Fusión de cajas: riesgos y oportunidades

La fusión de cajas es posiblemente una necesidad y puede ser una oportunidad, pero también presenta sus peligros. Es una necesidad en la medida en que se requiere una mayor dimensión de las entidades para lograr el grado de solvencia preciso que les permita afrontar el acceso al crédito en los mercados internacionales, imprescindible si quieren seguir ejerciendo su negocio, atraer y prestar dinero. El aumento del nivel de morosidad, la pérdida de ingresos a causa de la bajada de los tipos de interés de los préstamos y la caída de depósitos generada por la disminución de la riqueza relativa de buena parte de su clientela son elementos propios del panorama de los próximos meses, por lo que la mayor dimensión de las entidades resultantes puede ayudar a dotarlas de mayor capacidad de respuesta. Sin duda, el proceso servirá para conferir mayor solvencia a las entidades resultantes.

Es asimismo una oportunidad en la medida en la que la dualidad de nuestro sistema financiero, que pivota sobre dos modalidades diferenciadas de entidades, la banca privada y las cajas de ahorro, puede salir reforzada con unas entidades como las cajas más potentes para atender sus funciones sociales propias, evitar la exclusión financiera de determinados sectores que la gran banca privada no atiende y contribuir al desarrollo social del territorio mediante la obra social y la propia actividad financiera.
Pero también tiene sus peligros, y apuntaremos dos principales: el primero es querer utilizar este proceso para poner fin a esta dualidad del sistema financiero, facilitando la entrada de capital de los bancos privados a través de las cuotas participativas con derechos políticos. Esto significaría cambiar la naturaleza jurídica de las cajas, subvirtiendo así sus finalidades y, como consecuencia, aumentando el mercado potencial de la gran banca.

El otro peligro es la pérdida de un modelo de atención de calidad, de proximidad a las personas y al territorio, que requiere del talento y la experiencia acumulada de los trabajadores y trabajadoras de las entidades, desde los servicios centrales hasta el personal de las oficinas. Ello haría perder la viveza y proximidad de las entidades con sus clientes y el conocimiento del entorno en el que actúan y nos acercaría más a un modelo bancario que contrapone la venta del producto a dar respuesta a las necesidades de las personas.
Es por todo ello que desde CCOO aceptamos esos procesos, conscientes de su necesidad y de las oportunidades que se abren, pero conjurando los peligros que se apuntan. Ya hemos hecho llegar a las entidades nuestras propuestas y nuestros razonamientos. Partimos de la premisa de que el resultado tiene que ser unas cajas más fuertes y sólidas, con estructuras de costes más ajustadas. Pero no es en el factor trabajo donde tenemos que aplicar las tijeras; todo lo contrario, hay que aprovechar la experiencia y talento acumulado para introducir aquellas innovaciones en procesos y en organización que mejoren la capacidad operativa de las entidades y la relación financiera con sus clientes –empresas, especialmente las pequeñas, y familias–. Por ello insistimos en que hay que situar claramente en la negociación del acuerdo laboral la homologación de condiciones de trabajo y el refuerzo de la estabilidad como elementos que deben facilitar la formación y calificación y la promoción profesional. Tenemos experiencia de otros procesos de fusión que, con ajustes no traumáticos –mediante alternativas viables, soportables económicamente y sin externalizar costes en la sociedad–, han permitido reforzar las entidades y crear nuevo empleo a medio plazo.

Por otro lado, es necesario que los procesos de fusión se cierren de forma positiva en relación con el peso de los representantes de los trabajadores en la composición de los nuevos consejos de administración. La experiencia nos ha demostrado que las entidades más solventes son precisamente las que se han situado en los índices más altos de representación que la ley permite y esto ha favorecido la propia eficiencia del funcionamiento de los órganos de gobierno. Al disponer del valor añadido que conlleva la presencia de unos representantes de la plantilla que conocen la realidad cotidiana y la evolución del mercado en el que actúa la entidad, dota de más transparencia el funcionamiento de los consejos, con lo que se así se evitan algunas prácticas de opacidad que determinadas entidades privadas han desarrollado en el tiempo y que tantos problemas económicos y morales están generando actualmente.

Es por ello que entendemos que es necesario que las nuevas entidades tengan una presencia clara de la representación de los trabajadores, para fiscalizar y hacer más eficientes y transparentes los órganos de gobierno.
Finalmente, sería conveniente también aprovechar los procesos de fusión para aumentar la transparencia y control de los salarios variables y bonos que cobran los directivos de las nuevas entidades. Seguro que con ello se transmitiría un mensaje a la ciudadanía de más eficiencia y racionalidad en la utilización de los recursos.

Joan Carles Gallego, secretario general de CCOO de Catalunya.