Guerra y circo

Por Zoé Valdés, escritora y autora, entre otros libros, de El pie de mi padre y Breve beso de la espera (EL MUNDO, 15/03/03):

Hará unos cuantos sábados atrás hubo otra manifestación en La Bastilla; a mí siempre me tocan. En La Habana vivía frente a la Oficina de Intereses de Estados Unidos, podrán imaginar. Y en París, a unos pasos de La Bastilla. Salí a comprar unos discos en la Fnac y distingo el tumulto, me aparto. Entonces se me acerca un muchacho vestido de militar, junto a otras dos chicas vestidas también de militar. Yo vestía una doudoune color fucsia; el joven se me acerca y tirando del cuello del abrigo vocifera que el fucsia es anticuado. Me viré y, aunque asustada, le contesté que más anticuado e imbécil era disfrazarse de militar.

En medio del careo que se armó, averigüé la causa de la manifestación y la respuesta enérgica no se hizo esperar: Contra Sarkozy y contra la guerra. ¿Contra la guerra disfrazados de militares? A lo que respondieron que era lo más barato que había en materia de ropa. Mentira, lo más barato es mi abrigo comprado en Froggy. Esos trapajos verde olivo cuestan más caros que un esmoquin. Alegaron que era lo mejor contra el frío y una de las muchachas aseguró en perfecto francés que ella era rusa y que sabía lo que era el invierno duro. Ahí me puse en un tacón y le espeté: «Mira, tú, de rusos no me hables, que los conozco bien. Los sufrí durante 30 años. Toda una vida».

Yo estoy contra la guerra; hemos vivido, en los medios de comunicación de masas, sobradas experiencias de bombardeos. Los más recientes, con el objetivo de atrapar a los malhechores, lo único que han conseguido es asesinar a inocentes. Y los truhanes siguen vivitos y coleando: Milosevic, remolón en un juicio eterno, y Bin Laden, divertido, nos envía mensajitos mensuales para que nos vayamos muriendo lentamente, de pánico, o de un cáncer provocado por el terror de entrar en un supermercado y pensar que seremos exterminados en menos que canta un gallo.

Me gustaría saber por qué los americanos, en lugar de tanta guerra anunciada y sus consecuencias -o sea, los espectáculos circenses de mal gusto organizados por la izquierdona- no van al grano y envían un comando, de ésos que se inventa Hollywood en los soporíferos filmes de Van Damme, para que den caza a Sadam Husein y a cuanto dictador o terrorista ande por ahí, más que perdido, encontrado. Todavía no me explico por qué no han logrado echarle garra a Bin Laden. La guerra en Afganistán sólo sirvió para matar a buena parte de la población, para que periodistas como Julio Fuentes -entre otros- fuesen asesinados vilmente, para aterrorizar al mundo, claro; y de paso para que los de Al Qaeda recularan alguito, pues por lo que me cuentan el miedo allí sigue intacto y muy pocas mujeres se han quitado el velo. Sin embargo, ya no recibo más mensajes de solidaridad por Internet a favor de las mujeres víctimas del burka… Recibo tantas cartas para firmar en contra de la guerra que si las firmo todas no podría terminar mi novela… Y juro que, por momentos, me dan ganas de que acabe de estallar la guerra de una vez para que me dejen tranquila con las dichosas firmas.

Lo extraño es que con las firmas sucede exactamente lo mismo que con lo del joven y sus compañeras vestidos de militar protestando en contra de la guerra. Mucha firma en contra de los americanos, pero ninguna petición en contra de Sadam Husein ni en contra de Hugo Chávez, quien en lo que va de año ha asesinado que da gusto y va desmantelando Venezuela a una velocidad que ni cuando la furia de los Placatanes imperaba sobre la faz de la Tierra. Mucho menos en contra de Fidel Castro, pero ya eso es costumbre. Jamás había recibido por parte de los españoles, que en estos días me han enviado correos electrónicos en contra de la guerra de George Bush, jamás, les digo, he recibido de ninguno de ellos una petición en contra de ETA. ¿Raro, no? A eso le llamo yo el circo de la izquierdona, el circo de lo políticamente correcto.Y ni me hablen de los actores y actrices colaboracionistas. Viviendo en París y estudiando un poquito una cierta época situada en los años 40, puedo explicarlo concretamente: las ganas de figurar, el embullo de clamar a lo loco y sin sentido, sin lecturas, aliados de la ignorancia, exentos de dramas personales. La necesidad de un drama que no viven cotidianamente e interpretan mal. O por otro lado el lamentable silencio aburrido, en una palabra.Es una pena que entre ellos haya gente con un pasado doloroso y que hoy traicionen ese dolor sólo por situarse del lado cómodo.

Porque es obvio que lo cómodo es ponerse en contra de George Bush. Sin tomar partido en contra de Sadam Husein, Bin Laden, Hugo Chávez, Fidel Castro, ETA, Tirofijo y compañía… Yo digo que estoy en contra de la guerra, pero sobre todo estoy en contra de las dictaduras y del terrorismo que provocan. Es lo único que puedo decir porque no sé nada más… No sabemos si George Bush quiere la guerra porque quiere el petróleo, porque en ese caso Jacques Chirac también puede no quererla por lo mismo; o sea, por congraciarse con los dictadores que le dan y a los que les puede quitar a la manera francesa, es decir, a base de verborrea gala. Y mientras tanto el peligro se acrecienta. Y el terrorismo y los dictadores -valga la redundancia- se alían, hacen uno.

Por cierto, hace unos días se celebró en París la Cumbre Francoafricana. Mucho dictador africano asistió. Y uno más, el dictador cubano, que pasó por esta ciudad en escala hacia Vietnam, acompañado de su hijo mayor, y del ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque. El hotel Lafayette Concorde en el que se hospedaron posee un corredor que comunica con el sitio donde se celebró el evento. En el hotel se hallaba la plana mayor de la embajada cubana además de un grupo de opositores. Tal vez por eso los cuerpos de seguridad de ambos países daban al cuello. Felipe Pérez Roque salió del hotel y un periodista le abordó mientras alguien gritaba: «¡Viva el Proyecto Varela!». Refiriéndose al proyecto de Osvaldo Payá Sardiñas, líder del movimiento demócrata cristiano en el interior de la isla y premiado recientemente con el Premio Sajarov en el Parlamento Europeo. Pues el ministro de Relaciones Exteriores sopesó con las manos sus genitales y respondió: «¡El proyecto Varela me lo paso por los c…!». O sea, el circo de una dictadura izquierdona. Parecía la segunda parte de una entrega de premios.

Por eso lo que más me gustó de la gala de los Fracasos de la Música -quiero decir de Les Victoires de la Musique en Francia, retransmitido por el Canal Dos- es que después de tanto mensaje oportunista contra la guerra y contra Bush, dos artistas se pararon y pusieron las cartas sobre la mesa. Uno fue Renaud, quien se pronunció en contra de la guerra, sí, pero en contra de quienes la han provocado, Bin Laden y Sadam; el otro fue el cantante africano Tiken Jah Fakoly -mejor disco reggae-, que hacía su debut con la canción Francáfrica. Después de cantar como un dios de ébano, soltó su mensaje: «Me pregunto por qué Francia mantiene los tanques en África». En perfecto francés, un gran artista, comprometido con su arte y con su causa, que es su dolor. Sin circo, a favor de la paz.

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