Generación de afroemprendores

WAZIHack Togo !, un acto de dos días (2017) dirigido a acelerar la adopción de Soluciones IoT (Internet de las Cosas) en África

Propulsores de nuevas empresas, fab labs (contracción del inglés fabrication laboratory), sitios y servicios digitales, los jóvenes africanos entraron de lleno en la era digital y en la de las ciudades inteligentes. Emprendedores africanos y artistas conectados se organizan, innovan, invierten y utilizan las industrias creativas y culturales como incentivos para el desarrollo.

De Dakar a Nairobi, los jóvenes se hallan en el corazón mismo de la revolución digital que se está produciendo en el continente africano. Nuevos espacios de colaboración, verdaderas incubadoras de empresas florecientes, fab labs, sitios y servicios digitales: una juventud cada vez más numerosa, conocedora de la tecnología, hiperconectada, diplomada y muy lista se lanza al campo moderno de la economía digital.

Esta joven generación de afroemprendedores, cualquiera sea la diversidad de sus actividades, comparte un ADN común: lo digital como enfoque indisociable de lo local y lo global, y la voluntad de contribuir a mejorar las condiciones de vida en toda África.

En Dakar, Karim Sy, que fundó los Jokko Labs en 2010, es sin duda el más conocido de estos jóvenes empresarios. Su organización, sin fines de lucro, se define como “un clúster virtual para la transformación social basado en una comunidad de emprendedores y una red de centros de innovación”. Además de Sy, otros muchos actores merecen también ser mencionados, como Agendakar (primer portal cultural de la capital senegalesa) o el joven Usseynu Khadim Beye, que diseñó Cross Dakar City, un videojuego para teléfonos inteligentes que ambiciona alertar al público sobre la difícil situación de muchos talibés, alumnos de escuelas coránicas explotados y reducidos a la mendicidad que deambulan por Dakar.

Es más que seguro que estos portadores de la innovación en el ámbito de las industrias culturales y creativas serán también protagonistas de Diamniadio, futura primera ciudad inteligente (smart city) de Senegal, situada a unos 30 kilómetros de la capital, que verá la luz en los próximos años.

De la ciudad inteligente a la ciudad vernácula

La construcción de esta smart city no es un hecho aislado en el continente. Testigos de tal revolución, otros proyectos de ciudades digitales o de centros digitales de excelencia se están desarrollando velozmente en muchos países. En Nigeria, donde la Yabacon Valley, en un barrio de Lagos, constituye ya el conglomerado africano más reputado, o en Kenya, donde onza City, también conocida como Silicon Savanah, alberga más de 250 empresas emergentes. Existen ejemplos similares en Benin, donde se desarrolla el proyecto Benin Smart City, en Marruecos, donde el proyecto e-Medina está en plena maduración en Casablanca, pero también en Rwanda y Sudáfrica.

Si el desarrollo de estos recientes centros urbanos entreabre sin duda nuevas oportunidades para la juventud africana, también plantea muchas cuestiones. El togolés Sename Koffi Agbodjinu, investigador independiente en arquitectura y antropología, fundador de la plataforma L’Africaine d’architecture en 2010, opina que la ciudad inteligente africana no debería tratar de duplicar los ejemplos occidentales, sino inventar su propio modelo basándose en las especificidades locales. Esto es lo que él llama “la modernidad arraigada”, que Agbodjinu desarrolla en un barrio de Lomé, capital de Togo, donde abrió el Woelab, “Silicon Village, primer espacio africano de democracia tecnológica”, cuyo propósito es brindar acceso a la tecnología a toda la población local.

“Tenemos que ir más allá de la ciudad inteligente, hacia la ciudad vernácula de mañana, la sharing city, la ciudad del compartir”, argumenta. Cabe destacar que S. K. Agbodjinu desarrolló la teoría propia de la #LowHighTech. Se trata de un concepto de democracia digital e inteligencia colectiva que persigue el objetivo de capacitar a los habitantes de un barrio determinado: “Somos los únicos de África que reunimos en un solo lugar y en proyectos conjuntos a diseñadores, creadores, albañiles, carpinteros, dibujantes e incluso personas sin hogar”, afirma en un artículo publicado en la revista Forbes África.

Generadora de starts up, espacio de formación abierto a todos donde tienen lugar con regularidad talleres participativos, el Woelab suscita cada vez más la atención de todo el mundo. Y es que cabe señalar que un joven ingeniero del equipo ha logrado desarrollar una proeza tecnológica: la W.Afate, la primera impresora 3D fabricada a partir de residuos electrónicos.

Proyectos culturales y artísticos de fuerte connotación social

La aparición cada vez más numerosa de afroemprendedores digitales no debe hacer olvidar el dinamismo y la creatividad de los jóvenes artistas y operadores culturales que trabajan en todas las ciudades africanas para hacer oír su voz, vivir de su arte y mejorar su ciudad a pesar de un entorno a veces muy difícil y de recursos limitados. En Brazzaville, Kinshasa, Lubumbashi, Duala, Segú o Yamena existen estructuras que conducen proyectos ejemplares que aúnan enfoque artístico e impacto social.

Los talleres Sahm, fundados en Brazzaville por la artista plástica Bill Kuélany, apoyan el desarrollo de una nueva generación de creadores de mucho talento. La Bienal de Lubumbashi, cuya cuarta edición se celebró en 2015, cuenta con una reputación internacional. En Kinshasa, capital musical histórica, más y más festivales realzan la excepcional riqueza cultural de la ciudad.

En Dakar, además de la famosa Bienal de Arte Africano Contemporáneo Dak’art, el festival Afropixel, organizado por la asociación Ker Thiossane, se ha convertido en una apasionante plataforma de proyectos, eventos, debates, reflexión y experimentación artística y social. Ker Thiossane tiene por objetivo explorar el potencial de las nuevas tecnologías en el diseño y la implementación de un desarrollo local inclusivo y sostenible, y el aflorar de aquello que podría constituir la especificidad de una ciudad creativa africana. Así, en 2016, el tema de su quinta edición fue “Ciudad en común” vasto asunto que dio lugar a una rica programación: residencias de artistas, talleres abiertos a todos en el fab lab, exposiciones, instalaciones públicas, proyección de video mapping, intercambios participativos sobre el tema del festival…

En la última década han florecido también en el continente muchos eventos relacionados con el hip-hop: paso a paso se ha ido tejiendo una verdadera red de operadores, artistas y festivales. Hoy en día, el movimiento se ha convertido en un motor de colaboración artística, de solidaridad y  emblemática transformación social. Algunos raperos están muy involucrados en movimientos ciudadanos o de protesta social como “Y’en a marre” en Senegal, el “Balai ciudadano” de Burkina Faso o “Iyina” en Chad.

En mayo de 2016, el rapero y activista burkinabé Smockey, uno de los líderes de “Balai ciudadano”, recibió el prestigioso premio “Music In Exile Fellow” que se concede anualmente a personalidades del mundo que han puesto su arte al servicio de la libertad. Dos meses después, en Uagadugú, el estudio del músico fue destruido por un incendio. De inmediato una muy fuerte movilización internacional se manifestó en las redes sociales y se puso en marcha una campaña de financiamiento participativo para proveer a su reconstrucción.

Los jóvenes artistas y empresarios culturales africanos no sólo están comprometidos y son creativos, también se hallan decididos a hacer el mejor uso de los considerables recursos que ofrecen las herramientas digitales para construir el futuro con el que sueñan.

Ayoko Judith Mensah is a Franco-Togolese journalist and consultant. After having founded and edited the magazine Afriscope, she worked as an expert in the European Union-African, Caribbean and Pacific (EU-ACB) APCCultures+, at the ACP Secretariat in Brussels. She currently works as a consultant for the Africa desk of the Centre for Fine Arts in Brussels.

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