Gran Bretaña, como Egipto

Las relaciones de Reino Unido con la Unión Europea pueden compararse con las que hubo entre Egipto y el Imperio Romano. Como el gran Reino de Egipto, Reino Unido había dirigido su propio gran Imperio en el pasado y nunca se ha integrado plenamente como un miembro más del nuevo Imperio. Asimismo, Reino Unido es una economía urbana altamente desarrollada y uno de los miembros más ricos del Imperio; es un centro mundial de la cultura y la educación superior; y tiene una excelente ubicación para el comercio y los intercambios económicos y culturales con otras áreas del mundo. Como Egipto en relación con el Imperio Romano, Reino Unido goza de una posición institucional única dentro del Imperio europeo, ya que no está sometido a muchas de las reglas generales aplicadas por todos los demás miembros de la Unión; ha intentado varias veces entrar y salir del Imperio; y maniobra constantemente para preservar su autonomía. Tan estimado y admirado como fue el antiguo Egipto es hoy Reino Unido, y muchos europeos lamentarían mucho que dejara de ser miembro de la Unión.

La cuestión es que un trato especial y único con un miembro destacado como el antiguo Egipto o el actual Reino Unido puede ser difícil de acomodar en una federación formal. Pero es factible en una estructura de tipo “imperial”, como la del Imperio Romano o la Unión Europea. Un “imperio” permite gran flexibilidad y asimetría en los vínculos entre sus unidades y el centro. En el Sacro Imperio Romano-Germánico medieval y protomoderno, que es el precedente más parecido a la actual UE, los Principados y las Ciudades estaban organizados en diferentes consejos y solo algunos de ellos participaban en el Consejo de los Electores. El moderno Imperio Austro-Húngaro tenía el nombre adecuado para subrayar los diferentes grados de autonomía de sus unidades. La India actual, que es la federación democrática más grande que nunca ha existido y, como tal, cargada con muchas asimetrías de tipo imperial, reconoce estatus especiales a 11 de sus 29 Estados.

Desde su posición especial, Reino Unido ha hecho enormes contribuciones al Imperio europeo. Entre ellas: su fuerza militar, su enfoque liberal de los intercambios de libre mercado, el alcance global de su influencia en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y las principales instituciones globales, y haber hecho del inglés la lengua franca de todos los europeos al margen de la rivalidad tradicional entre el francés y el alemán. Todo esto es sustancial y vital para que la UE continúe siendo una entidad atractiva, orientada al futuro y abierta al mundo. Reino Unido continuará haciendo importantes contribuciones si permanece en la UE.

La alternativa a un estatuto especial de Reino Unido en una UE imperial y no federal es salir de la unión y tratar de recuperar su plena soberanía. Pero no hay tal cosa como una separación o un divorcio gratis. La economía británica está muy integrada en la Unión Europea, especialmente en exportaciones, inversión extranjera directa y servicios financieros. Los costes económicos previsibles del Brexit son considerables. Las ganancias hipotéticas de la búsqueda de socios alternativos son, como suele suceder en los divorcios, remotas e inciertas. Entre las consecuencias políticas probables destaca la Escoxit, es decir, la salida de Escocia de Reino Unido. Irlanda del Norte, que de repente quedaría separada del resto de la isla por una nueva frontera, también podría tratar de reubicarse dentro de la República. Para muchos ingleses, este podría ser otro episodio, posiblemente definitivo, del largo y no siempre bien digerido proceso de desmantelamiento del Imperio Británico. Después de un Brexit, podrían encontrarse viviendo en Pequeña Inglaterra, más que en Gran Bretaña, lo cual no sería un final feliz.

Pese a las reticencias actuales, muchos federalistas europeos también pueden acabar prefiriendo una Europa menos federal y más “imperial” con Reino Unido dentro a una federación europea sin los británicos. Una UE sin Reino Unido sería más pequeña, más alemana, más conservadora y más débil en el mundo. La única cosa que los europeos podrían imaginar que ganarían sin los británicos a la mesa es que el idioma inglés se convertiría definitivamente en neutral. Todos los miembros de la UE utilizarían el inglés con la misma desventaja, ya que para todos ellos sería un idioma adicional. Sería algo tan agridulce como comer el pastel bien cocinado por la exesposa tras su ruptura unilateral.

Josep M. Colomer es profesor de Economía Política en la Universidad de Georgetown y autor de The European Empire.

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