándose cuando se conviertan en desafíos concretos a la vista de todos, sino que ha de considerarse también la siniestra intención de esas operaciones secretas que llevaron incluso a servirse de un cuerpo armado para señalar como sospechosos a quienes pensaban diferente.

Si llega a ser necesario activar de nuevo ese supuesto excepcional que nuestro ordenamiento prevé para proteger nuestro régimen constitucional de libertades frente a quienes deslealmente lo sabotean, debe recordarse el error que supuso limitarlo en 2017 a la mera convocatoria de unas elecciones. Un 155 responsable y efectivo implica desactivar las manipulaciones en los medios de información pública así como las injerencias en las fuerzas de seguridad. No es admisible que algunas fuerzas políticas tengan ventaja frente a otras que sufren la descalificación por quienes deberían servir de altavoz neutral a todas las opiniones, ni tampoco que se vean intimidadas por quienes deberían proteger a todos por igual.

En la Europa, la España, la Cataluña del siglo XXI no podemos permitir que germine una nueva gestapo ni que siga tronando otra radio de las mil colinas. Se ha conocido que 40 inocentes fueron espiados por expresar sus ideas, probablemente fueron muchos más y somos millones quienes nos habríamos podido encontrar en su lugar de víctimas del totalitarismo. Por eso, firmamos este manifiesto otros 40 para mostrar nuestra solidaridad por su indignación y su miedo, y para exigir a las autoridades que desaprueben enérgicamente estas prácticas y se aseguren por todos los medios que se interrumpen y no vuelven a repetirse.

Víctor Gómez Frías, Juan Claudio de Ramón Martínez, César Giner, María José Rodríguez Becedas, Joaquín Leguina, Miriam Herrero, Juan García Gámez, José Antonio Gómez Yáñez, María Quirós, Josu de Miguel, Antonio Junquera y Juan Antonio Cordero son los primeros firmantes de este manifiesto.

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