Fumata blanca en La Meca

Por Samuel Hadas, analista diplomático. Fue el primer embajador de Israel en España y ante la Santa Sede (LA VANGUARDIA, 16/02/07):

La historia diplomática atestigua repetidamente que la cualidad que ha caracterizado a los líderes palestinos en el conflicto con Israel ha sido la de no desperdiciar prácticamente ninguna oportunidad de perder una oportunidad. ¿Sucederá lo mismo con el acuerdo de La Meca entre los representantes de Al Fatah y Hamas? ¿Será recordado el acuerdo como un hito histórico en el proceso de búsqueda de una solución permanente al casi centenario conflicto palestino-israelí? ¿No se trata más bien de una hudna (tregua) en la guerra civil entre Al Fatah y Hamas? Las palabras Israel, paz, horizonte político o proceso de paz no aparecen siquiera en su texto. No se mencionan las exigencias más importantes del Cuarteto para Oriente Medio, el reconocimiento al derecho a la existencia de Israel y la renuncia a la lucha armada.En cuanto al cumplimiento de los acuerdos firmados anteriormente entre palestinos e israelíes, lo máximo que se ha logrado es un ambiguo “respetar los acuerdos previos” palestino-israelíes. Hay una diferencia abismal entre respetar una resolución o aceptarla sin circunloquios. El acuerdo de La Meca para la distribución de poderes y atribuciones entre Al Fatah y Hamas ignora todo aquello que sus firmantes conocen a conciencia que deberían haber acordado para que el Cuarteto reconozca el Gobierno palestino y levante las sanciones internacionales.

El presidente palestino, Mahmud Abas, tiene problemas para convencer a Estados Unidos, la Unión Europea e Israel sobre las bondades del acuerdo, por cuanto, como él mismo reconoce, está muy lejos de las condiciones del Cuarteto, por lo que es de esperar que en un futuro previsible difícilmente sea levantado el embargo internacional al Gobierno de la Autoridad Nacional Palestina. Un gobierno de unidad nacional que no puede unirse en una cuestión vital para la prosecución del descarrilado proceso de paz como la renuncia al uso del terrorismo contra Israel no podrá ser considerado por Israel como interlocutor válido.

¿Volveremos a estar como al principio?

Evidentemente, el acuerdo ubica a Israel ante un dilema. El Gobierno israelí mantiene un canal abierto de diálogo con el presidente Abas, considerado un moderado, a la vez que boicotea al Gobierno Hamas. La cumbre tripartita que tendrá lugar el próximo lunes en Jerusalén con la participación de la secretaria de Estado Condoleezza Rice, el presidente Abas y el primer ministro Ehud Olmert, destinada, en palabras de la secretaria de Estado, a sostener un diálogo informal sobre las vías para el establecimiento de un Estado palestino viable, deberá en su lugar ocuparse de las implicaciones (negativas) del acuerdo para el proceso de paz. En opinión del Gobierno israelí, con el acuerdo de La Meca se ha difuminado la línea que distingue entre moderados y extremistas palestinos. Sin embargo, según trascendió, el Gobierno israelí considera que no debe ponerse a la cabeza de acciones diplomáticas contra el nuevo Gobierno palestino o interrumpir los contactos con Abas. Lo que Israel debe hacer, según el primer ministro Olmert, es impulsar una campaña diplomática para lograr que el Cuarteto insista ante los palestinos en el cumplimiento de sus demandas. Por lo que parece, por lo menos hasta el momento (en Oriente Medio nunca digas no), tanto Estados Unidos como Gran Bretaña y Alemania, que ejerce la presidencia de la Unión Europea, seguirán insistiendo en el cumplimiento de las demandas del Cuarteto. Pero aunque el acuerdo de La Meca no responde a todas estas exigencias, algunos países europeos consideran que podría abrir una oportunidad para la reconducción del proceso de paz. Rusia, otro miembro del Cuarteto, que en más de una oportunidad se ha desmarcado abiertamente de su política, podría hacerlo nuevamente e insistir en el reconocimiento del nuevo Gobierno palestino.

Se destaca, acertadamente, el éxito de la iniciativa de Arabia Saudí donde fracasó Egipto. El reino, ante el creciente temor a los designios hegemónicos del régimen teocrático de Teherán, que podrían desestabilizar su régimen, busca, entre otros objetivos, minimizar la influencia iraní sobre Hamas. Su papel mediador en el conflicto interno palestino ha demostrado que puede tener un papel diplomático importante en la resolución de otras crisis en la región, pero ha legitimado, por lo menos en el mundo árabe, a Hamas, una organización que no escatima nada en el uso de la violencia, incluso contra su propio pueblo, en su propósito de crear una sociedad islamita clerical según el modelo iraní. La legitimidad concedida a Hamas será de consecuencias desastrosas para la región si esta organización no modifica sustancialmente sus posiciones extremistas.

Ciertamente, Abas perseguía con la creación de un gobierno de unidad nacional con Hamas evitar una guerra civil, su mayor preocupación inmediata, aun a sabiendas de que podría contrariar al Gobierno israelí. El resultado ha sido que Hamas ha impuesto a Al Fatah prácticamente todas sus condiciones, recibiendo licencia, según el experto del Washington Institute for Near East Policy, Robert Satloff, para interpretar a su gusto un programa político basado en una selectiva lectura de la historia diplomática del conflicto con Israel. ¿Será la próxima cumbre Rice-Olmert-Abas el último encuentro de su género en mucho tiempo? La fumata blanca que ascendió solemnemente la semana pasada del palacio real saudí puede ennegrecer prontamente el horizonte político para palestinos e israelíes.