Hacia una alianza Euro-Pacífico

Gracias a los esfuerzos del primer ministro japonés, Shinzo Abe, la reciente cumbre del G20 en Osaka evitó los peores desenlaces posibles. Eso cuenta como una victoria en la era del presidente norteamericano, Donald Trump. Entre otras cosas, los líderes del G20 emitieron un comunicado final afirmando la importancia del comercio libre y abierto. Además, al margen de la cumbre, Estados Unidos y China acordaron un armisticio en la guerra comercial, mientras que la Unión Europea anunció la firma de nuevos acuerdos de libre comercio con Vietnam y el bloque Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay).

Sin embargo, las causas subyacentes de incertidumbre económica global persisten. Hasta que no esté resuelto el conflicto sino-norteamericano, los flujos comerciales y de negocios estarán en riesgo de una disrupción política. Para evitar convertirse en daño colateral en la nueva lucha de grandes potencias, Japón, la Unión Europea, Canadá, Australia, Malasia y muchos otros se están uniendo para proteger sus intereses y el sistema de comercio internacional. Cada uno ha reconocido que las cuestiones más importantes en el comercio global son regulatorias y no tienen que ver con los aranceles sino con las protecciones de las inversiones, los subsidios a las empresas estatales (SOE por su sigla en inglés), la propiedad intelectual (PI) y la protección ambiental, las licitaciones públicas abiertas, el comercio electrónico y los flujos de datos.

Un estudio reciente determina que los países en el Acuerdo Comprensivo y Progresivo para la Asociación Transpacífica (CPTPP) y el Acuerdo Económico y Comercial Global entre la Unión Europea y Canadá (CETA) ya han convergido en la mayoría de las cuestiones regulatorias más importantes. Pero por ser países que dependen ampliamente de la diplomacia activa y del poder blando, tienen todas las de perder con un conflicto geopolítico prolongado y en aumento en el que sufrirían una enorme presión para elegir entre uno y otro bando. Para defender sus intereses, deben garantizar que el comercio global sea objeto de mecanismos de resolución de disputas objetivos.

Un compromiso con el multilateralismo no es un aval del status quo. Los estados miembro del CPTPP y del CETA reconocen que el sistema de comercio global tiene problemas, entre ellos reglas incompletas o caducas que no contemplan cuestiones como los subsidios a las SOE. Pero también saben que el bilateralismo –pequeños países que intentan negociar en iguales términos con superpotencias- no es una opción. La respuesta entonces es devolverle el equilibrio y la confianza al sistema de comercio bilateral, forjando una nueva alianza entre la UE y los países del CPTPP.

Una Alianza Euro-Pacífico entre la UE y el CPTPP representaría el 31% del PIB mundial y 40% de todo el comercio, lo que le otorgaría una ventaja sustancial para establecer principios y normas comunes para el comercio global. Este objetivo es perfectamente posible, dado que la UE ahora tiene acuerdos comerciales con casi todos los países del CPTPP, incluido Vietnam. Es más, una nueva alianza no exigiría un nuevo acuerdo comercial, sino simplemente una consolidación de los acuerdos existentes.

Las razones para formar una Alianza Euro-Pacífico son tanto políticas como económicas. Aquellos países que sigan comprometidos con el multilateralismo necesitan enviar un fuerte mensaje de que defenderán los valores y las instituciones liberales que otros países han abandonado o declarado obsoletas.

Por lo tanto, si bien una nueva alianza podría comenzar con la UE y el CPTPP, debe mantenerse abierta a todos los países, siempre que acepten ciertas reglas y principios. La membrecía, a su vez, serviría como una póliza de seguro en caso de un renovado conflicto sino-norteamericano. Ya sabemos que una guerra comercial y tecnológica puede tener consecuencias de amplio alcance para la economía global. Quienes insistieron en que el proteccionismo era imposible en un mundo de cadenas de valor globales estaban equivocados.

La alianza que proponemos estaría basada en los 12 principios siguientes:

  1. Reconocimiento de la Organización Mundial de Comercio como el foro central del sistema de comercio global y la plataforma principal para dirimir disputas.
  2. La clarificación, profundización y modernización de las reglas en las áreas prioritarias de los subsidios gubernamentales, el papel de las SOE y la aplicación de protecciones de la PI.
  3. El desarrollo de nuevas reglas relacionadas con el comercio electrónico y la transferencia de datos en el espíritu de la Vía de Osaka (Osaka Track), adoptada por 24 signatarios en la cumbre del G20 para formular un marco de gobernanza digital.
  4. La garantía de que la inversión extranjera y el acceso a los mercados sean seguros, aun cuando los estados conserven la libertad de determinar sus propias políticas públicas.
  5. Transparencia y reciprocidad en el acceso a la contratación pública.
  6. Cumplimiento del acuerdo climático de París 2015.
  7. Respeto de los derechos y las libertades fundamentales, incluida la libertad de asociación.
  8. La posible creación de un mecanismo de resolución de disputas conjunto y modernizado, en línea con los principios de la OMC.
  9. Consistencia regulatoria entre la UE y los países del CPTPP.
  10. El establecimiento de un mecanismo para consultas políticas regulares de alto nivel entre la UE y los países del CPTPP.
  11. La creación de grupos de trabajo en todos los sectores donde posiciones comunes o armonizadas puedan promover los intereses conjuntos de las economías miembro.
  12. La voluntad de crear un área de paz y prosperidad, libre de toda competencia geopolítica.

Estos principios por sí solos no salvarán al multilateralismo. Pero los países todavía comprometidos con ese ideal deben forjar un nuevo camino de cara al futuro. Luego de la cumbre del G7 en Francia el mes próximo, la esperanza es que la UE, Japón y Canadá respalden y definan las modalidades precisas de una nueva alianza para fines de 2020. Es hora de que los defensores del multilateralismo aúnen fuerzas y se pongan firmes en defensa de sus principios.

Zaki Laïdi is Professor of International Relations at Sciences Po. Shumpei Takemori is Professor of Economics at Keio University in Tokyo. Yves Tiberghien is Professor of Political Science at the University of British Columbia in Vancouver.

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