Guinea no será Filipinas

EL 10 de marzo de 1903, el Ministerio de Estado dictaminaba «la conveniencia para España de conservar los Territorios Españoles del Golfo de Guinea por consideraciones de orden más bien económico que político: su pérdida no afectaría grandemente a la integridad de la patria, sino al comercio español que perdería su mercado, donde a la vez adquirir primeras materias que le reporten después seguras utilidades». Más de un siglo después, sigue vigente tal criterio. Miguel Ángel Moratinos, sucesor en la cartera, reveló días atrás su inusitado interés por aquellas tierras al afirmar que «abandonar Guinea sería un error histórico».

Ante las críticas recurrentes por su incomprensible apoyo al régimen de Teodoro Obiang, el exministro socialista aduce su «compromiso» con el país africano, riquísimo productor de hidrocarburos, representando a empresas españolas que mejoren sus infraestructuras y modernicen el modelo productivo. Digno propósito, que suscribirían los guineanos y españoles de bien. Pero no son los árboles –cuantos queden tras la devastación de los vástagos del presidente– los sujetos del desarrollo, sino las personas que habitan el país. Y, en sus 35 años de poder omnímodo, Obiang muestra a diario un profundo desprecio por el bienestar de sus compatriotas y se revela incapaz de articular unas relaciones maduras con la antigua metrópolis.

De sobra conocidos, innecesario reiterar los datos sobre la miseria crónica, la represión extrema, el monolitismo político o el agravio continuado a España, no siendo el menor la amenaza de bombardear el avión del presidente Adolfo Suárez cuando, en 1992, Felipe González encomendó al artífice de la Transición asesorar a los guineanos para construir un Estado que les devolviera sus libertades. Baste concluir que Guinea Ecuatorial está al borde del estallido social, de consecuencias imprevisibles. Incierto el horizonte inmediato: nada garantiza la estabilidad –ni las inversiones– ante una posible sucesión «monárquica» encarnada por el célebre primogénito, denostado por parte de su propia familia, la población y la comunidad internacional. La posición de Moratinos y demás lobbistas exhuma la amarga observación de Gustavo de Sostoa, gobernador republicano en la Guinea Española: «Lo que mueve la colonia no son sino intereses creados disfrazados bajo una apariencia patriótica». Sostoa sería asesinado en 1932 en Annobón, un año después de ocupar su puesto, por un sargento izquierdista, Restituto Calleja, convicto de innumerables abusos en aquel feudo remoto, que se negaba a abandonar.

Cuantos historiadores, españoles o extranjeros, se acercan a la realidad guineana coinciden en un punto fundamental: el alejamiento secular de Guinea del sentimiento de los españoles. Anteriormente provincias españolas, no ocupa ningún lugar en la conciencia o en la memoria histórica de España, como Marruecos o Cuba; de ahí que, para los españoles más jóvenes, resulte exótico oír hablar a un africano en un castellano perfecto. Fenómeno acentuado por años de «materia reservada» decretada por Francisco Franco y su vicepresidente, Luis Carrero Blanco, sobre toda información relativa a la excolonia, debido al fiasco de una independencia presentada como «modélica». Tras la supresión por el primer gobierno de Suárez del secreto oficial en 1976, tampoco se prodigaron las noticias o el análisis sobre cuanto sucede allí. Diríase que el raudal de petrodólares que fluye del nuevo Eldorado tapona los flujos informativos y la nariz de ciertos personajes poderosos. Así resulta fácil la manipulación. Obiang viene gozando de una extraña patente de corso, cuyas razones merecen una explicación pública. Aunque, con su autoinvitación al funeral de Suárez, parece generalizarse la repulsa social a sus modos tiránicos y la corrupción, características esenciales de su modelo de gobernar.

Un argumento grato, según quienes le arropan en nombre de los «intereses de España», es el ejemplo de Filipinas, donde una desidia resultante de la frustración condujo a la pérdida del español como lengua vehicular, tras la ocupación estadounidense en 1898. Pura falacia: Guinea no ha sido aún recolonizada por otra potencia. El retroceso de lo español se debe al empeño del dirigente guineano en borrar todo vestigio de la presencia española. Su personalidad revela un anticolonialismo primario, al estilo de su tío y mentor Francisco Macías, aunque disfraza sus complejos, traumas y rencores de colonizado bajo una débil capa de «proespañolismo», con la cual esparce culpabilidades retrospectivas que desarman a los ingenuos. Mecanismo psicológico bien descrito por Sigmund Freud y Frantz Fanon. Incapaz de asumir las profundas transformaciones operadas en España en este medio siglo, considera en su fuero interno –expresado por personas interpuestas en su televisión– a todos los españoles como crueles explotadores prestos a engañarle. No comprenderlo trae estos lodos.

Los guineanos desean seguir expresándose y creando en español. No por España, sino por el interés de Guinea Ecuatorial, cuya personalidad y soberanía se asientan sobre su doble identidad hispanobantú. Así lo entendieron los forjadores de la independencia; así se plasmó en la primera Constitución, nunca aplicada; así lo reafirmaron sus intelectuales durante el Congreso Internacional Hispánico-Africano de Cultura (Bata, 1984). Obiang, por el contrario, coló al país en la Francofonía (1982); declaró el francés idioma cooficial (1998); impuso el portugués (2007); desde febrero pasado, Guinea Ecuatorial es miembro de la Comunidad de Países Lusófonos; el embajador estadounidense en Malabo reclama privilegios para el inglés. Guineanos formados en España son generalmente marginados, mientras estudios académicos rigurosos constatan la agónica situación del español hablado y escrito en el país. No se promociona la literatura escrita –los escritores más emblemáticos se hallan exiliados– ni existen medios de comunicación escritos, ni bibliotecas. No hay una sola librería. No es probable que prohiba el uso de esta lengua «imperialista», como Macías, pero la verdadera naturaleza de su política la acredita la destrucción sistemática del casco histórico de las ciudades, incluida la residencia de los gobernadores coloniales y del primer presidente del país.

Tan inmensos escollos erigidos desde el poder impiden la expansión y consolidación de lazos sólidos entre guineanos y españoles, con la lengua como paradigma. Arrumbando hueros lugares comunes, solo la voluntad de los guineanos, conscientes de sus intereses nacionales, vitales, será firme dique de contención de un batiburrillo único en el mundo.

Donato Ndongo-Bidyogo, escritor.

2 comentarios


  1. Me quiero dirigir a Donato Ndong Biyogo, a quien conozco muy bien y de quien me puedo considerar amigo, a pesar de que discrepamos en cuanto a la consideración de lo que pasa en nuestra querida Patria, Guinea Ecuatorial. Quiero decirle a Donato que, como intelectual de reputación que es, me sorprende que se deje llevar por lo subjetivo, al considerar que, por no gustarle Obiang y la forma suya de Gobernar, toda acusación inventada va a misa y es considerada seria ( seria debe ser considerada, desde luego, cuando viene de él) . Pero lo que a Donato no le la da la gana de decir y reconocer, es que Obiang es uno de los principales defensores del Español y de los lazos con España en Guinea Ecuatorial, por no decir el primero. Obiang separa perfecta y objetivamente las divergencias que pueda tener con los diferentes gobiernos que se han instalada al frente de la política de ese País en lo que respecta a las relaciones con Guineas Ecuatorial y su régimen, pero considera el español y nuestra condición hispánica realidades inamovibles en la sociedad guineoecuatoriana, y así lo ha declarado muchas veces. Las introducción de otros idiomas, que sabes que se debe a razones geo-políticas, dadas nuestras dimensiones territorial y poblacional y nuestro enclavamiento entre países mas grandes e integrados en unos espacios de intercambios internacionales de los que carecía nuestro País, por abandono y dejación, no ha supuesto, ni para para el pueblo ni para las autoridades actuales de Guinea ecuatorial, un cuestionamiento de nuestra hispanidad y de la cultura hispánica que nos hace diferentes y respetados en África. La objetividad es el principal motor que debe mover la conducta y reacciones del intelectual. Muchas gracias

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  2. he leido con atención el extenso articulo. No estoy en condiciones de evaluarlo en su totalidad, pero no puedo por menos que manifestar mi indignación por la falta de rigor, al menos en los asuntos que sobre la actitud que Teodoro tiene hacia España. Estoy iniciando unas relaciones comerciales con ese pais y le puedo asegurar que ha sido el presidente, quien por encima de la opinión de miembros de su equipo, ha potenciado las empresas españolas sobre las de otros paises.

    No quiero entrar en más disputas sobre este articulo, pero, según mi criterio, si en una de sus afirmaciones no tiene el rigor que se debe tener, estimo que no lo tiene en el resto.

    No voy a defender, porque no defiendo, ese sistema de gobierno, pero por favor, asegurese de lo que dice la proxima vez que escriba sobre lo que sea.

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