Hacia la cohesión verde europea

Hacia la cohesión verde europea
Andreswd/Getty Images

Muchos de los miembros más pobres de la Unión Europea están en un dilema. Si bien estos países se encuentran entre los más expuestos a los efectos destructivos del cambio climático, también enfrentan mayores riesgos como consecuencia del cambio hacia una economía verde, con cero emisiones netas y digital.

Para lograr una transición tranquila y justa, estos países necesitarán inversiones que satisfagan sus necesidades específicas. Históricamente, gran parte de la inversión pública en los países más pobres de la UE ha sido en infraestructura relacionada con el comercio como autopistas y vías férreas. Pero estas estrategias de inversión que mejoran el crecimiento ahora tienen que evolucionar para ayudar a que todos gestionen los costos de la transición verde, lo que exigirá nuevas formas de infraestructura y medidas para respaldar a los trabajadores en las industrias que hacen un uso intensivo del carbono.

Para llevar a cabo su ambiciosa agenda climática, Europa debe resolver la relativa escasez de inversión en sustentabilidad en regiones económicamente más débiles. Es por eso que el Banco Europeo de Inversiones está repensando su propia “orientación de cohesión”, tal como está delineado en un nuevo documento que examina nuestras inversiones en partes menos desarrolladas de la UE. Nuestra ambición es aumentar la cantidad que prestamos en estas regiones al 45% de nuestras inversiones totales, y expandir nuestro respaldo para incluir a otras regiones donde el PIB per cápita está por debajo del promedio de la UE.

Utilizar las finanzas públicas para unir más a la UE es una de las misiones fundadoras del BEI. En el curso del último período presupuestario de siete años de la UE (2014-20), los proyectos en regiones de cohesión representaron el 30% del volumen de préstamos del BEI –un total de 120.800 millones de euros (139.600 millones de dólares)- y esas inversiones tuvieron rendimientos muy generosos. Nuestros modelos internos muestran que nuestros préstamos en regiones de cohesión en este período impulsarán el crecimiento por lo menos medio punto porcentual y el empleo al menos dos décimas de un punto porcentual por año en los próximos 30 años.

Yo he visto los efectos positivos de las políticas de cohesión de la UE de primera mano a través de mi experiencia previa como ministro de Desarrollo Regional y jefe de la autoridad de gestión para el desarrollo regional de Bulgaria. Los instrumentos financieros como los préstamos, garantías, inversiones de capital, servicios de asesoramiento y alianzas del BEI han acelerado materialmente la inversión, inclusive atrayendo capital privado. Ahora, estos instrumentos complementarán el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia y el Mecanismo para una Transición Justa de la UE.

Si bien las regiones menos desarrolladas de la UE están esencialmente en Europa central y del este, partes de Portugal, Grecia y las regiones del sur de Italia y España tienen largos historiales de crecimiento lento y todavía están recuperando terreno. Asimismo, muchas regiones industriales antes acaudaladas están teniendo dificultades para lidiar con la globalización y el cambio tecnológico. En la nueva estrategia del BEI, las regiones de cohesión (con un PIB per cápita por debajo del 75% del promedio de la UE) recibirán hasta el 23% de nuestros préstamos totales de la UE para 2025.

Pero la Comisión Europea también ha identificado “regiones de transición” con ingresos de alrededor del 75-100% del promedio de la UE como un nuevo grupo vulnerable. Estas regiones –que se pueden encontrar en países que van desde Francia y España hasta Finlandia y Holanda- necesitarán un respaldo específico para hacer frente a desafíos como la dependencia de una manufactura de bajo desarrollo tecnológico, costos laborales unitarios en alza, niveles educativos relativamente bajos y una caída del empleo industrial.

Afortunadamente, no tiene por qué haber una contradicción entre cohesión y objetivos climáticos ambiciosos. De hecho, ambos van de la mano, porque el hecho de no poder garantizar que nadie quede rezagado casi con certeza entorpecerá la agenda climática.

Pero para plantearle este caso a la población, debemos hacer hincapié en una perspectiva de más largo plazo, recordándole a la gente que los costos asociados con la transición verde sólo serán una fracción de los costos catastróficos que enfrentaremos si no nos ocupamos del cambio climático. El poder de esta lógica económica es la razón por la cual en el BEI confiamos en poder aumentar nuestro volumen de préstamos a las regiones de cohesión y ampliar el porcentaje verde de nuestra cartera de crédito al 50% para 2025. La clave es dirigir el apoyo de manera cuidadosa, identificando proyectos que cumplan ambos objetivos. Abundan las oportunidades de inversión en movilidad limpia, eficiencia energética, energía renovable, gestión del agua y las aguas residuales, y las industrias en el centro de cualquier economía circular, sobre todo alimentos y agricultura.

En Europa, al menos, la potencial alteración de los empleos y las industrias como consecuencia de la transición digital muchas veces se ve opacada por el debate sobre la descarbonización. Pero las brechas estructurales en la actividad digital y la innovación entre las regiones de cohesión y el resto de Europa son significativas. Según la Encuesta de Inversiones 2020 del BEI, el 63% de las empresas en regiones menos desarrolladas de Europa no participaban en “actividades de innovación”. Y aún entre las empresas grandes, la proporción de aquellas que implementaban innovación era significativamente menor que en cualquier otra parte de Europa (39% comparado con 52%). Se necesitan nuevas políticas para ayudar a estas regiones a impulsar la innovación, aumentar los niveles de ingresos y adaptarse a la era digital.

Como parte de nuestra nueva estrategia hacia la cohesión, planeamos abordar este problema ayudando a empresas de mediana capitalización en regiones menos desarrolladas a adoptar tecnologías comprobadas, realizar investigación y desarrollo y acceder a financiamiento (inclusive prestándoles de forma directa o través de programas intermediados). Las empresas de mediana capitalización son particularmente importantes, porque la investigación demuestra que tienen fuertes efectos positivos en sus comunidades.

En definitiva, el objetivo no es sólo ayudar a las regiones de cohesión. Es unir más a los europeos y fortalecer la unidad que apuntala a la UE.

Lilyana Pavlova is Vice President of the European Investment Bank.

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