Gran Bretaña contraataca

Mientras el mundo se recupera de la Gran Recesión, el interrogante al que se enfrentan las economías avanzadas es el siguiente: ¿cómo les ofrecemos un crecimiento sostenido y una prosperidad creciente a nuestros ciudadanos?

En Gran Bretaña, tenemos un plan económico que ofrece estabilidad económica, se ocupa de manera decisiva de nuestro déficit presupuestario sin precedentes, abre las puertas del país al comercio y la inversión y aborda las deficiencias estructurales que nos hacen perder posiciones como un lugar donde hacer negocios y crear empleos. Por supuesto, cada país es diferente –y las prescripciones en materia de políticas para cada uno tienen que tener esto en cuenta-. Pero la lección a partir de la experiencia británica es que la única manera de garantizar prosperidad -para ganar la llamada “carrera global”- es atacando los problemas sin ambages.

Cuando el gobierno de coalición llegó al poder hace tres años, se pronosticaba que el déficit del Reino Unido sería superior al de cualquier otro país del G-20, en más del 11% del PBI. A diferencia de Estados Unidos, no contábamos con la ventaja de emitir la principal moneda de reserva del mundo. Y nuestra proximidad con la eurozona, sumida en una crisis de deuda soberana, implicaba que restablecer la credibilidad fiscal e impedir un alza de las tasas de interés de mercado era nuestra prioridad más urgente.

De manera que, en el transcurso de los últimos tres años, hemos implementado un plan continuo de reducción del déficit. En consecuencia, hemos logrado una mayor reducción del déficit estructural que cualquier otra economía avanzada importante.

La crisis de la eurozona en nuestra puerta, y el daño persistente infligido por el colapso de nuestro sistema financiero, minaron el crecimiento económico en 2011 y 2012. Aun así, nuestro mercado laboral tuvo un desempeño mucho mejor que en recesiones anteriores, lo que permitió que una cantidad sin precedentes de gente conservara su empleo. Y nuestro plan económico creó los cimientos para el fortalecimiento de la recuperación que hemos visto a lo largo de 2013, a la vez que nuestro Esquema de Financiamiento para el Crédito generó mejoras significativas en las condiciones del préstamo. Como resultado de ello, el pronóstico más reciente del Fondo Monetario Internacional ha revisado hacia arriba el crecimiento del Reino Unido -y más aún que para cualquier otra economía del G-7.

Sin embargo, eso no significa que podamos relajarnos. La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria, el organismo que ofrece una evaluación independiente de las finanzas públicas británicas, ha demostrado que si bien el déficit ha venido disminuyendo con mayor rapidez, no se puede depender exclusivamente de un crecimiento económico más fuerte para encarar el componente estructural del déficit.

Lidiar con el déficit exigió tomar decisiones difíciles -desde reformar el estado de bienestar y aumentar la edad de las pensiones estatales hasta controlar las remuneraciones del sector público-. Pero yo siempre he sido de la idea de que un país no puede enriquecerse a sí mismo librando cheques a su nombre. Necesitamos hacer elecciones responsables para asegurar que podemos vivir con los medios que tenemos -y eso es lo que me propuse cumplir.

Un gobierno que vive con los recursos que tiene disponibles es una condición necesaria para amarrar la economía para el largo plazo -pero no es suficiente-. El éxito también requiere tomar medidas audaces para derribar las barreras comerciales y abrir la economía a la inversión de países de rápido crecimiento como China e India. Eso es precisamente lo que hemos hecho. Me atrevería a decir que ningún país de Occidente es más abierto a la inversión que el Reino unido.

¿Cuántos países occidentales permitirían, mucho menos fomentarían, la inversión china en sus nuevas centrales nucleares? De hecho, ¿cuántos países occidentales tienen un ambicioso programa nuclear civil? Nosotros sí, razón por la cual estuve en China en octubre cerrando un acuerdo entre inversores chinos y EDF Energy para construir el primer reactor nuclear en el Reino Unido en una generación.

Por cierto, en foros internacionales, el Reino Unido es el primero en defender el libre comercio. El acuerdo alcanzado en la conferencia ministerial de la Organización Mundial de Comercio en Bali este mes fue un paso histórico hacia adelante -con un beneficio calculado para el Reino Unido de 1.000 millones de dólares-. Pero el Reino Unido seguirá sosteniendo que éste debe ser el comienzo, no el fin, de una decisión mayor de liberalizar el comercio, para beneficiarse del crecimiento y de los empleos que eso trae aparejados.

También hemos tenido que ocuparnos de las deficiencias estructurales que han sido un lastre para el Reino Unido. Quizá la señal más visible de esto haya sido nuestra decisión de recortar la tasa del impuesto corporativo al nivel más bajo en el G-20. Mi razonamiento es muy simple: quiero impuestos competitivos que digan que Gran Bretaña está abierta a los negocios para las compañías globales. En un momento en el que otros países están considerando impuestos a las transacciones financieras, nosotros estamos aboliendo algunos de estos impuestos. Y, con nuestras reformas bancarias, estamos fortaleciendo nuestra reputación como la sede de las finanzas globales -desde seguros hasta gestión de activos, y desde los nuevos mercados offshore en renminbi hasta la emisión del primer sukuk soberano, o bono islámico, en un país no islámico.

Esto no tiene que ver con una reducción de las normas regulatorias; de modo que, al mismo tiempo, Gran Bretaña ha venido liderando en la lucha contra la evasión impositiva. Sí, quiero impuestos competitivos, pero hay que pagarlos. La evasión impositiva fue un tema central durante la presidencia del Reino Unido del G-8 este año, lo que resultó en compromisos con nuevos niveles sin precedentes de intercambio automático de información tributaria entre los países. Unas 39 jurisdicciones -desde Francia y Alemania hasta Sudáfrica y México- ya han firmado para convertirse en los primeros en adoptar el nuevo patrón de intercambio automático de información.

En una carrera global, uno no puede quedarse parado. De manera que, si bien nuestras reformas educativas están elevando los estándares, necesitamos hacer más. Las universidades británicas son uno de nuestros mayores activos. Atraen a muchos miles de estudiantes internacionales de todo el mundo cada año. Esa es la razón por la cual, en mi declaración financiera de la primera semana de diciembre, anuncié que elevaríamos la cantidad de estudiantes universitarios en el Reino Unido. El acceso a una educación superior es un prerrequisito básico para el éxito económico, y tenemos que asegurar que Gran Bretaña pueda competir con países como Estados Unidos y Corea del Sur, que envían una proporción muy superior de su gente joven a la universidad.

Aquí reside la verdad incómoda. En una carrera global, hay ganadores y perdedores. Algunos países harán lo que sea necesario para seguir siendo competitivos. Otros no. Yo estoy decidido a que Gran Bretaña no se quede atrás. Prácticamente más que cualquier otra economía importante, Gran Bretaña pagó un precio alto en la Gran Recesión, luego de una década de políticas económicas erradas. Ahora estamos contraatacando, y el mensaje al mundo es claro: el Reino Unido está abierto a los negocios.

George Osborne is Chancellor of the Exchequer of the United Kingdom.

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