Germany is different

‘Neus Català: Retorn a Ravensbrück’. Así se llama el documental que dirigí el 17 de abril del 2005 para conmemorar los 60 años de la liberación del campo de concentración de Ravensbrück. Uno de los peores campos de exterminio que hubo en Alemania y el único ideado expresamente para mujeres. Fui con otras personas a acompañar a Neus Català, la única superviviente española viva. Tiene 102 años y reside en su pueblo natal: Els Guiamets. La mayor parte de su vida la ha pasado exiliada en Francia. Republicana combatiente, fue denunciada por un falso maqui y después de pasar por la cárcel de Limoges (Francia), en 1944 fue deportada al campo de concentración de Ravensbrück, situado a 90 kilómetros de Berlín.

Recuerdo con emoción esos días acompañándola en su vuelta al infierno. Esa Fortaleza y ese sentido del humor que la mantuvieron cuerda y viva. Y sobretodo, esas ganas de contarlo todo. Desde el primer día, que pensó en la memoria de las mujeres que murieron en el campo y de las que ni siquiera llegaron a entrar. Muchas fallecieron en el tren de ganado en el que fueron deportadas. De ellas sacó la fortaleza para vivir. Tenía que sobrevivir para contarlo.

Una de las cosas que más me impactó, fue saber con qué miedo recuerda el día de su liberación. El 30 de abril de 1945. Este mes se cumplen 77 años. Muy angustiada y descolocada, no sabía dónde ir ni qué hacer, con un vacío enorme en su interior. Por una parte, contenta porque Europa había acabado con el fascismo. Pero, por otra, muy apenada porque en España seguía Franco y ella no podía volver a casa. Recuerdo también, la rabia y el cabreo que cogía cada vez que veía que habían desmontado alguna cosa. “Esto no estaba así. Esta ventana no existía. Esto estaba lleno de barracones, pero ya los han sacado –gritaba muy enfadada-. No quieren que veamos el horror. Se avergüenzan”. Normal, pensaba yo. Reconocer que tu país hizo semejante barbaridad no es fácil de encajar.

Hablé con una señora que vivía en una casita cerca del campo y me reconoció que sus padres vivieron toda la vida con la culpa y el remordimiento de sospechar lo que se hacía allí y de no haber hecho nada. Lo mismo decían sus vecinos. Los alemanes llevan esa carga con una enorme tristeza pero también con mucha dignidad. Y donde no llega la moralidad de la gente, llegan las leyes del país. A nadie se le pasa por la cabeza hacer apología del nazismo o levantar el brazo emulando el saludo fascista, y el que lo haga sabe que puede ir a la cárcel, porque el ensalzamiento del nazismo está penado legalmente en Alemania. Tampoco se ven iconos nazis, ni calles con nombre del ‘führer’. Solo dejan los campos de concentración. Lo malo. Para que a nadie se le olvide. Un ejercicio brutal de autocrítica.

Y muchos museos y homenajes. Como ese maravilloso monumento de memoria al Holocausto que hay en Berlín formado por 2.711 bloques de hormigón. Representa a la perfección lo que pasa con el fascismo. Primero lo ves y piensas que no es nada. Que no va contigo. Luego empiezas a andar y, a medida que te metes dentro, empiezas a agobiarte un poco. Los bloques que parecían todos iguales, empiezan a cambiar, algunos son cada vez más grandes, cuesta encontrar la salida y, de repente, te entra una angustia importante. Pero cuando esto pasa ya es demasiado tarde. Estás atrapado en ese laberinto físico y emocional. Buen ejercicio de empatía.

A nadie se le ocurre en Alemania decir que con Hitler se vivía mejor. En España lo hacemos todo un poco diferente. Podemos ver en algunas manifestaciones, símbolos fascistas, brazos en alto y uno puede gritar “Viva Franco” sin miedo a ser detenido. En nuestro país, algunos no solamente no se avergüenzan de nuestro triste pasado, sino que están orgullosos de él y lo dicen sin ningún tipo de rubor. Igual por eso todavía quedan en España más de mil doscientas calles con nombres de personajes relacionados con el franquismo. Como la avenida del Generalísimo o la calle de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, que se pueden encontrar en distintos lugares del Estado. Bares como el Casa Pepe, de Ciudad Real, que tiene por lema: “rojo que vuela a la cazuela”, banderas con el águila franquista en partidos de fútbol o la existencia de la Fundación Francisco franco.

¿Se imaginan ustedes una fundación con el objetivo de difundir la memoria y obra de Adolf Hitler? O el Valle de los Caídos.  ¿Se imaginan que en el lago de Ravensbrück, donde descansan las cenizas de las aproximadamente 92.000 mujeres que murieron en ese campo, pusieran encima la tumba de Hitler y de los SS que las asesinaron? Mucho falta por hacer en nuestro país. Alemania tiene un triste y oscuro pasado, pero lo acepta con dignidad y cuidándose mucho de que no vuelva a pasar. ¡Spain is different! igual por eso donde unos ven un delito de rebelión, otros ven… Bueno, otros directamente no ven nada.

Imma Sust, periodista.

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