Hacia la igualdad de las mujeres

La desigualdad entre mujeres y hombres no es una cuestión de sensaciones o de impresiones personales o de casos particulares. La desigualdad se hace patente en la vida de muchas mujeres cuando ingresan su sueldo cada mes. Y es que perciben un salario anual un 22% inferior al de los hombres por igual trabajo o trabajo de igual valor. Además, las mujeres sólo representan un 30% del total de personas en puestos directivos de las Administraciones y un 11,5% en los Consejos de Administración. No son sensaciones, ni impresiones, ni casos particulares. Ésta es la realidad de nuestro país.

Pero no somos los únicos que presentamos esta importante brecha salarial entre mujeres y hombres. Según datos de la Comisión Europea, la brecha salarial de género promedio es del 17% en toda la Unión. Pero claro, los datos promedio son siempre sensibles a los valores extremos; es decir, existen países europeos cuya brecha salarial de género es muy pequeña frente a otros que poseen datos muy importantes de desigualdad. Por ejemplo, Noruega es un país que puede presumir de su política de igualdad de oportunidades, de conciliación y de no discriminación entre mujeres y hombres.

Aproximadamente el 80% de las mujeres trabaja fuera de casa y ocupa el 44% de los puestos directivos dentro de grandes empresas. Estas cifras se han alcanzado gracias a dos motivos: normativas y políticas sociales. Este avance en el cumplimiento de los derechos de igualdad de oportunidades de mujeres y hombres en Noruega no ha hecho disminuir su tasa de natalidad, todo lo contrario, de manera que se han podido sentar las bases para una conciliación real de la familia y el trabajo.

Además, no podemos olvidar que existe una correlación directa entre la igualdad, el desarrollo y la competitividad de un país. No estamos hablando de castillos en el aire, sino de un conjunto de acciones sociales y de igualdad que pueden mejorar primero, la igualdad existente entre mujeres y hombres, y segundo, obtener un mejor rendimiento de nuestras ventajas competitivas nacionales.

En esta dirección estamos trabajando. La ministra Ana Mato ya ha adelantado parte del Plan Estatal de guarderías laborales, en el que se articularán acuerdos con empresas y asociaciones así como incentivos fiscales que eliminen todos los obstáculos que limitan la conciliación a mujeres y a hombres. En esta línea, queremos implementar una Estrategia Nacional de racionalización de los horarios laborales que permita que mujeres y hombres puedan desarrollar su faceta profesional y personal sin sacrificar ninguna de las dos en el intento. La conciliación no es un compromiso, sino una necesidad.

Pero claro, no somos Noruega, ni tenemos la misma forma de pensar, ni los mismos valores culturales ni la misma manera de afrontar la maternidad y la paternidad que en nuestro país. Porque para poder afrontar la lucha por la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres y combatir la brecha salarial que nos separa, es necesario que asumamos que no sólo tenemos que trabajar en la modificación de normativas y la creación de políticas sociales, sino también en los cambios culturales necesarios para que florezca una auténtica conciliación familiar y laboral.

El cambio cultural tiene que empezar en nuestros propios hogares, con nuestro ejemplo diario, enseñando a nuestros hijos que la responsabilidad familiar es compartida, que el cuidado de las personas mayores es cuestión de todos los miembros de la familia y que la maternidad no es algo exclusivo de la mujer. Pero actualmente, las mujeres representan el 95,48% de los casos de excedencias solicitadas para el cuidado de los hijos y el 85% para el cuidado de personas dependientes.

Tenemos que cambiar nuestra forma de entender la igualdad, porque no es una cuestión exclusiva de mujeres sino también de hombres. Tenemos que conseguir que los hombres hablemos de los asuntos que les preocupan a las mujeres, que nos sintamos avergonzados por las grandes desigualdades salariales que existen entre nosotros y que defendamos a pie de calle, al lado de todas y cada una de las mujeres, que la igualdad de oportunidades es un derecho irrenunciable.

Cada 2 de marzo recordamos a todos los ciudadanos europeos que la desigualdad salarial entre mujeres y hombres sigue existiendo y cada 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer como homenaje a lo que representa su figura en nuestra sociedad. Un homenaje a su capacidad de creación e innovación, a su importancia dentro de las universidades, de las empresas, de las asociaciones y de la política, así como a todas las mujeres anónimas que concilian, trabajan, protegen y se enfrentan a un mundo en el que la igualdad de oportunidades no es un derecho sino una batalla diaria.

En esta lucha por la defensa de las mujeres y de sus derechos, seguimos batallando prioritariamente contra la violencia de género. La Cuarta Macroencuesta de Violencia de Género es arrolladora. Existen más de dos millones de mujeres residentes en nuestro país que han sufrido violencia género en algún momento de sus vidas. Y de ellas, casi 600.000 mujeres siguen sufriendo esa violencia. Y detrás de estas frías cifras hay historias sobrecogedoras de sufrimiento de mujeres anónimas y sufrimiento de sus familias. Mujeres de todas las edades, categoría social y nivel educativo. La violencia de género tiene que seguir siendo una política de Estado en el que las Administraciones, asociaciones especializadas, organizaciones locales y voluntarios sigamos trabajando conjuntamente en defensa de las mujeres.

Tenemos que garantizar la protección efectiva de las víctimas de la violencia de género, atender sus necesidades físicas y psicológicas, proteger sus vidas y ayudar a construir un marco de seguridad donde puedan desarrollar sus capacidades sintiéndose libres y protegidas por todo el Estado. La educación, la sensibilización, el acompañamiento para la integración, la prevención y la gestión coordinada interinstitucional y con asociaciones y voluntarios, resultan imprescindibles en la lucha contra la violencia de género. Por eso, la Estrategia Nacional que vamos a poner en marcha trata de involucrar a toda la sociedad en la erradicación de la violencia de género. Y sólo desde el compromiso de que mujeres y hombres estamos en el mismo barco y de que la igualdad de oportunidades, la conciliación, la educación y la prevención es cosa de todos, podremos seguir avanzando en la lucha por la defensa de las mujeres.

Por eso, desde la responsabilidad de secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad voy a ser el portavoz de los asuntos de mujeres entre los hombres, porque tenemos que involucrarnos personalmente en la batalla por la igualdad de género, porque tenemos que cambiar los valores educativos empezando con nuestro ejemplo diario. Mientras exista una sola mujer que se cuestione la maternidad por mantener o promocionarse en un puesto de trabajo, no pararemos de reivindicar que todos, mujeres y hombres, estamos perdiendo la batalla y tenemos que seguir trabajando.

No sólo tenemos las herramientas, sino también la fuerza y el espíritu necesario para transformar este gran país.

Por Juan Manuel Moreno Bonilla, secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad.

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