Fuerza Nueva en el País Vasco

El nuevo candidato del PNV a lehendakari, Imanol Pradales, franqueado por Andoni Ortuzar e Iñigo Urkullu en un acto electoral. Efe
El nuevo candidato del PNV a lehendakari, Imanol Pradales, franqueado por Andoni Ortuzar e Iñigo Urkullu en un acto electoral. Efe

El último episodio que ha demostrado una vez más cómo utiliza políticamente el nacionalismo vasco el euskera, y cómo entiende la relación entre este y el castellano, fue la presentación de los candidatos del PNV para las próximas elecciones autonómicas y europeas, en Durango, el pasado 27 de enero.

El lema elegido para la ocasión fue Indar Berria, sólo en euskera, cuando luego el grueso de todos los parlamentos, tras una breve introducción en la lengua vernácula, transcurrieron en el idioma de Cervantes.

Algún medio tradujo indar berria como "nueva fuerza" pensando que, con el cambio de lugar del adjetivo, la equivalencia con Fuerza Nueva desaparecería. Pero, a diferencia del euskera, donde el calificativo (izenondoa) siempre va detrás del nombre, en español los calificativos pueden ir delante o detrás, y en cada caso tener una acepción diferente.

Si digo, por ejemplo, que me he comprado "un nuevo piso", quiero decir que ya tenía otro u otros y que me he comprado uno más. En cambio, si digo que me he comprado "un piso nuevo", lo que quiero resaltar es que me he comprado uno a estrenar.

En el caso de la convención peneuvista, no se trataba de presentar a unos candidatos que fueran mera continuidad de los anteriores, sino justamente a unos más jóvenes y renovadores. De hecho, el que va a sustituir a Iñigo Urkullu es Imanol Pradales Gil, que tiene 48 años, catorce menos que su predecesor.

Imanol Pradales no es otro candidato más, sino un "candidato nuevo", por joven e inédito. Por tanto, lo que quiere decir el lema indar berria en euskera es, efectivamente, "fuerza nueva".

Que un joven del PNV no sepa qué fue Fuerza Nueva, pase. Pero sus mayores sí lo saben. Y si les dio igual la concomitancia, como así parece, es que, o se han quedado sin imaginación para los eslóganes o su memoria, la del PNV y la de todo el bloque progresista que apoya a Pedro Sánchez, ha acabado por degenerar en una despreocupación completa por el periodo más próximo (Transición y ETA) y en una extraordinaria fijación por el más lejano (Guerra Civil y franquismo).

Fuerza Nueva fue un partido neofranquista surgido en 1976, tras la muerte del dictador, que cesó su actividad en 1982 y que en su reunión fundacional propuso, como objetivo prioritario, "clasificar ideas con una visión sobrenatural y, una vez asimiladas y sedimentadas, poder proyectarlas sobre los demás en una especie de fervoroso contagio, para luchar contra las fuerzas del mal a escala universal".

Estaría hoy a la derecha de Vox. Del mismo Vox al que el PNV no quiere ver ni en pintura y por el que se niega a pactar nada con Alberto Núñez Feijóo.

Pero esta sorprendente elección del lema para presentar a sus candidatos, donde el significado en español del euskérico elegido se ignora o se modifica a gusto del PNV, no es nueva. Lo llevamos viendo toda la vida con otro ejemplo paradigmático. El de gora Euskadi.

Se supone que el gora Euskadi apareció por primera vez en el himno Gora ta gora escrito por Sabino Arana en 1902, que es el himno oficial del PNV y cuya música es también hoy el himno oficial de la Comunidad Autónoma Vasca, por ley de 21 de abril de 1983. Su nombre oficial, Eusko abendaren ereserkia, quiere decir "himno de la raza vasca", aunque los legisladores omitieron el término "raza" en la versión en español.

No contento con endosarnos su peculiar himno en euskera, trufado de invocaciones religiosas, el padre del supremacismo vasco también nos dio su particular traducción al español y donde pone gora ta gora él puso "viva y viva", y donde pone abestu gora Euzkadi él puso "cantad viva Euzkadi".

De modo que lo que para todo el mundo que habla euskera significa gora, que es "arriba", para Sabino Arana pasó a ser "viva". Se supone que lo hizo porque no encontró otra forma más adecuada de decir "viva Euskadi" en euskera.

El caso es que la ocurrencia de traducir gora Euskadi como "viva Euskadi", en lugar de "arriba Euskadi", acabó triunfando luego entre sus seguidores, sobre todo tras la identificación estrecha del "arriba España" con la Falange y el franquismo.

Durante los casi 50 años que llevamos de régimen nacionalista en Euskadi, desde 1979 para acá, hemos estado escuchando siempre gritar gora Euskadi, es decir, "arriba Euskadi". Pero, según el nacionalismo, debíamos pensar que en realidad era "viva Euskadi", mientras que el grito paralelo de "arriba España" quedó relegado, al inicio de la Transición, a las catacumbas de la desmemoria o de la fachosfera.

Demasiadas casualidades como para no pensar en una íntima conexión, aunque sea inconsciente, pero más reveladora por eso mismo, entre la ideología nacionalista vasca y el sustrato ideológico del que surgió. Que no fue otro que el integrismo español, la corriente más ultramontana de la derecha española, en la que militó Sabino Arana hasta 1890, antes de empezar a ejercer como converso nacionalista.

El lema "arriba España", tras una primera aparición en el Sexenio Democrático (1870), quedó consolidado en el Regeneracionismo de la mano de Rafael Macías Picavea, quien, en su libro más importante, El problema nacional (1899), propone dicho lema como símbolo para salir del marasmo en el que había quedado sumido el país tras el llamado Desastre de 1898.

Es muy revelador que, mientras unos cuantos patriotas como Joaquín Costa, el propio Picavea y demás seguidores de lo que se llamó Regeneracionismo proponían fórmulas para salir de la primera crisis profunda de la historia contemporánea de España, y que nos llevó directos a la Guerra Civil, otros por la misma época, concretamente los emergentes nacionalistas periféricos en Cataluña y País Vasco, ejercieran de regeneracionistas al revés o de regeneracionistas centrífugos.

Su primera reacción ante las dificultades fue saltar del barco e inventarse una nación nueva.

En el caso de Sabino Arana, es muy probable que el lema gora Euskadi tuviera su origen en la liturgia de la misa, que comienza con el gora biotzak, "arriba los corazones", en latín sursum corda, lo que hoy es "levantemos el corazón".

Pero ni cuando Sabino Arana tergiversó el significado de gora Euskadi ni ahora, cuando se les ocurre poner como nombre de su convención política el de un histórico partido de extrema derecha (del que, por cierto, se conmemoraba ese mismo fin de semana el décimo aniversario del fallecimiento de su fundador, Blas Piñar), el PNV puede pretender que el euskera sea de su propiedad.

Mucho menos dictarnos la traducción de sus eslóganes al español. Por el bien del euskera, del español y, sobre todo, de nuestra salud mental.

Pedro Chacón es profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPV-EHU.

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