Günter Grass no siempre guardó silencio

Por Klaus Wagenbach, editor y escritor alemán. Traducción de Martí Sampons (EL PAÍS, 16/05/07):

Hace unas semanas cayó en mis manos un sobre negro con el título Monografía de Grass. Contenía diez hojas en las que yo había tomado apuntes para una monografía sobre Günter Grass.

Supe de inmediato dónde y cuándo había sido: en el verano de 1963 en una casa de vacaciones de los suegros de Grass, en el Tesino. Entonces éramos muy amigos y, además, yo fui durante algunos años su editor. Aunque en aquel tiempo era ya un autor conocido y traducido a muchos idiomas, no existía todavía ninguna biografía. Así que me concedió varias entrevistas y tomé notas, pero sólo llegamos hasta 1953. El proyecto quedó interrumpido porque poco tiempo después abandoné la editorial y fundé la mía propia.

Leyendo estas notas, me encontré con algo totalmente inesperado: “La mayoría de la clase se alistó en la Marina (también G.), pero acabó en los tanques. G. acabó en un regimiento blindado de las SS. Primero Dresde, luego Checoslovaquia y las landas de Lüneburg. Enero/febrero del 45, orden a la compañía de marchar primero sobre Silesia, luego (Grupo Steiner, SS) el primer ataque sobre Berlín, marzo/abril”.

Fue una gran sorpresa para mí.

Hasta ese momento parecía claro que Grass había ocultado haber servido en las SS. Incluso él mismo pensaba que en su autobiografía (Pelando la cebolla) lo relataba por primera vez. El Frankfurter Allgemeine Zeitung utilizó esta confusión para publicar un titular en primera página. Hubiera sido posible aclarar esta confusión con aquellas viejas declaraciones, en las que Grass se había expresado sin tapujos hasta mediados de los años sesenta sobre su participación en las Waffen-SS. Además, las entrevistas que yo le hice iban a hacerse públicas.

Pero a los periodistas (conservadores), no les interesaba todo esto. Preferían denigrar a una mente libre (de izquierdas). Fue una “primicia”. Y la prensa internacional la publicó. No sólo hay demasiados reaccionarios en el mundo, sino también demasiados parricidas y demoledores de monumentos.

Pero queda, sin embargo, la pregunta de por qué Grass dejó de hablar de sus tres meses en las Waffen-SS a partir de mediados de los sesenta. Había aparentemente dos motivos:

1. Aproximadamente hasta mediados de los años sesenta, Günter Grass podía confiar en que cualquier alemán, por proximidad temporal o generacional, sabía perfectamente que los nazis habían reclutado a soldados al final de la guerra ante la derrota inminente. A simples soldados. Daba casi lo mismo si se trataba de “auxiliares de artillería antiaérea”, de “Volksturm” o de “Waffen-SS”. Además, Grass (como mucha gente en Danzig y entre ellos sus compañeros de pupitre) quiso en un principio alistarse en la Marina. Pero ésta había dejado prácticamente de existir en esta época, así que acabó en los tanques, y consiguió sobrevivir por su cuenta.

Después, Grass ya no podía contar con estas ideas asumidas (algunos poemas de Interrogado de 1967 muestran cómo Grass tuvo que aceptar también este hecho). Pero de ninguna manera porque entre los estudiantes aparecieran oradores de duras convicciones, que exigían de sus mayores unas biografías fuera de sospecha que ellos mismos todavía no podían tener. Sino, sobre todo, porque en los dos decenios posteriores al final de la guerra, otros se habían encargado (con éxito) de negar su propio pasado y de enmendarlo. E incluso algunos lograron mediante una decisión judicial (cosa no muy difícil a partir de entonces, puesto que después del 45 ningún juez nazi fue suspendido de funciones) que no se les declarase cómplices sino tan sólo simpatizantes, como ocurrió con el que más tarde fue el presidente de la patronal, Schleyer. Para este fin, éste hizo creer que tenía tres categorías menos de oficial de las SS. Este “alto funcionario” volvía a estar bien colocado.

2. Fue sólo a partir de los años sesenta cuando empezó a difundirse en Alemania la dimensión real del papel criminal de las SS, principalmente a través del proceso de Auschwitz, iniciado de manera significativa por un repatriado: el valeroso fiscal general del Estado de Frankfurt Fritz Bauer. Este proceso dividió Alemania entre ciudadanos que se avergonzaban de ello y otros que lo negaban.

Grass empezó a avergonzarse bastante antes, y yo puedo certificarlo. En sus viajes a Polonia llegó a ver un documento terrible, el llamado Informe Stroop. Se trataba de algo parecido a un álbum de fotos con el título de Ya no hay barrio judío en Varsovia, en el que el general Jürgen Stroop relataba el exterminio del gueto de Varsovia. Este documento se publicó en 1960, a iniciativa de Günter Grass, en su editorial.

Entretanto, han aparecido en todo el mundo imágenes horribles que todos conocemos. Y el caso de un nuevo ataque a Günter Grass en el Spiegel de hace unas semanas ilustrado con una de estas imágenes, como si un airado adolescente de diecisiete años, encargado de cargar los cañones, tuviera algo que ver con el exterminio del gueto de Varsovia, forma parte de la actual y evidente falta de criterio histórico.

El texto mencionado iba sin embargo más allá de la falta de criterio histórico. Era uno de los muchos intentos de socavar la integridad moral de las personas, imputando errores que se han cometido en edad escolar. Así, estos periodistas no desenmascaran a nadie, sino más bien ocultan sus propias biografías, su aburrimiento, su esnobismo y su desconocimiento de la política, para acabar pareciéndose de una manera inquietante a izquierdistas dogmáticos y puritanos.