Hacia la ruptura

El proceso avanza imparable hacia la ruptura con España sin reparar en las consecuencias de la confrontación entre el Estado y Catalunya. Sin aliados en España, Europa o el mundo, Junts pel Sí y la CUP presentaron una propuesta de resolución al Parlament para que sea debatida con carácter de urgencia antes del próximo día 9 de noviembre. El guión de la CUP parece que va imponiéndose porque tiene la clave de la investidura del próximo presidente.

En la noche electoral, Antonio Baños declaró que la ruptura con España se produciría antes de la investidura del president. Así lo ha mantenido hasta ayer y así lo ha aceptado Junts pel Sí que necesita a la CUP para proclamar un presidente. El guión lo ha escrito la formación encabezada por Baños y la de Raül Romeva, con Artur Mas y Oriol Junqueras, en cuarto y quinto lugar de la lista, la han comprado.

La propuesta de resolución es taxativa y en su artículo segundo dice que “declara solemnemente el inicio del proceso de creación del Estado catalán independiente en forma de república”. La anomalía de la propuesta es que se pretende que se apruebe una resolución de esta envergadura sin que haya presidente investido ni gobierno constituido. No encuentro precedentes en la historia de las democracias. ¿Por qué tantas prisas?

Hacia la rupturaNo existe una mayoría de votos que avalen esta llamada desconexión democrática. Hay que reconocer que la capacidad de acuñar palabras y conceptos nuevos para significar cosas muy viejas es colosal en el proceso soberanista. Es una propuesta de ruptura con el Estado que, de aprobarse con el texto admitido por la mesa del Parlament, equivaldría a una declaración unilateral de independencia (DUI).

La reacción institucional del presidente Rajoy ha sido una repetición de las muchas que ha pronunciado en los últimos meses. Mientras él sea presidente no habrá ruptura porque la reciente reforma exprés del Tribunal Constitucional permitirá actuar inmediatamente contra el responsable de la declaración secesionista. Es una falta de habilidad política por todas las partes el que hayamos llegado a este punto de choque inevitable.

Entre la astucia de Artur Mas y las soluciones imaginativas del conseller Homs nos encontramos con el palo seco de la ley. La política catalana, en todo caso, es irreconocible en comparación a cómo la encontró Artur Mas al ganar las elecciones del 2010. Una trituradora ha destruido los viejos parámetros del catalanismo político y ha situado al frente de instituciones como el Parlament a la señora Carme Forcadell, que sin encomendarse a nadie cerró su discurso de toma de posesión con un “visca la república catalana”.

Pero la parcialidad de la flamante presidenta del Parlament es una anécdota al lado de la propuesta de resolución presentada ayer y que pretende aprobarse en cuestión de días. Y todo ello está previsto hacerlo de “forma pacífica con el Estado español”. El documento insta al futuro gobierno a cumplir exclusivamente aquellas normas emanadas del Parlament. La ruptura jurídica con España, por lo tanto, va incluida en el paquete. Un político veterano que tiene escaño en la cámara me decía ayer con ironía y con pesar que en el camino hacia la independencia nos podemos encontrar sin autonomía y sin autogobierno. Ojalá se equivoque. A no ser, añadía, que se esté preparando la salida heroica de Artur Mas que ha sido el máximo responsable del callejón sin salida en el que nos encontramos. Europa no se pondrá a nuestro lado y las grandes potencias del mundo, por razones diversas, tampoco.

El conflicto institucional está servido y el choque parece inevitable. La unidad en Catalunya no existe y será difícil reparar los jarrones, la porcelana y la vajilla que pueden caerse a trozos. Hay muchos políticos hablando a todas horas pero echo en falta a los estadistas, aquellos personajes que miran a largo plazo y no están pendientes de las urnas o de los índices de popularidad en las encuestas. No están tan preocupados por perdurar sino por servir a una cierta idea de país. Pienso en Prat de la Riba, que murió a los 47 años pero dejó un legado que todavía persiste.

Mientras tanto, no se gobierna y se intenta tapar la corrupción con golpes de efecto como el de ayer o los que vendrán frecuentemente a partir de ahora. No se trata tanto de asombrar al mundo sino de mantener la unidad cívica del pueblo de Catalunya para que pueda vivir en libertad y un mínimo de bienestar sin necesidad de dar saltos al vacío. En el supuesto de una confrontación con el Estado, al margen de las razones de unos y otros, Catalunya saldrá perjudicada. Entre otras cosas porque actúa sin aliados, emocionalmente, y como si nada ni nadie pudiera impedir una independencia unilateral.

Desearía equivocarme pero si el proceso pasa por la ruptura con España y sin el apoyo de Europa entraremos en una larga marcha por el desierto de la frustración y las luchas políticas internas que nos harán más débiles.

Lluís Foix

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