Gentrificación Fuertes

Cuando el tiempo se presenta con la impertinencia de los cien años, que son los que se cumplen hoy del nacimiento de Gloria Fuertes, salta el oxímoron (o paradoja, como la muletilla que se cantaba en el colegio) y resulta que la infancia cobra sentido. A la vejez, viruelas, y a la niñez, ciruelas, que es lo que diría o podría haber dicho la fortísima poeta, con un cigarro incomprensible en la mano. Y es que nada de esto es obvio como parece, ni es plátano, ni es humo, ni es polvo, ni es sombra, ni es rana. Vamos por pasos… O por globos.

Un globo. La infancia cobra sentido, pero la cobra no estaba consentida. Dicen que Gloria, de niña, se tenía que esconder de su madre para poder leer: cuentos, tebeos, cosas…, pero Blancanieves, no, porque qué horror que la princesa se muera en mitad de la historia. Así, comprendo lo que me contaba mi madre, de niño, para animarme/obligarme a leer: que ella (también ella, también de niña) tenía que esconderse de su madre (de mi abuela), bajo la cama, para poder hacerlo. Cuando una se cría de criada de casa, porque es preciso salir de la pobreza, la lectura es un pecado serpentino o una manzana envenenada, que hay que aprender a no evitar para hacer algo más que las labores. (Moraleja posinfantil y posmoderna: a mis glorias les regatearon la lectura, a mí me la regalaron con fervor y al presente le resbalan los caracteres de 140 en 140).

Dos globos. Para estupefacción del ojo de padre/madre actual y políticamente tiquismiquis, la poeta de los niños, con los niños, pa’ lo’ niño’, con voz retumbadora de bronquios, salía por Televisión Española, fumando como una carretera (yo estudié -¡respetadme!- con el género). Fue en una entrevista con la cabeza de Jesús Hermida, pendular como un muelle de juguete, de arriba abajo y de abajo arriba. Visto ahora, aquello nos parece una movida (después de la Movida).

Tres globos. O el resultado de uno más dos. Sí, Gloria Fuertes son los niños. Pero ¿dónde los niños? ¿Qué leen los niños españoles de ahora? ¿Qué sienten los niños españoles de ahora? Cantan, y cuando cantan parece que están solos, sin su Gloria, la madre de todas las lecturas. Sí. Pero Gloria, con su cigarro, es mucho más que los niños. Ella era la poesía: “Se borrará tu voz, vendrá tu sueño, / se borrarán las huellas de tus manos, / pero nunca la tinta de tus versos”.

GF fue la poesía social, porque ella fue niña de la guerra, con su perro machacado por un obús, con la muerte anarquista de su primer novio, con su revancha antibélica a través de la palabra: “Un villancico de metralla / silbó mi nombre sobre las banderas. / Yo, vida, entre la muerte estaba, / bombardeada, ensordecida, yerta, / creciéndome, criándome entre gritos, / haciéndome de paz, hartándome de guerra”.

También fue la poesía feminista, porque no quiso ser una Woody Allen del nacionalcatolicismo. Su madre, a la que odiaba por ello y por otras cosas, la apuntó a la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer. Allí tuvo un manual de estudio firmado por una tal Mme. Wood Allen, que era como un monólogo desquiciante de judías (verdes, no hebreas). Y tuvo una asignatura de Bordados a mano y a máquina, que iba directamente a la diana del Wipp Express. Cuando se escapó de aquello, lo dejó escrito: “Hago versos, señores, hago versos, / pero no me gusta que me llamen poetisa, / me gusta el vino como a los albañiles / y tengo una asistenta que habla sola”.

Gloria Fuertes, además, abrió imperceptibles caminos de poesía alegre. Se echó una novia americana, vivió con ella unos años en Pennsylvania, y, luego, de vuelta en España, se le murió, traspasada por la espada infinita del cáncer. Había sido el amor de su vida: “Fui al metro decidida a matarme, pero al ir a sacar el billete ligué, y en vez de tirarme al tren me tiré a la taquillera”.

El postismo fue ella, esa cosa entre surrealista y cualquierotracosista de vanguardia cuando en la posguerra no se hacía vanguardia. Gloria se metió a hacer literatura infantil por pasión, pero también porque entonces ese era el único hueco para una mujer de letras. Peleándose para poder vivir de las revistas de dibujos, consiguió que le publicaran un soneto a Carlos Edmundo de Ory. Así que este se enamoró de Gloria, se hizo famoso por fundar el postismo, ella compuso poemas en este estilo y la glOrya se la llevó el otro (y solo un rato a Gloria, de novios fugaces).

Fueron grandes amigos, pero Gloria se hartó de postear y le vino bien. Hoy a Ory solo le conocen los filofrikis (y demás ralea), mientras que el postismo de ella vive con fama en sus juegos de palabras. Para ¿mayores?: “En las noches claras, / resuelvo el problema de la soledad del ser. / Invito a la luna, / y con mi sombra somos tres”. Y para ¿niños?: “Cu-cú, cantaba la rana”.

Por suerte, ya está siendo rescatada del cliché. Ahí está El libro de Gloria Fuertes (Blackie Books), maravilloso como las Maravillas de la villa, desbordadamente cuqui, todo cubierto de guardas azules y una polaroid de la autora en la portada. Es el colmo del moderneo, como moderneo era que Gloria escribiera letras de canciones en los mejores años de los setenta, ochenta y noventa, en plan emisora de radio. Dando sorbos de aguaviva, las letras de Gloria llegaron a la Sala Olympia de París, con Paco Ibáñez.

Claro que ahí puede radicar un nuevo problema, tras haber superado el encasillamiento infantil. Ya lo ha dicho Javier Marías, ejerciendo su papel actual de sicofanta: que lo de Gloria Fuertes es todo postureo, un rescatarla porque queda bien, y porque fue bollera y feminista, de modo que sale un libro para librerías de Malasaña con cupcakes, pero con mala poesía.

Yo no creo que sea para ponerse así de cipotudo, macho, tío, cómo te pasas. Sí, tal vez no es la gran poeta de la Literatura, genio y figura hasta la sepultura. Pero tiene poemas (no pocos) gloriosos (¡humor de Husky!). El problema, en realidad, es que España se preocupa de rescatar lo bueno a golpe de centenarios, y así solo parece una moda.

Gloria Fuertes nació “a los dos días de edad”, porque en el registro la inscribieron el 30 de julio, y no el 28. Jugó su infancia en la Plaza del Progreso y vivió por Lavapiés, bajando/subiendo por Mesón de Paredes y frecuentando la Taberna de Antonio Sánchez.

Aquella plaza es hoy la de Tirso de Molina. Las multinacionales reforman las corralas para pisos de alquiler turista. Y Lavapiés se va malasañeando, con panaderías que venden hogazas de masa madre para diseñadores gráficos. Incluso, le han puesto su nombre a una placita minúscula, al lado de donde ella creció y ante la retina indiferente del ojo de easyjet.

Surge, pues, la sospecha de que, en el fondo, lo que pasa es que a Gloria Fuertes la han gentrificado, como un decorado de washitape, que todo el mundo mira y admira pero nadie lee. O sea, como antes, pero en bonitista.

Guillermo Laín Corona es profesor de Literatura Española en la UNED y dramaturgo.

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