Guerra, terrorismo y elecciones: incidencia electoral de los atentados islamistas en Madrid

Por Narciso Michavila, profesor de Opinión pública y seguridad en el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de la UNED (REAL INSTITUTO ELCANO, 10/03/05):

Introducción

La incidencia de los atentados del 11 de marzo de 2004 en las elecciones que se celebrarían tres días después en España ha sido objeto de todo tipo de especulaciones. Llega el momento de contrastar las hipótesis que, a lo largo de estos doce meses, han pretendido explicar un resultado electoral inesperado, aportando nuevos datos que permitan determinar el sentido y la magnitud de la influencia de los atentados en el voto.

Las principales explicaciones del inesperado vuelco electoral pueden agruparse en torno a cuatro hipótesis: (1) un deseo latente de cambio de Gobierno; (2) la conmoción producida por los atentados; (3) el castigo al Gobierno por su posición en la guerra de Irak; y (4) la manipulación informativa en una doble vertiente, del Gobierno y contra el Gobierno.

Tras repasar estas hipótesis y analizar el cambio de voto producido por los atentados se llega aquí a la conclusión de que para que se produjera el vuelco electoral fueron necesarias la confluencia de todas y cada una de las tres primeras hipótesis, actuando la cuarta –la de la manipulación informativa en sus dos vertientes– de refuerzo. Es decir, sin un deseo latente de cambio, sin el apoyo a la intervención en Irak y sin los atentados no se habría producido el vuelco electoral del 14 de marzo de 2004.

El empleo simultáneo de diversas herramientas de investigación permite establecer que los efectos de los atentados en los comicios fueron: (1) la activación de un millón setecientos mil votantes que no pensaban votar; (2) la decisión final de no votar de otros trescientos mil –lo que se tradujo en un incremento de cuatro puntos en la participación–; y (3) la “conversión” de un millón cien mil electores.

1. La irrupción del terrorismo islamista en España

“Todos los terroristas tienen algo en común: ninguno de sus actos son fortuitos o carecen de sentido”

Bruce Hoffman, Inside Terrorism, p 195.

La irrupción del terrorismo en una campaña electoral no es una novedad en la historia de las democracias. Precisamente, la primera vez que se empleó el terrorismo bacteriológico masivo contra la población civil fue para intentar alterar unos resultados electorales[1]. En España, la banda terrorista ETA ha intentado estar siempre presente, de una forma u otra, para influir en el voto de los electores. Tanto es así, que catorce días antes de la celebración de las elecciones generales de 2000 asesinó al líder del Partido Socialista de Euskadi, Fernando Buesa; un mes antes de la celebración de los comicios al Parlamento Vasco de 1998 ETA declaró una tregua, con el fin de presentar un escenario más favorable a sus reivindicaciones; en la campaña electoral del 14 de marzo de 2004, ETA volvía a estar presente con el anuncio de una tregua exclusiva para Cataluña y con el intento de un nuevo atentado en Madrid, evitado gracias a la detención por la Guardia Civil de una furgoneta cargada con 500 kg de explosivos justo en el comienzo de la campaña electoral.

Sin embargo, la incidencia de los atentados del 11-M en las elecciones que se celebrarían setenta y dos horas después superó todos los patrones conocidos en España, por su brutalidad y por su autoría[2]. Las 192 víctimas mortales suponen la quinta parte del total de asesinados en atentados terroristas en los últimos treinta años en nuestro país[3]. La sociedad española había soportado la estrategia de la “socialización del sufrimiento” desarrollada por el independentismo vasco radical, pero nunca había tenido que enterrar tantas víctimas en un solo día, como tampoco nunca antes había tenido que sustituir los mítines de cierre de campaña por los entierros de sus conciudadanos[4].

El hecho de que los atentados fueran obra de terroristas islamistas era otro elemento inédito para la sociedad española y europea, con implicaciones electorales muy diferentes de haberse tratado de un atentado “etarra”, tal y como rápidamente manifestaron todos los analistas e informaron los medios de comunicación internacionales en la víspera electoral. La autoría de ETA beneficiaría al partido en el Gobierno por los evidentes logros conseguidos en la lucha antiterrorista; si, por el contrario, fuera obra de grupos islamistas la responsabilidad de las muertes recaería sobre el Partido Popular por el apoyo a Estados Unidos en la guerra de Irak con la clara oposición de la opinión pública española.

Esta disyuntiva introdujo un tercer elemento que pudo ser determinante en la decisión electoral de muchos votantes: la confusión sobre la autoría dio lugar a un clima de enfrentamiento entre la línea de comunicación del Gobierno Popular, que sostuvo casi hasta el último momento que “la principal sospechosa es ETA” y los medios de comunicación más críticos, que apostaron casi desde el primer momento por la autoría islamista[5]. Una vez más, los medios de comunicación, con sus aciertos y sus errores, pero por encima de todo con gran dedicación, fueron por delante en la interpretación y análisis de la información proporcionada por el Gobierno ante una crisis terrorista de origen exterior (Nacos, 1994 y 2002; Norris et al., 2003; Palmer, 2003).

Los tres elementos –brutalidad, autoría y confusión sobre la misma– han convertido los comicios de marzo de 2004 en laboratorio de sociología electoral del que han estado pendientes todas las democracias occidentales. La presente investigación pretende aportar datos que ayuden a determinar el sentido y magnitud de la incidencia electoral de los atentados. Para ello se han evaluado las encuestas preelectorales y postelectorales publicadas, se han analizado los microdatos de la encuesta postelectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), se ha estudiado la solicitud del voto por correo de residentes (CER) como predictor de la participación, los resultados del voto ausente (CERA) y la evolución histórica del voto[6].

Escapan al objeto de esta investigación el estudio de los discursos políticos y el análisis de la intencionalidad de los terroristas[7]. En este análisis lo que interesa es la sociedad y su reacción ante los atentados.

Si el propósito de los terroristas, como dice el prefacio del Informe sobre el 11-S, es “privar al mundo del pluralismo político y religioso y del derecho al plebiscito”, en el caso español hay que decir que tal propósito no fue conseguido; más bien al contrario: el 14 de marzo los españoles volvieron a hacer cierta la máxima de Karl Popper de que “los retos de la democracia se vencen con más democracia”. Ese día, por encima de cualquier opción política, venció la Democracia.

Venció la Democracia y venció el PSOE, que obtuvo el mayor apoyo popular jamás logrado en términos absolutos, el de más de once millones de electores, o lo que es lo mismo, uno de cada tres españoles mayores de edad. En términos relativos se trata de los segundos mejores resultados tras los alcanzados por Felipe González en 1982. Si este apoyo no se tradujo en más escaños –los 164 obtenidos le dejaron a doce de la mayoría absoluta– es por la fortaleza del segundo partido, el Popular, que obtuvo casi diez millones de votos que se tradujeron en dieciséis escaños menos que el ganador.

La visión de estos datos en perspectiva temporal se aprecia en la tabla que ofrece los resultados de las nueve elecciones generales celebradas en España desde la instauración de la democracia.

Tabla 1. Evolución del voto (en miles)

1977

1979

1982

1986

1989

1993

1996

2000

2004

Censo

23.584

26.836

26.847

29.118

29.604

31.031

32.532

33.970

34.572

CER

23.584

26.836

26.847

28.860

29.438

30.649

32.006

33.039

33.475

Votos a candidaturas

18.278

17.934

20.952

20.082

20.352

23.403

24.803

22.814

25.483

PSOE

5.338

5.477

10.127

8.902

8.116

9.150

9.426

7.919

11.026

PP

1.472

1.099

5.548

5.248

5.286

8.201

9.716

10.321

9.763

IU

1.151

1.940

686

768

1.627

1.906

2.343

1.263

1.284

IC

231

273

297

119

UCD

6.310

6.291

1.425

CDS

601

1.839

1.618

415

CiU

483

773

1.014

1.032

1.166

1.152

970

835

PNV

296

275

396

310

252

291

319

354

421

EA

137

129

116

101

81

ERC

144

123

138

124

85

190

168

195

652

CC

207

220

248

235

BNG

127

220

306

209

Cha

50

75

94

Fuente: Ministerio del Interior.

2. Sistema y comportamiento electoral español

Para la comprensión de algunos argumentos expuestos a continuación es conveniente realizar un somero repaso, tanto del sistema, como del comportamiento electoral español. Asimismo, es preciso recordar que España es una monarquía parlamentaria donde la Constitución reserva las competencias de política exterior y de defensa al presidente del Gobierno.

Respecto al sistema electoral hay que señalar que la inscripción en el censo es automática y el voto no es obligatorio[8]. El sistema de elección a la Cámara Baja es mediante lista cerrada y bloqueada, con un sistema de reparto de representantes “proporcional corregido”, con 52 circunscripciones, donde se eligen 350 Diputados al Congreso en función de la población. Al mismo tiempo se celebraban elecciones al Senado, donde cada provincia es representada por los cuatro senadores que mayores apoyos reciben: cada elector puede elegir nominalmente tres senadores.

Se trata de un “sistema electoral fuerte”, es decir, con gran capacidad de orientar el voto de los ciudadanos en un determinado sentido. Así por ejemplo, desde las primeras elecciones democráticas de 1977 hasta la actualidad se ha ido produciendo un proceso de acumulación del voto en los dos partidos mayoritarios hasta llegar a una concentración del 82% en las elecciones generales de 2004.

Aunque el sistema sea proporcional, la corrección de la proporcionalidad mediante la Ley D’Hont de reparto de escaños y, sobre todo, el elevado número de circunscripciones hace que la desproporcionalidad sea más propia de un sistema mayoritario. Esto provoca, por un lado, que pequeñas variaciones de voto produzcan alteraciones en el reparto de escaños significativos y, por otro, cierta desproporcionalidad en la representación, resultando sistemáticamente perjudicados en las elecciones generales los partidos de ámbito estatal no mayoritarios: tradicionalmente la coalición de Izquierda Unida y las formaciones de Centro.

La campaña electoral tiene una duración oficial de catorce días, aunque la propaganda electoral comienza con antelación pero sin solicitar expresamente el voto, y finaliza un día antes de los comicios para dejar paso a la denominada “jornada de reflexión”, donde no están autorizados los actos de tipo político. Según la tradición europea no está permitida la publicidad pagada en televisión, aunque los medios públicos ponen a disposición espacios gratuitos para la inserción de spots publicitarios. Están autorizados los debates televisivos entre candidatos, pero ha sido una constante que el partido que se ve con mayores posibilidades de ganar se niegue al mismo, de forma que sólo se celebraron en las elecciones de 1993. En estas últimas elecciones generales fue el Partido Popular el que puso obstáculos a la celebración de tales debates, reclamados por la mayoría del electorado. Las encuestas electorales pueden publicarse hasta cinco días antes de la celebración de los comicios.

El voto por correo tiene dos vertientes, la de los españoles censados en España (CER) y la de los residentes en el extranjero (CERA). La proporción de los que deciden votar por correo es mínima, en torno a tres de cada cien votantes. En concreto, en las elecciones de marzo de 2004, de un total de 26.155.436 electores, votaron por correo 557.533 residentes en España y 295.934 residentes en el extranjero. Es decir, el 3,3% de los votantes habían emitido su voto con anterioridad a los atentados del 11-M. El voto por correo de residentes en España (CER) se introduce en la urna donde el votante está inscrito al cierre de los colegios electorales, por lo que no puede conocerse su resultado agregado; lo que sí es posible en el caso del voto de los emigrantes (voto CERA), al escrutarse en cada provincia la semana posterior a los comicios.

En el terreno del comportamiento electoral cabe destacar que la participación en elecciones de primer orden, como son las legislativas, es normalmente elevada, oscilando entre el 70% y el 80% del censo. El escenario político españoles muy polarizado y el voto bastante estable por el componente ideológico que tiene. La progresiva difusión de las líneas divisorias (cleavage) de clase y religión y la sustitución del eje ideológico izquierda-derecha por el eje nacionalista apenas han supuesto mayor independencia del voto.

En el siguiente gráfico se muestra la autoubicación de los votantes de los diferentes partidos, en función de su posicionamiento en el eje izquierda-derecha (siendo 1 extrema izquierda y 10 extrema derecha) y el sentimiento de identidad nacional (siendo 1 “me siento sólo español” y 5 “me siento sólo andaluz, catalán, madrileño, etc.”):

Gráfico 1. Autoubicación ideológica e identitaria de los votantes según recuerdo de voto
Gráfico 1. Autoubicación ideológica e identitaria de los votantes según recuerdo de voto

La volatilidad electoral en las elecciones generales es cercana al 10% del electorado cuando se calcula de forma agregada (Oñate y Ocaña, 1999). La volatilidad individual es lógicamente algo mayor que la agregada pero, incluso en los momentos de cambio político, no llega al 20% del electorado, siendo inferior al 15% en situaciones de estabilidad (Gunther, Montero y Botella, 2002). En esta ocasión los cambios agregados, incluida la abstención, entre las elecciones de 2004 y las precedentes, han sido cercanos al 11% del electorado y menores aun, cercanas al 7%, en relación al año 1996. Los principales cambios electorales son fruto de la abstención diferencial –amplificada por el sistema de asignación de escaños– y no tanto de la volatilidad electoral. Las mutaciones del electorado no se producen por crisis repentinas sino mediante mareas paulatinas.

Respecto a la decisión del voto, son aplicables al caso español los descubrimientos realizados en otras sociedades: la mayoría de la población tiene decidido su voto antes de la campaña electoral, siendo mínima la incidencia de los sondeos. Éstos, al igual que la campaña electoral, más que captar nuevos votantes lo que hacen es reforzar la fidelidad del propio electorado, pues la mayoría de los que mudan su voto lo han decidido con gran anterioridad a la campaña electoral.

El voto se decide mediante juicio contrafáctico, o lo que es lo mismo, para que el electorado retire su apoyo al Gobierno no basta con que esté insatisfecho con sus logros, sino que además debe estar convencido de que la oposición lo hará mejor. Los aspectos en los que el ciudadano es más crítico con la gestión del Gobierno son aquellos en los que percibe mayor responsabilidad. Como se ve, nada nuevo que permita afirmar que el electorado español tenga pautas específicas de comportamiento no comparables con otras sociedades.

3. Hipótesis sobre el vuelco electoral

Las elecciones del 14-M arrojaron unos resultados imprevistos para la mayoría del electorado español, que preveía la semana anterior una victoria del Partido Popular que finalmente no se produjo.

Tabla 2. Expectativas de victoria del PP y del PSOE
¿Qué partido cree que va a ganar las elecciones?
(%)

PP

PSOE

CIS

63,4

11,0

Citigate Sanchís

66,7

12,2

Metras Seis

59,0

6,3

Opina (Cadena SER)

70,3

12,6

Vox Pública

67,8

6,5

Opina (El País)

67,6

11,3

Todas las encuestas eran previas a los atentados del 11 de marzo, por lo que no es posible saber hasta qué punto pudo sorprender al conjunto del electorado el resultado final. No se han publicado estudios al respecto, pero tampoco habría sido posible mesurar con cierta precisión los cambios opináticos en esas intensas 72 horas. Con inmediata posterioridad a la celebración de las elecciones el Observatorio Político Autonómico realizó una encuesta postelectoral que refleja que el 64% de los españoles creían que “el PSOE no habría ganado las elecciones si no hubieran tenido lugar los acontecimientos del 11-M” frente al 23% que opinaba que sí habría ganado.

Las conjeturas sobre las causas de unos resultados electorales no previstos por la opinión pública ni por los analistas con anterioridad al 11-M pueden agruparse entorno a las siguientes hipótesis:

  • Hipótesis de un deseo de cambio de Gobierno.
  • Hipótesis de la conmoción por los atentados.
  • Hipótesis del castigo por la guerra de Irak.
  • Hipótesis de la manipulación informativa en una doble vertiente: del Gobierno y contra el Gobierno.

No se contempla aquí como posible hipótesis el castigo al Gobierno por una mala gestión material de la crisis. La actuación de las diferentes administraciones –municipal, autonómica y estatal– recibieron más felicitaciones que críticas[9].

En la exposición de las hipótesis se hará referencia a algunos análisis publicados con inmediata posterioridad en la prensa escrita española. Se han seleccionado los artículos más sociológicos, aunque la cercanía a los hechos y el formato de artículo de opinión para un gran público los sitúen, muchas veces, en un plano político. Además, se ha procurado adscribir estos análisis a la hipótesis que se prima en el artículo, si bien la mayoría no se limita a defender exclusivamente una hipótesis. En este sentido también hay que comprender que no puedan demostrarse en el propio artículo muchas de las aseveraciones vertidas. En todo caso, se trata de analistas que saben de lo que escriben.

3.1. Hipótesis del cambio latente

“Los resultados no son los que la gente cree, sino lo que la gente quiere”

Noelle-Neumann, La espiral del silencio, 1984.

La hipótesis del cambio latente sostiene que el resultado electoral fue fruto de un deseo mayoritario de cambio de Gobierno; los atentados, según esta hipótesis, no tuvieron una incidencia significativa.

La Hipótesis del cambio latente

Argumenta a favor de esta hipótesis el catedrático Julián Santamaría, que fuera presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas en la época del referéndum de la OTAN. Dos días después de las eleccionesmanifestó a la United Press Internacional: “No creo que los atentados de Al Qaeda hayan sido una variable decisiva, pero las circunstancias que la rodearon estimularon el voto hacia la oposición”. La encuesta del Instituto Noxa publicada en La Vanguardia el domingo anterior fue la que más se acercó al resultado real al otorgar al PP una victoria por escasamente dos puntos y medio que le llevaban a hablar de empate técnico, que según él se fue confirmando con las encuestas de la víspera de los atentados[10].

También es de esta impresión el actual embajador en Cuba, Carlos Alonso Zaldivar, en su Análisis “Votos y bombas” para el Real Instituto Elcano: “la mayor parte de los votos que ha perdido el PP los ha perdido por méritos propios que nada tienen que ver con la matanza de Madrid”. Según él “la matanza de Madrid no provocó, pues, un trasvase significativo de votos de otros partidos hacia el PSOE. Lo que sí hizo fue aumentar la participación en las elecciones”.

Asimismo, la consultora mexicana María de las Heras sostiene en El País que en función de los análisis que realizó para el Partido Socialista “lo único que lograron los terroristas fue mover a las urnas a un millón de electores más de los que hubieran votado en condiciones normales por el PSOE. El 90% de los votos que obtuvieron José Luis Rodríguez Zapatero y su equipo los hubieran obtenido con o sin actos terroristas, el otro 10% proviene también de simpatizantes de la opción socialista, la mayoría concentrados en las provincias donde la izquierda era primera fuerza”. (“El terror no cambió las preferencias electorales el 14-M, sólo las radicalizó”, El País, 20/III/2004).

Por el contrario, niega este hipótesis la catedrática y antigua presidenta del CIS, Pilar del Castillo, ministra del último Gobierno Aznar, que señala en una carta al director de ABC (5/IV/2004) que, sin dudar de la legitimidad de los resultados electorales, existen “una serie de factores que hay que considerar para comprender las distintas razones del comportamiento electoral”.

En la misma línea se manifiesta el líder del PP Juan José Lucas en un artículo en La Razón, donde sostiene que la ruptura artificial del ciclo Popular lo acabará prolongando, como ha sucedido en otros casos históricos.

La hipótesis del cambio latente se apoya en argumentos relativos a los resultados electorales anteriores y posteriores al 14-M, a un deseo mayoritario de cambio de Gobierno y a la evolución de encuestas no publicadas que apuntaban a un progresivo acercamiento del PSOE al PP.

El análisis de los resultados electorales de las elecciones locales celebradas el 25 de mayo de 2003 y de las europeas del 13 de junio de 2004 no permiten ni aceptar ni refutar la hipótesis del cambio latente. Las elecciones locales y autonómicas de 2003 fueron ganadas por el PSOE, las primeras desde 1993, por medio punto porcentual: 34,8% frente a 34,3% (123.000 votos). Sin embargo, en la lectura de estos datos hay que tener en cuenta dos elementos: por un lado la ausencia de elecciones autonómicas en las Comunidades Autónomas que alcanzaron la autonomía por el artículo 151, lo que perjudica al PSOE al haber menos participación en las dos comunidades donde más votos obtiene, Andalucía y Cataluña. Por otro lado, y en sentido contrario, el voto de centro-derecha se fragmenta en muchas candidaturas independientes municipales, lo que no sucede en elecciones de ámbito nacional. La prueba es que en las elecciones de 1999, el PP obtuvo sólo 38.000 votos más que el PSOE en el ámbito municipal y 933.000 en el ámbito europeo, según se aprecia en la Tabla siguiente:

Tabla 3. Voto (en miles) y porcentaje sobre voto válido

PP

PSOE

13-junio-1999 europeas

8.410

39,7%

7.478

35,3%

13-junio-1999 municipales

7.334

34,4%

7.296

34,3%

25-mayo-2003 municipales

7.876

34,3%

7.999

34,8%

13-junio-2004 europeas

6.393

41,3%

6.741

43,3%

Nota: el porcentaje de las europeas de 2004 es provisional.Fuente: Ministerio del Interior.

Las elecciones europeas tampoco ayudan a validar o refutar la hipótesis del cambio. Volvió a ganar el Partido Socialista en un escenario de participación muy diferente al del 14-M: tan sólo el 46% frente al 77% de entonces. Pero lo hizo en menor grado relativo y absoluto, su distancia sobre el PP se redujo de cinco a algo más de dos puntos y perdió 915.000 votantes más que el PP.

El Instituto Opina cifraba en un 59% el porcentaje de los que deseaban un cambio del gobierno. Además, los que deseaban la victoria del PSOE superaban generalmente a los que deseaban la del PP.

Tabla 4. Porcentaje que desean la victoria de cada partido
(%)

PP

PSOE

CIS

32,1

34,0

Metras Seis (Colpisa)

31,3

30,5

Opina (Cadena SER)

35,7

41,2

Basados en estos datos, el candidato socialista durante la campaña electoral afirmaba en alusión a la disparidad entre previsión y deseo de victoria electoral que “los resultados no son los que los electores esperan sino lo que desean”, haciendo suya la tesis de La espiral del silencio (Noelle-Neumann, 1984). Ahora bien, siendo ciertos, los datos ofrecidos son incompletos y ofrecen una imagen deformada de los deseos de los electores.

Efectivamente, cuando se introducen otros elementos del análisis demoscópico la hipótesis del cambio se debilita: entre los que deseaban el cambio de Gobierno sólo la mitad deseaba que tal cambio fuera hacia el PSOE. Cuando el juicio sobre el cambio del Gobierno se completa con el juicio sobre el candidato a sustituirle, se observa que una cosa es el deseo de que el actual Gobierno deje el poder y otra que desee que el sustituto sea el principal partido de la oposición, como se observa en la siguiente Tabla:

Tabla 5. Opinión sobre la confianza en el Gobierno y sobre los méritos de la oposición
(%)

Muy/bastante de acuerdo

Poco/nada de acuerdo

El PP se merece la confianza para gobernar otros cuatro años

39,6

53,3

Ha llegado el momento de que el PSOE vuelva al Gobierno

35,2

54,6

Fuente: Metra Seis para Colpisa, 20/II/2004.

La evolución de la intención de voto tampoco aclara mucho el panorama de la hipótesis del cambio según puede apreciarse en la intención de voto directa del CIS de las dos últimas legislaturas. Por un lado, se aprecia una recuperación clara de la intención de voto del Partido Socialista y un descenso del Popular hasta el barómetro de abril de 2003 inmediatamente posterior a la guerra de Irak; por otro, se ve una inversión de esas tendencias a partir de entonces.

Gráfico 2. Evolución de la intención directa de voto según el CIS, 1996-2000

Si el estudio se extiende al conjunto de todas las encuestas preelectorales publicadas por los medios de comunicación españoles durante los últimos treinta días y hasta seis días como permite la ley electoral, se observan los siguientes desfases en la estimación de voto[11]:

Tabla 6. Comparativa de las predicciones preelectorales nacionales
Instituto Medio

Campo

Muestra

PP

PSOE

IU

CiU

PNV

Otros

Dif

PP/PSOE

Metra-Seis Colpisa

6/16-II

5.200

42,0

36,2

5,8

3,4

1,9

10,7

10,8

Gallup

2/20-II

2.036

43,9

35,1

6,1

3,2

1,5

10,1

13,8

Demoscopia ABC

10/25-II

12.760

42,2

37,2

7,0

3,1

1,5

9,0

10,0

CIS

24-I/15-II

24.109

42,2

35,5

6,6

3,7

1,8

10,2

11,7

Instituto Opina El País

27-II/1-III

4.000

42,0

38,0

6,3

3,0

1,7

9,0

9,0

Instituto Noxa La Vanguardia

27-II/2-III

2.200

41,4

39,2

6,3

3,0

1,8

8,3

7,2

Vox Pública El Periódico

1/3-III

2.071

42,5

37,3

7,1

3,2

1,5

8,4

10,2

Celeste-Tel La Razón

17-II/5-III

2.404

42,9

37,2

5,9

3,5

1,7

8,8

10,7

Sigma-Dos El Mundo

24-II/2-III

12.500

42,1

37,6

5,3

3,4

1,8

9,8

9,5

Promedio

42,4

37,0

6,3

3,3

1,7

9,4

10,4

Resultado final

37,6

42,6

5,0

3,2

1,6

10,0

Diferencia

-4,8

5,6

-1,3

-0,1

-0,1

0,6

Nota: todas las encuestas son telefónicas excepto la del CIS que es domiciliaria.

La diferencia de resultados finales respecto a los anticipados por las encuestas ha sido de 10,4 puntos favorable al PSOE. Es una desviación nunca alcanzada en España a pesar de que la precisión demoscópica no alcanza los niveles de otros países[12], lo que suele provocar debates postelectorales sobre la fiabilidad de las encuestas cuando las predicciones no se cumplen. Fue el caso de las elecciones generales de 2000, donde la desviación media de las seis últimas encuestas publicadas y el resultado final de los dos principales partidos fue de 4,9 puntos; en 1996 la desviación fue de 6,4 puntos y en las elecciones europeas del 13 de junio de 2004 de 5,6 puntos[13].

Además de estas encuestas a nivel nacional se publicaron muchas otras encuestas a escala provincial[14]. La desviación media de los dieciséis sondeos a los que hemos tenido acceso fue de 11,3 puntos favorables al PSOE.

Cuando el estudio se centra en los últimos días tampoco queda patente el mencionado acercamiento progresivo del partido de la oposición con anterioridad a los atentados. En el caso del Instituto Opina los datos ofrecidos son:

Gráfico 3. Evolución de la predicción de voto según el Instituto Opina

El contraste de las encuestas publicadas una semana antes de los comicios y las hechas públicas al cierre de los colegios electorales permiten estimar el cambio de voto producido tras los atentados. Las entrevistas de las encuestas de Demoscopia y el Instituto Opina, para Telecinco y la Cadena SER respectivamente, fueron realizadas entre el 11-M y la víspera de las elecciones y ya detectaban un cambio en el resultado final[15], mientras que las realizadas a pie de urna hechas públicas por TVE (Eco Consulting) y Antena 3 (Sigma 2) consiguieron detectar la victoria socialista final.

Tabla 7. Encuestas del día electoral
Fecha

Medio

Instituto

PP

PSOE

IU

Esc.

(%)

Esc.

(%)

Esc.

(%)

11-13-mar

T5

Demoscopia

168-170

40,6

140-143

38,3

9

6,5

12-mar

SER

Inst. Opina

154-160

39,5

151-159

40,5

9-10

6,1

14-mar

TVE

Eco Consulting

150-154

36,9

154-158

41,4

9-11

6,3

14-mar

A3

Sigma 2

153-161

38,5

152-159

41

6-7

5,4

14-mar

Resultados

148

37,6

164

42,6

5

5,0

Nota: sólo las de Eco-Consulting y Sigma-2 fueron hechas a pie de urna.

Para concluir con el análisis de la hipótesis del cambio latente es interesante saber cuál es la opinión del electorado: la inmensa mayoría de los encuestados, con mayor intensidad en los votantes Populares, consideran que los atentados del 11-M influyeron en los resultados electorales:

Tabla 8. Opinión sobre la influencia de los atentados en las elecciones
¿Cree que el atentado terrorista del 11-M en Madrid influyó en los resultados de las elecciones generales?

Total

PP

PSOE

IU

Opina

85,8

93,4

81,3

90,3

Vox Pública

85

96,1

78,2

78,6

Pero ¿en qué sentido influyeron? De nuevo, según las opiniones de los encuestados, para el 43,3% los atentados beneficiaron al PSOE y para otro 41,4% perjudicaron al PP, mientras que un 10,5% considera que no influyeron (Sigma 2 para El Mundo, 26/IV/2004). Vox Pública (El Periódico, 25/IV/2004) ahonda en la motivación de la influencia y en una pregunta de respuesta única pero seguramente abierta, los encuestados ofrecen los siguientes porcentajes de respuesta:

Tabla 9. Sentido de la influencia de los atentados en las elecciones
¿En qué sentido influyó?

(%)

Se castigó al PP por participar en la guerra de Irak

18,9

Se culpó al PP del atentado, voto de castigo

14,3

Perjudicó al PP

13,6

Favoreció al PSOE

12,1

Se castigó al PP por manipulación informativa

8,2

Hizo cambiar el voto de la gente

7,3

Movilizó a la gente para ir a votar

6,1

Hizo decantar a los indecisos

4,2

Fue la gota que colmó el vaso, necesidad de cambio

3,5

Se votó con miedo tras los atentados

3,4

El PSOE manipuló el día de la reflexión

3,0

Fue un voto de rabia, con el corazón, sin la cabeza

1,7

Otros NS/NC

13,1

Fuente: Vox Pública en El Periódico, 25/IV/2004.

Se mezclan entre las respuestas posibles efectos con posibles causas. Con gran seguridad, si la pregunta hubiera sido de respuesta múltiple los encuestados habrían señalado más de una opción; en cualquier caso, emerge como causa más señalada por los encuestados la participación en la guerra de Irak. La mayoría de las demás opciones apuntadas no son incompatibles con esta.

En definitiva, a la hora de explicar el inesperado cambio electoral no es posible aceptar la hipótesis del cambio como la única valida y exclusiva. Ahora bien, tampoco se puede rechazar que el deseo de cambio de Gobierno estuviera presente en una proporción mayor que cuatro años antes y que fuera catalizado por los atentados un una minoría que fue determinante.

3.2. Hipótesis de la conmoción por los atentados

“Cada uno de estos actos terroristas provocaron ansiedad en la sociedad que, a su vez, permitió a los terroristas manipular al público con nuevas amenazas para favorecer sus objetivos a corto y largo plazo.”

Brigitte Nacos, Terrorism and the media, 1994, p.69.

Según esta hipótesis, la conmoción provocada por los atentados terroristas condicionó el voto de los ciudadanos produciendo un resultado diferente al que se hubiera producido sin ellos.

Hipótesis de la conmoción

De alguna forma, la hipótesis de la conmoción está presente en sendos artículos de El País de José A. Gómez Yáñez y de Josep M. Colomé. El primer autor afirma que “todos acudimos a las urnas aturdidos pero para estos ciudadanos fueron horas decisivas que se tradujeron en una corriente de opinión contra el PP” (“14-M, tempestad y mar de fondo”, 27/III/2004), mientras que el autor de Cómo votamos. Los sistemas electorales del mundo argumenta en su artículo que “la masacre del 11-M lo que ha producido es una coordinación súbita de varios millones de votantes, consumada en 48 horas” (“Coordinación por choque”, El País, 18/III/2004).

De esta hipótesis de la conmoción da cuenta la profesora de la Universidad del País Vasco Edurne Uriarte –con conocimiento de causa por haber sufrido ella misma un intento de atentado de ETA– en un artículo en ABC: “Algunos pensamos que los españoles estábamos mucho mejor preparados que otros para afrontar el terrorismo. Porque ya sabíamos lo que era resistir la amenaza permanente, el chantaje, el miedo, y muy especialmente esos líderes políticos, del PP o del PSOE, que ‘con coche oficial y con escolta’ y sin ella, han estado en la primera línea del peligro, junto a policías, magistrados, periodistas y tantos otros. Pero no, parece que estábamos preparados únicamente para el terrorismo selectivo y discriminado de ETA. Ahora que el terrorismo es indiscriminado y masivo, debemos empezar nuevamente de cero, a afrontar los efectos del miedo y los de la desorientación sobre las causas. Es necesario mucho liderazgo y mucha pedagogía sobre el significado del terrorismo y de la Al Qaeda, una tarea larga y complicada para el nuevo gobierno y para la oposición” (“Desorientación y miedo”, 6/IV/2004).

Esta hipótesis, en su versión más cruda, es sostenida por algunos observadores internacionales que llegan a afirmar, con cierto desconocimiento de la realidad social y política española, que la reacción del electorado habría sido diferente en caso de producirse en otro país. Si alguna sociedad ha mostrado coraje a la hora de enfrentarse al fenómeno terrorista, esa es la sociedad española, que ha enterrado a más de ochocientas víctimas inocentes en las tres últimas décadas.

Ahora bien, conviene no subestimar la capacidad explicativa de la hipótesis de la conmoción como si esta fuera sinónimo de cobardía o de claudicación ante los terroristas. Ocho de cada diez ciudadanos españoles experimentaron tras los atentados mucha o bastante preocupación por la seguridad, y un sentimiento de rabia aún más intenso y extenso, según reconocen en el Barómetro del Real Instituto Elcano realizado dos meses después de los atentados. Las conversaciones de los días posteriores entre la población española estaban llenas de declaraciones como la de esta madre madrileña: “mi hija estuvo dos semanas durmiendo mal después de los atentados, pensaba que vivía en un país seguro y de pronto descubrió que no era verdad”. Y eso que España ha sido, junto con el Reino Unido, el país europeo donde el temor a un ataque terrorista ha sido mayor, mayor incluso que en EEUU los días posteriores al 11-S[16]. El hecho de que los terroristas intentaran posteriormente otro atentado en la vía férrea del tren de alta velocidad Madrid-Sevilla y terminaran inmolándose al ser localizados por la policía, extendía y prolongaba el temor más allá de las elecciones.

El temor ante el terrorismo ha sido una de las preocupaciones más extendidas entre los españoles, si bien esa tensión había ido descendiendo paulatinamente desde el verano de 2001. Los atentados de Madrid provocaron que el terrorismo volviera a ser señalado, dos semanas después del 11 de marzo, como uno de los tres problemas personales más importantes por un 37% de los encuestados, cifras superiores a las que provocaban los atentados de ETA años atrás.

Gráfico 4. Evolución de los principales problemas de los españoles (3 respuestas espontáneas)

La preocupación por el terrorismo decreció rápidamente tras los atentados, siguiendo el proceso normal en las situaciones de catástrofe o tragedias a gran escala: se observa en el Gráfico también en el caso del hundimiento del Prestige y de la guerra de Irak. El impacto en la población es diferente en los tres casos, llegando a un 11% en el caso de la catástrofe del petrolero, a un 19% en el caso de la guerra de Irak y al citado 37% de los atentados[17].

En los días posteriores a los atentados de Madrid hubo alarma, percepción de inseguridad y miedo. Miedo no sólo a nuevos atentados sino a reacciones radicales de muy diversos sectores de la sociedad[18]. También hubo apelación a ese miedo siguiendo el esquema estudiado por Pratkanis y Aronson (1996). Según ellos, el recurso al miedo como elemento de propaganda surte mayor eficacia cuando:

(1)   Se produce un serio sobresalto.

(2)   Se ofrece una recomendación concreta para superar la amenaza inductora del miedo.

(3)   Las medidas propuestas se perciben como efectivas para amortiguar la amenaza.

(4)   La persona que recibe el mensaje cree que puede acometer la acción que se le recomienda.

Muchas de las propuestas ofrecidas desde diferentes ámbitos cumplieron los requisitos de la persuasión mediante el miedo.

No sería justo afirmar que la reacción emotiva ante los atentados se dio sólo en un sector concreto del electorado, el que cambió su voto, o que ese sector actuara exclusivamente por emociones sin atender a elementos racionales en su decisión electoral. Precisamente, los que reconocen mayor influencia de los atentados en su voto son, como se verá, los segmentos con mayor capacidad de reflexión. Pero también es lógico pensar que el electorado primara la cuestión de la seguridad en su decisión final.

“La seguridad personal pesa más que la seguridad colectiva, sea nacional o internacional, en las opiniones y actitudes de cada ciudadano. En la medida que el ciudadano percibe que el Estado le garantiza su propia seguridad apoya las medidas por éste emprendidas. Por el contrario, cuando las medidas son percibidas como una amenaza a su propia seguridad la reacción es adversa”[19] (Michavila, 2001). Estas palabras, escritas tras los atentados del 11-S en Estados Unidos, volvieron a cumplirse una vez más en la sociedad española.

Existe en las democracias la asunción compartida de que el Estado tenga el monopolio de la violencia a cambio de que garantice la seguridad de sus ciudadanos. Sin embargo, cuando tal seguridad no es percibida puede quebrarse la aceptación y producirse activismo fuera de la legalidad, como sucedió en España la víspera electoral (Sørensen, 2004).

En definitiva, aunque no sea fácil saber en qué medida ni extensión actuara la conmoción por los atentados como determinante en el cambio del voto, no puede desecharse como hipótesis plausible.

3.3. Hipótesis de la guerra

“La clave no hay que buscarla sólo en el atentado, sino en la entrada en la guerra.”

Josefina Elías, directora del Instituto Opina en ¡Pásalo! de Carlos E. Cué, p. 136.

La hipótesis de la guerra sostiene que los electores castigaron al Gobierno del Partido Popular por su apoyo a la intervención militar de EEUU en Irak, una de cuyas consecuencias directas fueron los atentados islamistas en Madrid.

Hipótesis de la guerra

Expone de forma clara esta hipótesis el catedrático y editorialista de El Mundo Jorge de Esteban, que escribe en ese diario: “una parte del electorado ha dado un vuelco, pasándole factura a Aznar por nuestra implicación tan visible en la Guerra de Iraq” (“Una victoria inesperada”, El Mundo, 17/III/2004).

De la misma opinión es el presidente de la Sociedad Española de Psicología, Andrés Montero Gómez, que interpreta la reacción del electorado desde una perspectiva psicológica, exponiendo que la decisión del voto no tuvo en cuenta “el mensaje que transmitían al terrorismo islamita cambiando la orientación de su voto tras los atentados”, sino que más bien lo hicieron por la asociación de los atentados con la guerra: “un determinado sector extremo de la política española difundió por todos los medios la idea de que Aznar era culpable de los atentados por habernos metido en una guerra” a lo que según él se une “la sensación de que el Gobierno promovía la culpabilidad de ETA, y evadía las atribuciones a Al Qaida, con propósitos electorales” (“Al Qaida sobre una urna”, La Razón, 24/III/2004).

El analista principal del Real Instituto Elcano, Javier Noya, sostiene en la misma línea que fue la estrategia del Gobierno del PP “respecto a la opinión pública durante la guerra de Irak la que creó una oportunidad única e irrepetible para los terroristas” (“Del 11-M Al 14-M: Estrategia Yihadista, Elecciones Generales y Opinión Pública”).

Las encuestas arrojan ciertas pistas sobre la conexión entre los atentados y la posición del Gobierno español en la intervención de Irak. Según una encuesta del Instituto Opina realizada tras las elecciones, eran más los encuestados que reconocían que la guerra de Irak había influido en su voto que los mismos atentados del 11-M; las diferencias por partidos eran significativas:

Tabla 10. Influencia reconocida de los atentados y de la guerra en el voto

Total

PP

PSOE

IU

Ha influido en su voto el 11-M

27,6

15,6

33,4

29,0

Ha influido en su voto la intervención en Irak

41,8

17,4

63,5

54,8

Fuente: Instituto Opina para El País, 30/III/2004.

La influencia reconocida de la guerra es mayor que la de los atentados, especialmente en los votantes de izquierda; es una influencia superior a la tradicionalmente reconocida por otros acontecimientos como pueden ser los debates electorales o los sondeos publicados[20].

Cabe preguntarse, ¿le habría pasado factura la guerra al PP en todo caso? Seguramente sí, como ya lo había hecho en cierto grado en las anteriores elecciones municipales del 25 de mayo de 2003, pero en mucha menor medida. Basamos esta suposición en los siguientes argumentos:

(1)   La guerra había dejado de ser un motivo de preocupación personal para los españoles. En marzo de 2003 uno de cada cinco encuestados por el CIS manifestaban que la guerra estaba entre sus tres principales preocupaciones personales, un año después la proporción no llegaba al 2%. Sin embargo, los atentados motivaron que el terrorismo entrara a ser un problema personal para un 37% de los encuestados.

(2)   La asociación entre la guerra y los atentados es clara para una mayoría de la opinión pública española, hasta el punto de que el 64,2% de los entrevistados por el Barómetro de Elcano en mayo de 2004 creían que si España no hubiera apoyado a los EEUU en la guerra de Irak el ataque terrorista no se habría producido, frente a un 23,5% que consideran que sí se habrían producido. La proporción de los que pensaban que se producirá otro atentado del terrorismo internacional en España descendía al 44%. Entre las causas de tal descenso está la percepción de que la retirada de las tropas de Irak reduce la amenaza islamista.

(3)   La influencia reconocida de la guerra, más que cambio de voto era una reafirmación del mismo, como se comprueba cuando se realiza el cruce de recuerdo de voto con la intención de voto. Dicho de otra forma, la mayoría de los que reconocen una influencia de la guerra en el voto son votantes contrarios al Gobierno del PP que se reafirman en su voto. Es algo que se observa incluso cuando la pregunta se formula en términos no de influencia sino de cambio de voto, como fue el caso del barómetro del CIS inmediatamente posterior al conflicto (CIS 2.508) en relación a las elecciones locales[21]. Un 26% de los que afirman que la guerra puede hacerles cambiar su voto eran votantes del PP de las anteriores elecciones generales, proporción similar a la de votantes del PSOE. De estos, la mayoría se reafirman en su intención de voto (67%), una fidelidad mucho mayor que la de los votantes del PP (27%).

La imputación de culpabilidad al Gobierno se produjo con tanta rapidez –recordemos que entre los atentados y las elecciones distan sólo 72 horas– porque ya estaba presente la conexión “terrorismo = guerra” en un sector crítico de la sociedad, gracias a la presencia en los medios de comunicación de la intervención militar durante más de un año (Iyengar, 1991). Basta ver el Barómetro del Real Instituto Elcano para comprobar que la preocupación de los españoles ante cualquier tipo de terrorismo se incrementa a medida que se acerca la guerra de Irak:

Tabla 11. Preocupación ante el terrorismo islamista
¿En qué medida le preocupa la posibilidad de que se produzca algún acto de terrorismo islámico en España?

Nov-02

Feb-03

Muy preocupado

19

30

Algo preocupado

46

51

Poco preocupado

22

13

Nada preocupado

10

5

Fuente: Barómetros del Real Instituto Elcano.

En tan poco espacio de tiempo, entre los atentados y las elecciones, no dio tiempo a la elaboración de noticias temáticas que analizaran el problema. Los medios, como es habitual en situaciones de crisis, estuvieron copados por noticias episódicas. El terreno estaba abonado para juicios que conectaban los atentados con la guerra: “Bien, mañana se vota, después de todo. Con la campaña cortada por el miedo. Supongo que se votará contra la guerra. La palabra terrorismo, ahora es un sinónimo de guerra” escribía Eduardo Haro Tegglen la víspera electoral en El País.

“La concisión no necesita apoyos ni pruebas” lamenta Noam Chomsky (2002) ante la censura televisiva que sufrió durante la primera guerra del Golfo para manifestar su oposición a la misma, con la excusa recibida de que sus explicaciones eran de Marte y carentes de concisión. El mismo fenómeno sufrieron las explicaciones que buscaban imputar la responsabilidad de los atentados exclusivamente a los terroristas intentando desligarlas de la guerra de Irak. El aserto de Chomsky volvió a cumplirse: “O bien repites la misma opinión convencional que da todo el mundo, para lo que no necesitas dar ninguna prueba o bien dices algo que, de hecho, es cierto y que sonará como si fueras un marciano”.

Hay quien ha visto en esta actitud de parte del electorado español de culpabilizar al Gobierno de los atentados una forma de darle motivos a los terroristas para que sigan cometiéndolos. Situar la carga de responsabilidad en el Gobierno por lo que es, primordialmente, responsabilidad de los terroristas ha sido bastante usual (Nacos, 1994). Sin embargo, esa transferencia de responsabilidad por actos terroristas no se daba en España desde la década de los setenta. Desde entonces la sociedad española había ido delimitando con mayor precisión la culpabilidad de los crímenes terroristas hasta el punto de que en julio de 1997, cuando ETA secuestró al concejal del PP Miguel Ángel Blanco bajo la amenaza de muerte si el Gobierno de su partido no cumplía la reivindicación de acercar los presos a cárceles vascas, la sociedad española se echó a la calle en señal de rechazo al terrorismo, no de presión al Gobierno para salvar la vida del joven concejal.

Tabla 12. Preocupación ante el terrorismo islamista
Después del ataque ¿cree que España tiene más seguridad o menos seguridad frente al terrorismo internacional?
Más seguridad

9,7

La misma (no leer)

18,0

Menos seguridad

62,4

No sabe

8,8

No contesta

1,1

¿Teme que en España puedan producirse atentados de grupos radicales islámicos?
Si

69,1

No

20,0

No sabe

9,8

No contesta

1,1

Fuente: Instituto Opina para la Cadena SER, 24/III/2003.

En el terreno de la conexión en el imaginario español de los ataques terroristas con la guerra de Irak se produce el fenómeno de polarización observado en la opinión pública en situaciones bélicas (Zaller, 1992; Larson, 1996; Sobel, 2001), que a su vez es acentuado por los medios de comunicación. Parte de la opinión pública otorga gran importancia a cualquier información que ofrezca pruebas de que los atentados no tienen relación con la invasión de Irak, bien porque fueran preparados con anterioridad, bien porque entre las exigencias terroristas hubiera otras reivindicaciones como la retirada de Afganistán, bien porque fueran objetivo del terrorismo islamista países que no intervinieron. Los medios que consumen esa parte de la opinión pública priman cualquier noticia en este sentido. Por el contrario, otra parte de la opinión pública tiene el convencimiento que los atentados son una consecuencia del apoyo del Gobierno español a la invasión de Irak y los medios que consume ocultan las noticias en sentido contrario.

La última pregunta que recibió Aznar como presidente del Gobierno fue precisamente conectando los atentados con la intervención en Irak: “No sé si es el momento, porque probablemente es el momento de las víctimas, pero sí me gustaría preguntarle –no sé si es la última rueda de prensa en la que le voy a poder preguntar esto– si se ratifica en todas las decisiones de política exterior que ha tomado en los dos últimos años, sabiendo que la intencionalidad de los asesinos puede ser distinta según sean unos u otros”[22].

3.4. Doble hipótesis de la manipulación informativa: del Gobierno y contra el Gobierno

“The press may not be successful much of the time in telling people what to think but it is stunningly successful in telling its readers what to think about”.

Bernard Cohen, The Press and Foreign Policy, 1963, p. 13.

La hipótesis de la manipulación tiene una doble vertiente: para unos es la manipulación del Gobierno de ocultar al electorado las pistas que llevaban a la autoría islamista primando la tesis de ETA; para otros, la manipulación de medios críticos con el Gobierno de primar desde la noche del 11-M la autoría de al-Qaeda sin pruebas concluyentes o inventadas[23].

Hipótesis de la manipulación

Para el diputado socialista Rafael Estrella no hay duda: “No fue el atentado lo que provocó el giro electoral que dio lugar a una contundente victoria socialista. Tampoco fue la evidencia de que había sido provocado por Al Qaida ni la relación del atentado con la guerra de Irak. Fue el intento irresponsable de ocultar y falsear la verdad lo que activó con virulencia todos los elementos, incluido el rechazo por la guerra y las mentiras de Irak” (“Un prólogo y una visión sobre el 11-M y España”).

La especialista en sociología electoral Belén Barreiro sostiene esta hipótesis en “14-M: Y hubo sorpresa...” (El País, 16/III/2004): “En términos generales, todo apunta a que la victoria del PSOE se deba principalmente al aumento de la participación electoral, de casi 9 puntos porcentuales. Es bien sabido que en España la abstención es esencialmente de izquierdas.” Y ahonda en las causas: “Pero no es el atentado lo que contribuye a explicar el vuelco electoral, sino en todo caso la respuesta del Gobierno ante el trágico suceso.”

En el mismo diario, el analista electoral Josep María Felip apuesta porque “La clave hay que buscarla en las 24 horas anteriores al 14M. Un sector ilustrado del electorado percibió que la información procedente del Gabinete de Crisis formado a raíz del bárbaro atentado del 11M era equivocada. La cuestión no es si los portavoces del Gabinete de Crisis mintieron o no, si no que el impacto de la información en los mass-media introdujo una cierta duda de credibilidad. (…) La batalla se libró en las últimas veinticuatro horas. En las ondas y en el “prime time” de la televisión” (17/III/2004). Para demostrarlo acude a la encuesta de Demoscopia para Telecinco, que se realizó dos días antes de los comicios, y llega a cifrar el cambio de voto inducido por los atentados.

En cuanto a las sospechas de manipulación en contra del Gobierno, eldirector de la agencia EFE en esos críticos días, Miguel Platón, ofrece diez conclusiones sobre el proceso informativo del 11-M en el artículo de Nueva Revista, “Entre la información y la manipulación: Un caso periodístico abierto: el 11-M”.

Por su parte, Mario Noya, en la Ilustración Liberal, realiza un repaso de la información ofrecida por la cadena SER a lo largo de esos días en su artículo “Tres días de marzo en la Cadena Ser”, procurando desvelar algunas claves de la manipulación informativa en contra del Gobierno.

De las cuatro hipótesis, la de la manipulación informativa en sus dos vertientes ha sido la que más producción editorial ha generado, quizá porque la mayoría de los libros sobre el 11-M hayan sido escritos por periodistas. Con el paso del tiempo algunas de las imputaciones realizadas tanto al Gobierno como a los medios críticos se han ido aclarando, en parte gracias a la labor de la “Comisión de investigación del 11 de marzo”[24].

Escapa del objeto de esta investigación analizar la veracidad de la información ofrecida por las diferentes fuentes. Nuevamente, lo que interesa aquí es conocer la capacidad explicativa de tal hipótesis[25]. El estudio postelectoral del Observatorio Político Autonómico inquiere de diversas formas sobre la opinión de los españoles sobre la política informativa del Gobierno en esos tres días cruciales: sólo un 36% afirmó que el Gobierno transmitió la información a medida que disponía de ella; en otra pregunta sucesiva el 62% manifestó su convicción de que el Gobierno ocultó información por motivos electorales[26]. Por otro lado, el porcentaje de los que creían que la información de la televisión estatal TVE fue buena o muy buena es similar a la de los que opinan los mismo de la cadena SER, más crítica con el Gobierno Popular, rondando en ambos casos el 38%. Sin embargo, la proporción de los que creían que la información de TVE fue mala o muy mala supera con creces a la de los que tienen esa opinión de la cadena SER: 42% frente al 10%. Existe, por lo tanto, la opinión mayoritaria de que hubo manipulación por parte del gobierno y, en menor medida, por parte de los medios más críticos. Sin embargo, es difícil saber hasta qué punto esta convicción pudo afectar en el voto. Las cifras aportadas por la citada encuesta de Vox Pública para El Periódico muestra porcentajes de elección de esta hipótesis[27] muy inferiores a las otras explicaciones, pero con las herramientas disponibles es difícil discernir cual ha podido ser la influencia real.

En el reconocimiento de la autoría de los atentados han operado con fuerza mecanismos psicológicos de reducción de disonancia cognitiva y de percepción selectiva. Pasados los momentos iniciales en los que pocos dudaban que ETA había logrado su temido objetivo de atentar en Madrid, los primeros en dar crédito a la versión del terrorismo islamista fueron los contrarios a la intervención en Irak, antes incluso de tener ningún indicio fiable al respecto o con pruebas que luego resultaron falsas, mientras que los que justificaron la intervención militar siguieron primando la tesis de que ETA estaba tras los atentados. Puede hablarse de una disonancia cognitiva colectiva en dos grandes grupos de la población que se prolongará a lo largo del tiempo. Ambos colectivos consideran tener sólidos argumentos para mantener sus propias posiciones reforzadas por unos medios de comunicación que, salvo raras excepciones, han tomado claro partido por una u otra visión. Dos semanas después de la tragedia todavía unos estaban convencidos de que aparecerían evidencias de terroristas suicidas, según anunció una emisora de radio la noche del 11-M, y otros creían con firmeza que existe algún tipo de conexión de ETA con los atentados; lo primero desmentido por la directora del Instituto Anatómico Forense y lo segundo poco verosímil según los expertos.

4. Análisis de la incidencia electoral de los atentados

Con objeto de intentar determinar cuánta y cuál ha sido la incidencia electoral de los atentados se evalúan las encuestas preelectorales y postelectorales publicadas; se analizan los microdatos de la encuesta postelectoral del CIS, de 5.377 entrevistas domiciliarias; se estudia la solicitud del voto por correo de residentes como predictor de la participación; los resultados del voto ausente; y la evolución histórica del voto.

La encuesta postelectoral del CIS, a diferencia de la realizada en las anteriores elecciones del año 2000, no es un panel que prolongue la encuesta preelectoral: en ese caso el análisis de los atentados habría podido analizarse con mayor precisión. Tampoco incluye recuerdo de voto de anteriores comicios, por lo que no es posible extraer las transferencias de voto. Sin embargo, sí incluye algunas preguntas donde se mide el impacto de los atentados en el voto.

De la publicación de los resultados de la encuesta por los medios de comunicación se pueden destacar los siguientes puntos: ninguno menciona que se trata de la habitual encuesta postelectoral que realiza el CIS con posterioridad a cualquier cita electoral; hay una sistemática incorrecta interpretación de las preguntas con filtro, infiriendo al conjunto de la población resultados que eran relativos exclusivamente a un parte de la misma; y se incurre con frecuencia en la visión periodística de la opinión pública como un todo, menospreciando la capacidad de influencia de proporciones que no sean mayoritarias.

4.1. Momento de la decisión del voto

¿Cuándo decidió el electorado votar al partido o coalición al que finalmente votó? La gran mayoría del electorado, el 83,6%, tomó su decisión “desde hace bastante tiempo” en cifras algo superiores a anteriores comicios legislativos. Lamentablemente, tanto las respuestas ofrecidas como la estructura del cuestionario difieren de una encuesta a otra, lo que únicamente permite una somera comparación pero sin posibilidad de extraer resultados concluyentes. Lo que sí permite es comprobar, una vez más, que en las últimas semanas de campaña sólo se decide una proporción, siempre mínima, pero que puede ser decisiva para determinar el resultado final.

El cruce del momento de la decisión por el voto elegido presenta diferencias significativas, según se aprecia en la Tabla 13, en la que se añade una estimación del número de votantes que se habrían decantado por la opción elegida, en función del momento de la decisión.

Tabla 13. Momento de la decisión del voto según partido votado

Desde hace bastante tiempo

Durante la campaña, antes del atentado 11-M

Después del atentado del 11-M

Votos

Desde hace bastante tiempo

Durante la campaña, antes del atentado 11-M

Después del atentado del 11-M

PSOE

78,9

5,8

15,4

10.909.687

8.604.366

627.740

1.677.581

PP

91,7

4,2

4,1

9.630.512

8.835.837

401.271

393.403

IU

84,4

2,4

13,2

1.269.532

1.071.916

29.942

167.674

CiU

85,2

2,8

12,0

829.046

706.224

23.029

99.793

ERC

79,6

14,3

6,1

649.999

517.346

92.857

39.796

PNV

92,3

3,8

3,8

417.154

385.065

16.044

16.044

Total

83,6

5,4

10,6

25.846.620

21.607.774

1.389.249

2.739.742

Fuente: análisis propio de la encuesta postelectoral del CIS, nº 2.559; n = 5.377.

La Tabla ofrece los porcentajes y votos de lo que pasó, no de lo que habría sucedido sin atentados. Es lógico pensar, por ejemplo, que muchos de los electores que optaron por cada partido en los últimos tres días lo hubieran hecho en cualquier caso. Además, tampoco están aquí contemplados los que dejaron de votar o, más aún, cambiaron de partido “a raíz de los atentados del 11-M y sus consecuencias”. ¿Cuántos de los que tenían decidido su voto a un partido lo cambiaron a otro? Si se supiera se podría comprobar en qué grado las encuestas preelectorales se desviaban de la evolución del electorado.

¿Cuándo decidieron no ir a votar? Un 16,9% de los cerca de 7.600.000 abstencionistas tomaron la decisión de no votar tras el 11-M. De ellos, un 24,4% reconocen que de haber votado lo habrían hecho al PP, un 17,9% al PSOE y un 6% a IU. Las muestras no son suficientemente extensas para inferir el número de electores que dejó de votar a causa de los atentados, pero sí permite intuir que el sentido fue el mismo que el de la participación, es decir, castigó más al PP que al PSOE.

4.2. Influencia reconocida de los atentados

El cuestionario incluye dos preguntas para detectar la posible influencia de los atentados en el voto, la primera interroga en qué medida le ha influido y, para aquellos que les han influido, la segunda inquiere por el efecto. Siete de cada diez (71,3%) manifiestan que “el atentado del 11-M en Madrid no le influyó personalmente nada en su decisión de voto”; el resto, es decir, unos siete millones y medio de votantes, reconocen mucha (10,1%), bastante (11,4%) o poca influencia (7%) de los atentados.

Estableciendo un paralelismo con el clásico esquema de Lazarfeld en The People’s Choice: How the Voter Makes up his Mind in a Presidential Campaign, puede establecerse que los efectos de los atentados fueron de refuerzo del voto, de activación del mismo y de conversión.

  • El refuerzo del voto fue el principal efecto de los atentados en la decisión del voto (15% del electorado), volviendo a hacer cierta la máxima de que “el refuerzo ha sido declarado el efecto dominante de la comunicación política de masas” (McCombs y Shaw, 1972).
  • La activación se produjo en cerca de un millón setecientos mil electores, generalmente abstencionistas y menores de 40 años. En ellos, lo que hicieron los atentados no fue “formar nuevas opiniones sino elevar viejas opiniones por encima del nivel de la conciencia y la decisión” (Lazarfeld, 1944).
  • La conversión, es decir el cambio de opción de voto, se produjo en algo más de un millón de votantes, que son de mediana edad y que en la mitad de los casos votan por primera vez al partido finalmente elegido. La conversión se produce especialmente en los que reconocen mucha o bastante influencia de los atentados.

Estos tres grupos actuaron según las tres hipótesis explicativas del vuelco electoral en la que los atentados estuvieron presentes –la conmoción, la manipulación y la guerra– sin descartar que la hipótesis del cambio actuara de refuerzo. La influencia no fue homogénea en todos los partidos, según se ve en la Tabla siguiente:

Tabla 14. Influencia de los atentados por partido votado

No alteró

el voto

Me animó

a votar

Cambié

mi voto

No alteró

el voto

Me animó

a votar

Cambié

mi voto

Total

PSOE

83,4

8,7

6,5

9.098.614

951.489

708.211

10.909.687

PP

94,3

3,5

1,2

9.080.646

337.775

117.828

9.630.512

IU

88,7

5,7

4,2

1.125.811

71.860

53.895

1.269.532

CiU

85,5

7,3

7,3

708.457

60.294

60.294

829.046

ERC

95,9

4,1

623.468

26.531

649.999

PNV

96,2

3,8

401.110

16.044

417.154

Total

87,4

6,7

4,2

22.594.613

1.743.513

1.093.111

25.846.620

Nota: “no alteró” incluye los que no les afectó y los que les reafirmó.
Fuente: análisis propio de la encuesta postelectoral del CIS, nº 2.559; n = 5.377.

Con el presente esquema de investigación post-hoc es posible conocer los efectos aditivos en el voto pero no los efectos de sustracción, es decir, cuántos votantes perdió cada partido por abstención o cambio de voto. Con este principio presente lo que puede afirmarse a la luz de los datos es que el partido que recibió más apoyos como consecuencia de los atentados fue el PSOE, principalmente por los 951.000 abstencionistas que no pensaban votar pero que finalmente sí lo hicieron. Si embargo, más incidencia electoral tuvo el cambio de voto, pues aunque la cuantía fuera menor, unos 700.000, se trató de votos que fueron restados a partidos en liza electoral.

Los datos son consistentes con los ofrecidos por Sigma-2, que cuentan con la ventaja de trabajar con muestras más grandes al tratarse de encuestas a pie de urna, las famosas israelitas, y permitir conocer la transferencia de votos entre unas elecciones y las siguientes. Según Sigma-2, la procedencia de los incrementos del Partido Socialistas procedieron: millón y medio de antiguos abstencionistas, una cantidad similar de otros partidos –especialmente el Partido Popular e Izquierda Unida– y más de medio millón de nuevos votantes. Sin embargo, con los datos de Sigma-2 no es posible conocer qué proporción de los votos ganados por el Partido Socialista fueron debidos al deseo latente de cambio y cuáles a las otras hipótesis.

Tabla 15. Transferencias de voto entre las elecciones de 2000 y 2004 según Sigma-2 (en miles)

PSOE

PP

IU

CiU

PNV

ERC

Otros

Abstención

Nuevos

PSOE

7.244

683

303

64

18

20

467

1.584

527

PP

228

8.554

20

15

3

2

245

277

286

IU

73

28

909

7

9

9

75

90

70

CiU

13

25

3

689

0

14

9

55

21

PNV

3

1

2

0

284

0

30

91

6

ERC

39

7

33

89

0

141

8

287

46

Otros

116

138

48

56

24

1

985

583

78

Abstención

203

885

64

50

16

8

220

Fuente: Sigma-2 para El Mundo, 19/III/2004.

Celeste-Tel para La Razón (21/III/2004) ofrece cifras algo diferentes pero en el mismo sentido que Sigma-2: captación del partido ganador, el PSOE, de dos millones de abstencionistas, de setecientos mil nuevos votantes y de seiscientos mil antiguos votantes del PP.

¿A qué partido habrían votado los que cambiaron su voto? No es posible determinar de forma cierta a qué partido habrían votado pues la encuesta del CIS no inquiere al respecto, ni tan siquiera tenemos el recuerdo de voto en anteriores comicios. Sin embargo, la ideología política manifestada por el encuestado y, en muchos casos, sus dudas manifestadas entre dos opciones permiten atisbar la opción finalmente rechazada.

Para empezar, se observa que los movilizados por los atentados, y más aún los que cambiaron su voto, manifiestan una posición política más centrada que los votantes tradicionales de cada partido. En la Tabla 16 se puede contemplar la media de la ideología política según la clásica escala del CIS que recorre desde 1 extrema izquierda hasta 10 extrema derecha.

Tabla 16. Ideología política según partido votado e influencia en el voto
Voto

No influyó

Me reafirmó

Me animó a votar

Cambié mi voto

Total

PSOE

3,7

4,0

4,3

4,6

3,9

PP

6,5

6,5

6,0

6,1

6,5

IU

3,0

2,7

3,1

4,0

2,9

CiU

5,2

4,5

5,3

5,1

5,1

ERC

3,0

2,8

4,3

3

PNV

4,6

5,0

5,0

4,6

Total

4,7

4,5

4,6

4,8

4,6

Nota: 1 extrema izquierda, 10 extrema derecha.Fuente: análisis propio de la encuesta postelectoral del CIS, nº 2.559; n = 5.377.

Siendo el PSOE el partido que recibió más apoyos de última hora, según se ha visto, es interesante conocer la procedencia ideológica de esos dos grupos. Más de la mitad de los votantes socialistas cuyo voto no se vio alterado por el 11-M se sitúan entre el 3 y el 4 de la escala ideológica. Los que se animaron a votar al PSOE, bien están más centrados, bien no manifiestan ideología política. Sólo un 8% de los votos proceden de la izquierda de su espacio electoral mayoritario, mientras que un 56% proceden de su derecha.

Otra vía de aproximación hacia la posible incidencia de los atentados en la decisión electoral es a través del análisis de la pregunta sobre las dudas en la elección de voto y la influencia de los atentados.

4.3. Dudas sobre el voto

Las clásicas preguntas de las encuestas postelectorales del CIS sobre el proceso de decisión del voto son en este caso especialmente valiosas. El análisis de estas preguntas arroja resultados consecuentes con los hasta ahora obtenidos. El 78,5% de los entrevistados no manifiestan ninguna duda sobre su decisión de acudir a las urnas y el partido al que votar. La proporción se eleva al 86% de los que finalmente votaron. Sin embargo, hay diferencias significativas en función del partido finalmente votado, según se aprecia en la Tabla siguiente:

Tabla 17. Dudas en el voto según partido votado
(%)

Tenía decidido votar

por un partido

Dudó entre

varios partidos

Dudó entre un partido

y la abstención

Tenía decidido

abstenerse

Votó

86,0

5,7

2,8

4,0

100

PSOE

85,0

6,7

3,3

4,1

100

PP

93,4

2,7

1,5

1,6

100

IU

81,5

10,0

4,3

4,3

100

CiU

83,3

11,1

3,7

1,9

100

PNV

96,2

1,9

100

ERC

77,6

17,3

4,1

100

Se abstuvo

23,8

3,4

6,6

62,3

100

Total

78,5

5,4

3,3

11,1

100

Fuente: análisis propio de la encuesta postelectoral del CIS, nº 2.559; n = 5.377.

El PNV y el PP son los partidos que contaron con un electorado más definido, mientras que CiU, IU y especialmente ERC fueron los que tuvieron más indecisos entre sus electores finales. En el caso de los dos partidos catalanes hay que tener en cuenta que en su territorio hay mayores ofertas electorales y que en el caso de IU existe cierto solapamiento con el PSOE. El escaso tamaño de las submuestras impone prudencia a la hora de extraer conclusiones estadísticas pero permiten detectar entre qué partidos dudaron y quién se llevó finalmente el voto[28].

El solapamiento de voto es mayor cuanta mayor es la cercanía ideológica de los partidos. El PSOE ganó en todas las contiendas, que fueron especialmente importantes en la pugna con el otro partido mayoritario, el PP, con la abstención y con la coalición de IU. El otro partido que también resulta vencedor es ERC, mientras que el resto sólo son capaces de “vencer a la abstención”, y el Partido Popular ni eso.

Los segmentos de votantes socialistas en los que había mayor proporción que dudó si votar al PP fueron los más jóvenes, de mayor nivel de estudios y residentes en ciudades de 50.000 a 400.000 habitantes. Estos son los votantes que en todos los partidos tienen mayores dudas en su voto. Por el contrario, no hay diferencias significativas en cuanto a sexo, nivel de práctica religiosa, interés por la campaña, conocimiento de encuestas, etc. Pero es principalmente el votante que manifiesta influencia por atentados del 11-M el que muestra más dudas, con mayor proporción de dudosos cuanta mayor es la influencia reconocida. Como se aprecia en el Gráfico 5, el 10% de los votantes del PSOE que reconocen mucha influencia del 11-M dudaron entre votar a ese partido o al PP. La proporción se reduce al 2% de los que manifiestan nula influencia de los atentados.

Gráfico 5. Votantes del PSOE que dudaron si votar al PP según influencia del 11-M

La proporción de los que dudaron si votar al PP llega al 31,4% de los votantes socialistas que reconocen que el 11-M les hizo cambiar su voto y al 37,1% de los que decidieron ese voto al PSOE tras los atentados. En definitiva, la asociación entre la elección final y la influencia de los atentados es estadísticamente significativa[29].

Gráfico 6. Voto final del que dudó entre PSOE-PP según influencia del 11-M

La mayoría de los votantes socialistas que cambiaron su voto o se animaron a votar ya había optado por este partido en ocasiones anteriores. No se trata de una autentica conversión, salvo para uno de cada cuatro que optaron por este partido por primera vez. En cualquier caso, no todos los que optaron por el PSOE por primera vez lo hicieron impulsados por los atentados; de hecho, casi la mitad (el 48,7%) de los nuevos votantes socialistas mayores de 22 años no reconocen influencia del 11-M en su decisión de voto y a otro 16,2% les reafirmó en su decisión.

Uno de los efectos de los atentados más difíciles de medir es su influencia en la abstención. Un 16,9% de los abstencionistas declarados tomaron su decisión final de no votar tras el 11-M, llegando incluso al día de las elecciones con esa duda; de esos, un 24,4% declara que habría votado al PP frente al 17,9% que habría votado al PSOE.

Finalmente, compararemos la motivación del elector que manifiesta influencia de los atentados respecto al que expresa que los atentados no le influyeron en su voto. Lo haremos para los tres principales partidos gracias a una pregunta específica, de respuesta abierta y única para cada opción electoral[30].

El votante del PSOE no influido por los atentados expresa motivos ideológicos: “es el partido que mejor representa las ideas de gente como yo” (31,6%), “siempre voto a este partido” (30,3%) o “por la posibilidad de que haya un Gobierno de izquierdas” (8,7%). Apenas hay diferencias entre la motivación del que se animó a votar y del que cambió su voto al PSOE a raíz de los atentados: las razones aducidas por ambos son, esencialmente, “por los atentados del 11-M en Madrid y sus consecuencias” (48,4%) o “para evitar que ganase el PP” (25,2%).

El votante del PP no influido por los atentados invoca razones de eficacia: “lo ha hecho bien al frente del Gobierno” (35,4%) o “es el que está más capacitado para gobernar” (21,1%). Ya sabíamos que la proporción de votantes que eligieron ese partido a raíz de los atentados es menor[31], ahora gracias a esta pregunta vemos que su motivación es parecida a la de los no influidos: “lo ha hecho bien al frente del Gobierno” (26,8%) o “es el que está más capacitado para gobernar” (12,5%); aunque hay un 19,6% que manifiesta “por los atentados del 11-M en Madrid y sus consecuencias” y un 9% “para evitar un Gobierno de coalición entre PSOE e IU”.

Por último, el votante de IU es el que más distancia presenta entre sus votantes influidos por los atentados y los que no. Entre los primeros[32] un tercio aduce que votó “por los atentados del 11-M en Madrid y sus consecuencias” y otro tercio “para evitar que ganase el PP”, mientras que entre los que no les influyeron los atentados lo hicieron “porque es el que mejor representa las ideas de gente como yo” (50,6%) o “por la posibilidad de que haya un Gobierno de izquierdas” (16%).

4.4. Desviación de la participación según las solicitudes de voto por correo

Las solicitudes de voto por correo de residentes (CER) son un predictor fiable de la participación a las 20:00 horas en cada provincia[33]. Las 557.533 solicitudes de voto por correo suponían un incremento (deflactado el censo) del 12% respecto a 2000 y del 5% respecto a las municipales de 2003; respecto a 1996 suponían un descenso del 4 %.

Tales cifras implicaban matemáticamente una participación bastante superior a la de cuatro años antes, que fue inusualmente baja (70,0% en 2000, 78,1% en 1996 y 76,9% en 1993) pero inferior en todo caso al 74,5%, incluso teniendo en cuenta el atípico comportamiento del País Vasco y Navarra. La participación final fue del 77,2 % por lo que los atentados del 11-M influyeron en elevar en más de tres puntos la participación final.

En el caso de la circunscripción de Madrid, donde se produjeron los atentados, la predicción de participación estimada según la solicitud de votos por correo CER era del 78%, es decir, casi cinco puntos superior a la de 2000, pero 2,7 puntos por debajo de la finalmente obtenida de 80,7%, es decir, la segunda más alta de la historia, sólo superada por la mítica cifra de 1982.

Tabla 18. Predicción de participación en Madrid en función de solicitud de voto por correo
Año

Elecciones

CER

Solicitudes

Participación

Predicción

Error

1989

Generales

3.695.129

46.733

72,88

73,46

0,58

1991

Autonómicas

3.805.480

39.094

58,74

58,79

0,05

1993

Generales

3.936.956

58.692

79,40

78,57

-0,83

1995

Autonómicas

4.082.015

56.916

70,20

70,74

0,54

1996

Generales

4.144.804

67.411

80,18

80,60

0,42

2000

Generales

4.207.207

68.049

73,43

73,22

-0,21

2003

Autonómicas

4.308.655

68.146

69,03

68,24

-0,79

2004

Generales

4.316.617

79.309

80,67

78,00

-2,67

Modelo: regresión lineal de la participación a las 8:00 horas en función de la relación de solicitudes de voto por correo CER respecto a censo CER y el año.R2 = 0,951 del modelo de generales; R2 = 0,929 de modelo generales y autonómicas.

4.5. Análisis del voto emigrante, emitido antes del 11-M

El voto del millón largo de españoles residentes ausentes, conocido periodísticamente como el voto emigrante y más precisamente como el voto del Censo de Residentes Ausentes o voto CERA, no es extrapolable al comportamiento de los residentes en España. Sin embargo, el hecho de haber sido emitidos con anterioridad al 11-M le confiere gran importancia como indicador de tendencias. La evolución del número de votos a los dos principales partidos es la mostrada en el Gráfico siguiente:

Gráfico 7. Evolución del voto estimado de españoles residentes ausentes (CERA)

En el voto de los emigrantes españoles las distancias entre PSOE y PP no sólo no se acortaban sino que se ampliaban y pasaban de 2,1% del año 2000 a 8,8% en 2004. El PP obtuvo el 44,9% y ganó apoyo de los emigrantes de todas las comunidades autónomas, mientras que el PSOE, con el 36,1%, los mantuvo en Cataluña y los perdió entre los inscritos en Andalucía, Extremadura y Murcia, ganando en el resto, especialmente en Madrid, Galicia y Asturias. La comparativa de la evolución del voto CERA y el CER a estos dos partidos presenta mayores disparidades en Cataluña, Andalucía y País Vasco. En los tres casos los resultados del PSOE el 14 de marzo son notablemente mejores que los que apuntaban los votos de residentes ausentes.

También hay cierta desviación en los votos definitivos y los apuntados por el voto CERA: perdieron apoyos en el último momento IU y el BNG y los ganaron de forma notable ERC y el PNV pero también, aunque en menor medida, CiU y CC.

4.6. Valoración postelectoral del propio voto

Una mayoría de los que acudieron a votar o cambiaron su voto por los atentados mantienen posteriormente su decisión. No se trata pues de un voto del que luego se arrepientan, según cabe esperar cuando operan con normalidad los mecanismos de reducción de la disonancia cognitiva. Aunque lógicamente su fidelidad no es tan grande como la de los que se vieron reafirmados en su decisión o no se sintieron influidos; de hecho, uno de cada cuatro votantes que cambiaron su voto por los atentados habría actuado de diferente forma de haber conocido los resultados finales.

Tabla 19. Reacción del votante si hubiera conocido los resultados

Hubiera votado

por el mismo

partido

Me habría

abstenido o habría

votado en blanco

Hubiera votado por

un partido distinto

Hubiera

votado

No influyo

85,5

10,5

0,9

1,1

100

Me reafirmó

96,4

1,6

0,6

0,4

100

Me animó a votar

82,0

12,3

2,4

1,2

100

Cambié mi voto

70,0

9,7

15,9

0,5

100

Total

85,1

10,1

1,5

1,2

100

Nota: el total es del conjunto de entrevistados.Fuente: Análisis propio de la encuesta postelectoral del CIS, nº 2.559; n = 5.377.

Como puede apreciarse, los que se sintieron reafirmados en su voto por los atentados son los que presentan menores proporciones de “arrepentimiento”, mientras que tres de cada diez “conversos” habrían tenido un comportamiento diferente de haber conocido los resultados con anterioridad. Las tasas de arrepentimiento entre los conversos son menores entre los votantes de los dos principales partidos, pues en el caso de los votantes Socialistas sólo llega al 25% y de los Populares al 20%. Los “activados” ofrecen una tasa de arrepentimiento intermedia del 14,7% que nuevamente es menor entre los votantes Socialistas, con el 11%, y Populares, con el 15%.

Tabla 20. Dudas del votante según partido votado
Voto

Tenía decidido

votar por

un partido

Dudó entre

varios

partidos

Dudó entre

un partido y

la abstención

Tenía

decidido

abstenerse

NC

PSOE

85,0

6,7

3,3

4,1

0,9

100

PP

93,4

2,7

1,5

1,6

0,8

100

IU

81,5

10,0

4,3

4,3

100

CiU

83,3

11,1

3,7

1,9

100

ERC

77,6

17,3

4,1

1,0

100

PNV

96,2

1,9

1,9

100

Votó en blanco

12,3

8,2

13,7

53,4

12,3

100

Total

86,0

5,7

2,8

4,0

1,4

100

Fuente: análisis propio de la encuesta postelectoral del CIS, nº 2.559; n = 5.377.

La reacción de los electores de haber conocido los resultados habría sido diferente en función del partido votado. En este supuesto es de nuevo el PSOE el que habría perdido más votantes, que se habrían ido principalmente a la abstención, al PP y a IU; pero también es el partido que mayores apoyos habría recibido de haber conocido los resultados previamente: especialmente del PP y de IU. El PP, aunque en menor grado que el PSOE, también habría tenido votantes que se habrían abstenido o votado al PSOE de hacer conocido los resultados con anterioridad, lo que compensaría los votos recibidos del PSOE –como se ha dicho– y de CiU.

5. Conclusiones

Todas las vías de investigación confirman la sospecha de la mayoría de los españoles: los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid tuvieron una incidencia decisiva en las elecciones de tres días después. Tal incidencia, aún siendo pequeña en términos porcentuales, fue determinante para cambiar el resultado final.

El efecto de los atentados puede cifrarse en la “activación” de un millón setecientos mil votantes que acudieron a votar movidos por los atentados y por el clima generado, lo que, unido a los trescientos mil electores que dejaron de votar por la misma causa, provocó un incremento de la participación de cuatro puntos. La conversión del voto fue menor, algo más de un millón de electores, pero sus efectos electorales mayores al tratarse del trasvase de un partido a otro.

La concurrencia de estos fenómenos en la evolución de la intención del voto a lo largo de esas 72 horas puede apreciarse en el Gráfico 8, que muestra los resultados de las encuestas en función de la fecha de campo de las entrevistas:

Gráfico 8. Estimación de voto de las encuestas preelectorales

Respecto a las cuatro hipótesis explicativas del inesperado vuelco electoral –existencia de un deseo latente de cambio de Gobierno, conmoción por los atentados, castigo por la participación en la guerra de Irak y manipulación informativa del Gobierno y contra el Gobierno–, cabe afirmar que las cuatro hipótesis no son excluyentes sino complementarias. Las tres primeras hipótesis son ciertas y necesarias para el cambio electoral: la conmoción por los atentados activó el rechazo a la posición del Gobierno español en la guerra de Irak, y este rechazo activó el deseo latente de cambio de un segmento determinante del electorado. Visto en sentido contrario: sin un deseo latente de cambio, sin el apoyo del Gobierno de España a la guerra de Irak y sin la conmoción producida por los atentados, el cambio no se habría producido. La manipulación en su doble vertiente, del Gobierno y contra el Gobierno, actuó de refuerzo del proceso descrito.

Narciso Michavila

Profesor de “Opinión pública y seguridad” en el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de la UNED

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[1] Fue el intento en 1984 de la secta de los rajneeshees de hacerse con el control del condado norteamericano de Wasco mediante la intoxicación masiva de sus habitantes, llegando a intoxicar a 751 habitante de salmonelosis. El resultado fue el contrario al buscado por los terroristas “Por el contrario, los residentes del condado de Wasco, al darse cuenta de que su población estaba en peligro, se registraron y votaron en masa. El número de votantes para las elecciones del mes noviembre de 1984 fue, proporcionalmente, el mayor en la historia de Oregón. Los candidatos rajneeshees fueron derrotados” (Miller, 1999, p. 39) pero se tardó más de un año en descubrir el origen y la motivación de un envenenamiento masivo.

[2] Durante los doce meses posteriores a los atentados se han publicado en España una treintena de libros que tenían estos como tema central. Además, la “Comisión de Investigación sobre el 11 de marzo de 2004” ofrece mucha información inédita sobre los mismos. La trascripción de las comparecencias está disponible en la web del Congreso de los Diputados: www.congreso.es.

[3] Información sobre las víctimas del terrorismo puede encontrarse en la página de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), www.avt.org, y en la web del Gobierno Vasco (Consejería de Interior), www.euskadi.net.

[4] Entre los fallecidos había 47 extranjeros de 14 nacionalidades: 16 rumanos, 5 ecuatorianos, 4 búlgaros, 4 polacos, 4 peruanos, 3 marroquíes, 2 hondureños, 2 colombianos, 2 ucranianos, un brasileño, un chileno, un francés, un cubano y un guineano.

[5] El 19 de abril de 1995, el mismo día que ETA atentaba contra el entonces líder de la oposición, Jose María Aznar, una bomba mataba en Oklahoma a 169 personas. Los dos primeros días de la matanza, los norteamericanos, incluidos los expertos antiterroristas, pensaron que se trataba de un grupo islámico internacional como había sucedido hasta entonces en ese país. El periódico británico Today llegó a titular la foto de portada que mostraba a un bombero portando el cadáver de un niño: “In the name of Islam”. Dos días después, y sólo gracias a las evidencias aportadas por la policía se supo que el autor de la matanza era un extremista estadounidense, Timothy McVeigh.

[6] Puede encontrarse cierta información de las fuentes citadas en las páginas web del Centro de Investigaciones Sociológicas, www.cis.es, de la Oficina del Censo Electoral del Instituto Nacional de Estadística, www.ine.es, y de la base de datos de resultados electorales del Ministerio del Interior, www.elecciones.mir.es.

[7] Este último aspecto está tratado con especial rigor por Javier Jordán en Profetas del miedo, publicado un mes antes de los atentados, y por la recopilación de análisis realizada por Antonio Elorza y Fernando Reinares en El nuevo terrorismo islamista. Del 11-S al 11-M.

[8] Cfr. Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General.

[9] Algunas de las cifras ofrecidas por la Comunidad de Madrid dan idea de la extraordinaria respuesta ante los atentados. A las dos horas de estallar la primera bomba estaban trabajando 291 ambulancias en el traslado de heridos a 19 hospitales madrileños, capaces de atender a 1.430 heridos durante las nueve primeras horas y realizando 95 operaciones quirúrgicas. 162 vehículos de bomberos fueron esa mañana a los cuatro puntos de la tragedia. Antes de una hora estaban activados seis puntos móviles para la captación de donantes de sangre a la que inmediatamente acudieron miles de madrileños; a esa hora la Generalitat de Cataluña enviaba 500 bolsas de plasma sanguíneo. Durante el primer día el teléfono de emergencias 112 atendió más de 20.000 llamadas con un tiempo de respuesta de 30 segundos. Durante las primeras horas se activaron todos los jueces de instrucción de Madrid para el levantamiento de cadáveres. 83 médicos forenses madrileños más otros venidos inmediatamente de Galicia y Cataluña realizaron la identificación de 120 cadáveres en las primeras 24 horas. La unidad de atención psicológica de la Comunidad de Madrid realizó más de 3.000 visitas a domicilio en las 48 primeras horas activando a 450 profesionales y alertando a 1.200 en caso de necesidad. Otros 729 voluntarios con preparación ayudaron a las familias de las víctimas. El arzobispado puso a disposición del Ayuntamiento cuantos sacerdotes fueran precisos. A las 24 horas el 80% de los servicios de transporte de cercanías estaba operativo. Taxistas, hosteleros, agencias de viajes, líneas aéreas y grandes almacenes ofrecieron de inmediato su apoyo a las familias en todo lo que necesitaran.

[10] La encuesta de Noxa fue la que más se acercó al resultado final de cuantas se publicaron, al desviarse sólo 7,2 puntos en contra del PSOE y a favor del PP. Ahora bien, la desviación en las predicciones de Noxa siempre han sido en el sentido contrario: sobreestimar los resultados del PSOE e infraestimar los del PP. Tal desviación fue de 13,8 puntos en las municipales de Barcelona de 2003, 7,5 puntos en las autonómicas Catalanas de 2003 y 6,7 puntos en las europeas de 2004, siempre en el sentido apuntado.

[11] El artículo 69 de la Ley Orgánica 5/85 del Régimen Electoral prohíbe la publicación y difusión de sondeos electorales por cualquier medio de comunicación.

[12] En el caso de las elecciones presidenciales en EEUU la desviación media entre las predicciones y los resultados ha sido del 1,1% en la cita de noviembre de 2004, del 2,2% en 2000, del 4,1% en 1996 y del 2,2% en 1992. Datos del National Council on Public Polls.

[13] Se acercaron más las encuestas de El Mundo y El País, con desviaciones de 2,7 y 3,5 respectivamente, y se alejó más el CIS, con 7,5 puntos.

[13]

Predicción

Resultado

Instituto

Medio

n

Fecha

Provincia

PP

PSOE

PP

PSOE

Desv.

ANOVA

El Correo Gallego

7-III

A Coruña

45

28

44

39,1

12,3

GPS

Gobierno Vasco

605

21-II

Álava

33

27,1

27

30,8

9,7

A+M

Heraldo

15-II

Aragón

42

40

37

41,3

6,8

Vox Pública

La Voz

6-III

Asturias

46

37,9

44

43,2

7,2

Invesmark

El Comercio

1.200

Asturias

48

38

44

43,2

9,1

Metras Seis

El Periódico

1.000

5-III

Castellón

53

34,7

46

44,6

16,9

Vox Pública

Dº de Córdoba

28-II

Córdoba

43

44

34

49,8

14,6

GPS

Gobierno Vasco

962

21-II

Guipúzcoa

22

24

15

26,3

9,3

Append

La Rioja

1.060

7-III

La Rioja

58

36

50

44,1

16,3

KD Creativa

Canarias Ahora

1.200

7-III

Las Palmas

43

32,3

42

34

1,9

Sigma-2

Diario de Avisos

7-III

Las Palmas

48

25,6

42

34

14,2

T sociología

Diario de Noticias

7-III

Navarra

43

27

38

33,6

12,3

KD Creativa

Canarias Ahora

1.200

7-III

Tenerife

39

26

29

35,8

19,6

TSA

La Opinión

1.750

7-III

Tenerife

35

29,4

29

35,8

12,5

Sigma-2

Diario de Avisos

7-III

Tenerife

36

28,3

29

35,8

14,8

GPS

Gobierno Vasco

1.260

21-II

Vizcaya

19

23,5

19

26,7

3,5

Desviación media

11,3

[15] También lo detectan las encuestas encargadas por el PSOE a Obradoiro de Sociología según el director de la campaña electoral del PSOE Juan Campmany en su libro El efecto ZP, Barcelona, Planeta, 2005.

[16] Las respuestas a la encuesta de Gallup Internacional en septiembre de 2002 a la pregunta ¿Cree posible que pudieran haber actos terroristas en (su país) en las próximas semanas? arrojan los siguientes resultados:

España

Canadá

Gran Bretaña

Italia

EEUU

Lo creo muy posible

20

1

13

2

12

Pudiera ser posible

42

6

28

15

48

No demasiado

16

39

39

40

28

No lo creo en absoluto

9

52

16

38

9

[17] El patrón de súbitas subidas y bajadas en la preocupación ciudadana esta también documentado en otros países. En EEUU, tras el secuestro del avión de TWA en 1985, un 13% de los estadounidenses citaban el terrorismo como el principal problema de su país, siendo el problema más citado. Seis meses después el porcentaje se reducía a uno (Hinckley, 1992). Durante la crisis de los rehenes en Irán, cinco años antes, la proporción de los que señalaban el terrorismo como principal problema estaban correlacionada con el número de noticias relativas a la crisis en Teherán (Nacos, 1994).

[18] Cfr. ponencias del grupo de trabajo de Sociología Política del Congreso Español de Sociología celebrado en Alicante en septiembre de 2004.

[19] Cfr. Buzan, 1991.

[20] En 1993, un 19,8 de los entrevistados (CIS nº 2.061) reconocían mucha o bastante influencia de los debates televisados en su propia decisión del voto. La influencia reconocida de los sondeos suele rondar el 3% del electorado (CIS nº 1.842 y 2.210).

[21]Respuestas a la pregunta del estudio del CIS (2.508, abril 2003): “Y, por último, ¿la guerra de Iraq puede hacerle cambiar su voto para las próximas elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo?”:

No

PP

18

77

PSOE

18

78

IU

28

71

CiU

17

82

PNV

3

97

No votó

18

75

Total

19

75

[22] Pregunta formulada por el periodista de la agencia Servimedia, Gabriel Sanz, en la última rueda de prensa de Aznar tras el consejo de Ministros del 12 de marzo de 2004. La respuesta de Aznar fue: “Tiene usted razón cuando empezaba su pregunta diciendo que tal vez no fuera el momento. Es el momento de ocuparse de las cosas que yo he dicho antes. Muchas gracias a todos y muy buenas tardes”.

[23] La hipótesis de la manipulación, en sus dos versiones, es rechazada por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que en la primera entrevista a El País tras las elecciones declaraba: “P.: ¿El PSOE exigió al Gobierno que informara a la opinión pública sobre la autoría de los atentados? R.: Ese sábado pedí al ministro del Interior que saliera públicamente y que diera la máxima información tanto al PSOE o a mí como candidato a presidente del Gobierno como a la opinión pública (…). Sí quiero decir que el ministro del Interior tuvo en la relación directa con nosotros, antes y después, una posición razonable. P.: ¿Y fue a raíz de esa exigencia cuando el ministro del Interior decidió comparecer para explicar las primeras detenciones de sospechosos? R.: Creo que para entonces la decisión de salir a dar explicaciones ya estaba tomada. Mi valoración es que no podían retener esa información.”

[24] Ver nota 2.

[25] El mensaje que convoca la manifestación ilegal ante la sede central del Partido Popular la víspera electoral acude al argumento de la manipulación: “¿Aznar de rositas? ¿Le llaman jornada de reflexión y Urdazi trabaja? Hoy 13-M, a las 18 h. sede PP C/Génova, 13. Sin partidos. Por la verdad ¡Pásalo!”.

[26] Tres meses después (28/VI/2004) el Instituto Opina para la Cadena SER, interrogaba sobre la manipulación de TVE ofreciendo los siguientes resultados. ¿Cree usted que ahora hay más o menos manipulación informativa en TVE? Más: 14,2%; igual que antes: 39,2%; menos: 28,2%; NS/NC: 17,4%.

[27] Recordemos las cifras proporcionadas: un 8,2% citó la manipulación del gobierno como principal causa del vuelco electoral, otro 3% citó la manipulación del PSOE el día de la jornada de reflexión.

[28] La doble tabla ofrece el número de entrevistados que declaran dudas entre esos dos partidos y el partido (o abstención) finalmente elegidos.

PSOE

PP

IU

CIU

ERC

Abstención

PSOE

68-28

37-14

14-2

8-8

47-10

175-44

PP

28-68

0-2

1-1

0-1

3-7

32-79

IU

14-37

2-0

1-1

2-6

7-3

28-47

CIU

2-14

1-1

1-1

2-4

2-0

8-20

ERC

8-8

1-0

6-2

4-2

1-0

20-12

Abstención

10-47

7-3

3-7

0-2

0-1

20-60

44-175

79-32

47-28

20-8

12-20

60-20

545

Fuente: análisis propio de la encuesta postelectoral del CIS, nº 2.559; n = 5.377.

[29] Con los 113 casos disponibles y un grado de confianza superior al 99% hay que rechazar la hipótesis nula de falta de asociación entre el voto finalmente elegido y la influencia del 11-M. El valor de Chi-cuadrado de Pearson es 19,804 (p-valor = 0,000).

[30] La pregunta es ¿Cuál es la razón principal que le ha llevado a votar al [partido o coalición votada] en estas pasadas elecciones generales?

[31] En la muestra n = 56.

[32] En la muestra n = 20.

[33] Es imposible conocer la influencia en el sentido del voto de los atentados mediante la comparación del voto el día electoral con el voto por correo de residentes (CER) porque éste se introduce en las urnas donde está inscrito el votante y se recuenta con el resto.