Gaza, Beirut y Teherán: los escenarios de la nueva Guerra Fría

Funeral del número dos de Hamás, Saleh al-Arouri, este jueves en Beirut. Reuters / /Mohamed Azakir
Funeral del número dos de Hamás, Saleh al-Arouri, este jueves en Beirut. Reuters / /Mohamed Azakir

Al contrario de lo que muchos creyeron, la Guerra Fría no concluyó en 1991. El fin de la URSS sólo significó un incremento del protagonismo de los aliados soviéticos.

La debilidad mostrada por Moscú, fue interpretada por Occidente como el comienzo de un periodo de hegemonía occidental. Mientras Rusia se encontraba en la UCI, otros actores asumieron su papel a nivel internacional.

Un ejemplo claro de esto fue Irán, quien nunca cesó en su intento de tambalear el orden liberal internacional. La República islámica mantuvo su compromiso iliberal incluso sin la ayuda de Moscú.

En los años 90, Irán perpetró dos atentados terroristas en suelo argentino, uno contra la Embajada de Israel y el otro contra la AMIA. Algunos analistas interpretaron esos dos atentados como un asunto interno argentino o como una cuestión entre Irán e Israel, sin embargo, el 7 de octubre nos mostró que estos dos atentados eran parte de una confrontación mayor. Una confrontación a nivel mundial.

En la actualidad, son muchos los escenarios en los que se está disputando esta nueva Guerra Fría. El más claro de todos es Ucrania, pero no es el único.

Oriente Medio no es un lugar más inseguro gracias a que se han frenado las ambiciones nucleares de Irán. La muerte de innumerables científicos nucleares iraníes, la contaminación de los ordenadores que compilaban el programa nuclear persa o los sabotajes que sufren las instalaciones nucleares del régimen de los ayatolás son solo algunas de las acciones que han impedido que Irán sea el décimo país con armas nucleares.

Todas estas acciones han sido atribuidas a los servicios secretos israelíes. Y de no haberse llevado a cabo, el bloque autoritario que se enfrenta a Estados Unidos y a Europa por la creación de un orden internacional iliberal tendría aun más poder.

El pasado 7 de octubre asistimos a un ataque terrorista de características apocalípticas. Las milicias de Hamás asesinaron a 1.600 personas y secuestraron a 250.

Sin duda, fue un golpe duro para Israel, pero esta acción nunca hubiera sido posible sin el apoyo de Irán.

Desde hace muchos años Teherán está entrenando, apoyando, armando y sobre todo financiando Hamás. Buena parte de los cohetes y de los misiles que a diario caen sobre el suelo israelí proceden de Irán. Para Irán, el fin de Israel es además de una cuestión ideológica una cuestión de seguridad nacional, ya que es el actor que más limita sus ambiciones regionales.

Si bien es cierto que para los ayatolás los "sionistas" son importantes, no es menos cierto que Israel es tan sólo un escenario más en el tablero regional. Junto con la Franja de Gaza, Irán mantiene una importante presencia en otros lugares de Oriente Medio como son el mar Rojo, el sur del Líbano o Irak. Es por ello que Israel es muy consciente de la necesidad de limitar a quien es el principal apoyo de Hamás, Irán, en todos los frentes donde está presente.

La estrategia de Israel en Gaza está compuesta por dos escenarios. Uno, el que se está desarrollando sobre el terreno en Gaza y que tiene por objetivo acabar con la capacidad operativa de Hamás. Y el otro, que además de en Gaza, se está desarrollando en otros muchos sitios y que tiene por objetivo eliminar la capacidad de mando de la organización.

En este sentido es en el que debemos entender lo ocurrido el pasado 2 de enero en el Líbano con el asesinato del número 2 de Hamás. La muerte de Saleh al-Arouri se enmarca dentro de este segundo escenario de la guerra contra Hamás, ya que busca descabezar la capacidad de mando de la organización, aunque sus repercusiones van mucho más allá.

Además del beneficio que pueda revertir para la seguridad de Israel, la muerte de Al-Arouri supone una merma importante para Irán ya que se trataba de la persona que hacía de enlace entre Hamás y Teherán. Por lo tanto, la cadena de mando entre Irán y el terreno queda momentáneamente rota.

Por otro lado, la caída de Al-Arouri limita la capacidad de Irán y Rusia de usar Oriente Medio como una herramienta de desestabilización mundial. A nadie se le escapa que el 7 de octubre fue utilizado por Moscú para desviar la atención mundial del frente ucraniano.

De hecho, desde que estallara la crisis en la Franja de Gaza, Ucrania ha visto reducido el nivel de atención y sobre todo el apoyo económico procedente de Estados Unidos. Por lo tanto, una menor capacidad de influencia de Irán y Rusia en Israel es además un alivio para los occidentales en otros frentes.

Por último, no podemos dejar de mencionar otros escenarios de esta confrontación global como son el mar Rojo o el propio Irán. Los hutíes de Yemen, siguiendo las órdenes que llegan desde Teherán, están tratando de desestabilizar la economía mundial haciendo inviable el tráfico por el mar Rojo, algo que ya intentó en los cincuenta otro aliado de Moscú: Nasser.

La prueba de esta relación entre los hutíes e Irán está en el hecho de que tras la destrucción de tres lanchas hutíes por parte de EEUU, Irán ha enviado un destructor a la zona. En otras palabras, a Irán le importa mucho que los hutíes sigan haciendo su papel en el mar Rojo, ya que el encarecimiento mundial del tráfico de mercancías es un elemento de vital importancia para sus aliados, Rusia y China.

No podemos acabar este artículo sin mencionar lo ocurrido en el funeral del general Suleimani. El que fuera organizador de la red de grupos terroristas proiraníes en el exterior, entre los que incluimos a Hamás y al recientemente fallecido Al-Arouri, fue asesinado en Bagdad el 3 de enero de 2020.

Justo cuando se conmemoraba el cuarto aniversario de su muerte, una deflagración se llevó la vida de más de un centenar de seguidores del general iraní. Sin saber aún quién está detrás de este atentado, lo que sí podemos anticipar que esta acción forma parte del intercambio de golpes derivado de esta Guerra Fría, que tampoco sabemos si es la continuación de la primera o la segunda parte de aquella que enfrentó a la URSS y a Estados Unidos.

Alberto Priego es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia de Comillas.

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