Global, mundial, internacional

Por Carlos Fuentes, escritor mexicano (EL PAÍS, 07/02/07):

La “excepción” francesa la llama “mundialización”. Mi propia formación -o deformación- la llama “internacionalización”, pero todos o casi todos la llaman “globalización” y la presentan no sólo como signo, sino novedad de nuestro tiempo.

Signo quizá, pero novedad no. Por lo menos en la “modernidad” (otro apelativo a discusión) dos globalizaciones preceden a la actual. La globalización de los siglos XV a XVI: Colón y América, Magallanes y la vuelta al mundo. Y la revolución global de la industria en los siglos XIX y XX. En ambos casos, el hecho reclamó el derecho. La Conquista de América, la legislación de Indias. Y la revolución industrial, la legislación del trabajo.

Que el hecho y el derecho nunca coincidieran por completo, resulta evidente. Que sin el derecho el hecho se habría impuesto sin límites sociales y humanos, también.

Como soy lego en asuntos económicos, leo cotidianamente el gran periódico británico The Financial Times para estar al tanto de lo que ignoro. Hace unas semanas, el excelente analista Martin Wolf disecaba (por así decirlo) las perspectivas de la economía global en 2007, a partir de esta pregunta: ¿A qué grado es sostenible la dinámica de la economía mundial? Ésta creció en los pasados cinco años más que en cualquier quinquenio posterior a la II Guerra Mundial. Las economías desarrolladas registraron un crecimiento promedio del 3%. Las de China y la India, del 7%. La América Latina, como de costumbre, siguió sumando crecimiento con injusticia.

Wolf considera que son cuatro los motores de la globalización: la innovación tecnológica, el colapso de los precios para reunir, analizar y transmitir información; el ingreso a la economía de “la vasta mayoría del género humano” que vive en el sureste asiático; y la integración de los mercados mundiales de bienes, servicios y capitales. Hemos entrado a un mundo de “estabilidad monetaria” basada en factores de voluntad e inteligencia y ya no, como antes, de materias primas. Altas ganancias, crecimiento rápido, fiscalidad y comercio, disminuyen los riesgos al grado de que una crisis sería de corto término, liberando una “corrección” casi inmediata.

Por desgracia, analiza Wolf, el mundo padece de un gigantesco exceso de ahorro por encima de la inversión, Alemania y Japón ya no invierten tanto como ayer, China y Asia ahorran mucho y los países exportadores de petróleo gastan menos. El resultado es un “desequilibrio global”: EE UU ha absorbido las tres cuartas partes del ahorro excedente del mundo y el mundo industrializado ha relajado sus políticas monetarias.

Pero semejante “liquidez”, argumenta el articulista, pronostica correctivos dolorosos. EE UU sólo crecerán este año a razón del 2% y las economías emergentes se divorciarán aún más de las desarrolladas, para preguntarse: ¿qué tan plausible es la tesis de la dinámica subyacente?

Ello depende, según The Financial Times, de dos cuestiones importantes. La primera es contener la inflación. La segunda es mantener la globalización. La primera parece hoy resuelta. En cambio, la segunda aumenta movimientos hacia el proteccionismo y la percepción creciente de que la globalización no favorece a las mayorías.

Y es que la economía puede ser global, pero la política es local, y las políticas que sostienen la globalización son frágiles. EE UU se encamina, opina Wolf, al peor desastre militar “en toda su historia”. Un ataque a Irán sería catastrófico. Corea del Norte le pinta al mundo violines nucleares. Los poderes relativos de la religión y la política islámicos se encuentran en plena agitación.

The Financial Times concluye que por todo ello, el futuro de la globalización dependerá de la inteligencia política -“una materia prima, como siempre, de oferta temerosamente reducida”, indica Wolf.

Y nuestra América Latina, de nuevo en “el furgón de cola” que le asignase Alfonso Reyes, siempre aplazando la reforma fiscal, favoreciendo a sus plutocracias y desesperando a sus mayorías, hoy por hoy, mayoritariamente apegadas a procedimientos democráticos. ¿Hasta cuándo?

La respuesta mayor acaso se encuentre, más que en la globalización o en la mundialización, en la internacionalización que le aporta a la realidad una legalidad tanto interna como externa.