Gran Bretaña y la EFTA

El Consejo Europeo decidió hace ya cuatro meses adoptar varias iniciativas en relación con la situación política generada por la decisión de Gran Bretaña de celebrar un referéndum sobre su permanencia o no en la Unión Europea. Dado que la UE ha sido incapaz en los últimos años de hacer frente a la provocación, estas negociaciones de última hora han tratado de acomodar, todavía más, a los británicos en la Unión. Desde revisiones en materia financiera -en el sentido de no discriminar a la City desde la eurozona-, competitividad y mercado interior hasta la soberanía para dar un mayor papel a los parlamentos nacionales y la inmigración, para limitar el acceso a prestaciones sociales. Y un elemento determinante: dejar abierta la posibilidad de que los británicos se puedan mantener al margen de decisiones que puedan afectarles. Es decir, condiciones particulares para uno de los socios del proyecto, que además es una de las potencias económicas de la Unión. El riesgo sería el efecto de contagio a otros miembros del club: por ejemplo, Polonia, Hungría y Austria.

¿No será que Gran Bretaña no debería haber entrado nunca en la UE y sí haber apostado por fortalecer y ampliar sus relaciones con Estados Unidos? EEUU ha sido el gran ejemplo del desarrollo del capitalismo británico. Entre ambas sociedades han impuesto una dinámica de mercado y crecimiento que ha sido líder en los sistemas económicos mundiales desde hace siglos. Basta releer a Adam Smith y ver cómo los principios que ideó siguen vigentes. En el siglo pasado, Ronald Reagan y Margaret Thatcher promovieron una agenda reformista en la línea más dura de los primeros pensadores: bajar impuestos, reducir el gasto social, dar todo el poder al mercado, la máxima iniciativa privada y constantes restricciones de la actividad del sector público. El Estado era para ambos un problema y no la solución.

La consecuencia de estas políticas, efectivamente, es que los mercados han ido avasallando y las desigualdades en el mundo han aumentado dramáticamente. Como dice Nicholas Shaxson en ‘Las islas del tesoro. Los paraísos fiscales y los hombres que robaron al mundo’, nadie ha negado la afirmación de que Gran Bretaña está asentada como una araña en el centro de una gran telaraña internacional de paraísos fiscales, y desde ahí atrapa billones de todo el mundo para canalizarlos hacia la City de Londres. Y nadie niega que EEUU se ha convertido en un gigantesco paraíso fiscal, algo que Barack Obama no ha podido resolver. Dos visiones, por tanto, demasiado coincidentes.

Algunos pensamos que Europa debe ser lo contrario, un espacio social de progreso, tener una visión en común, con una verdadera y profunda orientación integradora del futuro federal de la Unión. Los valores y principios que fueron inspiradores del proyecto europeo, como la dignidad humana, la libertad, la paz y el bienestar de los pueblos europeos, son clave y deberían estar al frente de la agenda de la Unión. Hay que luchar por una Europa social de progreso, no solo por un mercado, que también es necesario, evidentemente, pero no como elemento inspirador. Para eso hay otros ámbitos a los que pertenecer, como el Espacio Económico Europeo, la EFTA (Asociación Europea de Libre Comercio) y la OMC (Organización Mundial del Comercio).

Creo sinceramente que los británicos deberían decidir no seguir en la UE y volver a la EFTA. Ellos fueron, en 1959, los inspiradores de esta organización como reacción a lo que en esos momentos se estaba creando desde Francia y Alemania, y por la necesidad de defender la Commonwealth. Y lo consiguieron, firmando en Estocolmo el tratado para eliminar los derechos de aduana para los productos industriales, un pacto que no afectaba a los productos agrícolas ni a los del mar. Los resultados de la asociación fueron positivos, ya que consiguieron un significativo aumento del comercio exterior entre 1959 y 1967. El proyecto quedó mermado cuando Dinamarca y el Reino Unido dejaron a Islandia, Suiza, Noruega y Liechtenstein para ingresar en la UE.

Otros proyectos se vislumbran hoy en la UE: algunas voces piden dar un empujón a la integración impulsando la unión en defensa y definiendo el futuro Parlamento de la eurozona y su autonomía para integrar políticas económicas y fiscales, Hacer, por lo tanto, lo que Estados Unidos consiguió posteriormente a la Declaración de Independencia de 1776.

Un futuro federal de la Unión con los principios que promovieron Monet, Schumann y otros no es compatible con lo que se ha descrito. La UE debe decir ‘no’ y ampliarse, si es que así procede, con una mirada más social e integradora, hacia el sur tal vez. Un espacio donde es más necesario que nunca pacificar y cooperar para una estabilidad necesaria y obligada.

Max Vives-Fierro, director de la Fundació Catalunya Europa.

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