Hamas ante el futuro

El recibimiento del dirigente de Hamas en Gaza, Ismail Haniye, en Egipto, Túnez, Turquía, Qatar, Bahréin e Irán desde principios del año en curso indica un auténtico reconocimiento de la región de la victoria obtenida en las urnas hace seis años. La apertura de puertas es una consecuencia directa de la primavera árabe, que ha situado en primera línea a los grupos y movimientos islamistas -ramificaciones, en ciertos casos, de la sociedad de los Hermanos Musulmanes a la que pertenece Hamas- en buena parte del norte de África.

Sin embargo, modificar las realidades de la región también plantea retos. Unos retos que, paradójicamente, quedaron de manifiesto debido a otra consecuencia de la primavera árabe: el acuerdo sobre la reconciliación nacional palestina alcanzado en Doha, la capital qatarí, el día 6 de febrero entre Jaled Mishal, jefe del ejecutivo de Hamas, y el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, el presidente Mahmud Abas, quien dirige asimismo el movimiento nacionalista rival Fatah. Dado que Israel ya ha anunciado que no permitirá un resurgimiento de Hamas en Cisjordania, el reparto de poder con Fatah y el restablecimiento de las instituciones de la Autoridad Palestina sólo puede tener lugar en Gaza, a expensas de Hamas. Parece que Jaled Mishal considera que la cuestión es el necesario precio que pagar en aras del interés nacional, pero el liderazgo con sede en Gaza está en desacuerdo.

Tras sus divergencias se esconden distintas valoraciones sobre las implicaciones del auge en la región de la organización matriz de Hamas, los Hermanos Musulmanes. Desde un punto de vista, los Hermanos Musulmanes desean demostrar su capacidad de gobernar con eficacia y mantener la estabilidad en la región, a fin de granjearse la aprobación de su papel por parte de Estados Unidos. Al suscribir la resistencia no violenta contra Israel y garantizar al presidente Abas un año adicional para proseguir conversaciones de paz con Israel, Jaled Mishal parece subrayar la necesidad de que los Hermanos Musulmanes demuestren sus intenciones de moderación.

Los líderes de Hamas en Gaza consideran que el auge de los Hermanos Musulmanes aporta numerosas ventajas, pero es posible que sobrevaloren el cambio operado en la región. Se han beneficiado de un considerable aumento de material de construcción y bienes de consumo que fluyen de los túneles del Sinaí y negocia actualmente una zona de libre comercio y el suministro de combustible y energía procedente de Egipto. Pero Egipto no abrogará el tratado de paz con Israel aunque los Hermanos Musulmanes formen próximo gobierno en El Cairo ni lo permitirá el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas ni siquiera en el caso de ceder el poder. Los gobiernos islamistas en Túnez, Libia y Marruecos ansian rehacer los vínculos con Estados Unidos en materia de economía y seguridad; la Unión Europea, por su parte, confía en que Hamas modere su actitud a cambio de su apoyo político y material. El intento de mejorar sus relaciones con Arabia Saudí, rotas tras la toma del poder de Hamas en Gaza en el 2007, puede dar idea de la magnitud del desafío a que hace frente Hamas en la región. El acuerdo de Doha contribuye a paliar los daños, como también el público apoyo de Haniye al “heroico pueblo sirio que lucha por su libertad, democracia y reformas”, hecho que distancia a Hamas del eje chií de Irán, Siria y Hizbulah al que se opone Arabia Saudí. No obstante, el citado acercamiento es frágil: en caso de que Arabia Saudí relanzara su Plan de Paz Árabe del 2002 tras la próxima toma de posesión presidencial estadounidense en el 2013, a Hamas le resultará difícil conciliar su deseo de recuperar el apoyo político y financiero saudí con la negativa a suscribir públicamente la perspectiva saudí.

Sin embargo, el gobierno de Hamas en Gaza no se ve sometido a una presión inmediata. La suspensión de hostilidades con Israel se ha mantenido durante tres años, salvo excepciones de menor calado, e Israel ha aflojado su bloqueo. De hecho, la economía de Gaza vive un momento de auge, en tanto que la de Cisjordania muestra un declive debido a las trabas implacables de Israel. El gobierno de Gaza ha atajado la amenaza representada por grupos yihadistas locales -éxito observado con discreción en Estados Unidos- y considera que podrá sobrevivir en los años venideros.

Ahora bien, Hamas debe traducir estos logros en una nueva estrategia política si desea mantener su pretensión de ofrecer mejores esperanzas que Fatah y Abas sobre la consecución de un Estado palestino. El gobierno de Haniye intenta claramente potenciar el crecimiento económico en Gaza, pero tal aspiración depende al menos en parte de la continuación de la ayuda a gran escala que ha mantenido con vida a la economía local desde el 2007: la rival Autoridad Palestina en Cisjordania gasta más de la mitad de su presupuesto en Gaza y la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) atiende servicios de salud, educación y ayuda económica destinados al 65%-80% de la población.

Sin embargo, el flujo de servicios de ayuda está amenazado, ya que la UE ha recortado su aportación a la Autoridad Palestina en un 40% en los dos últimos años y el Congreso de Estados Unidos ha retirado hasta dos tercios del monto de 600 millones de dólares prometidos en el 2012 en represalia por el intento de Abas de obtener el reconocimiento de las Naciones Unidas del Estado palestino en el mes de septiembre del 2011. Qatar ha aportado discretamente ayuda financiera a Hamas a fin de animar a esta organización a prescindir del patrocinio iraní, pero puede retirarla si fracasa el acuerdo de Doha. Las relaciones de Hamas con Arabia Saudí no han mejorado lo suficiente como para compensar la pérdida de la financiación iraní y tampoco Turquía aportará ayuda a escala suficiente.

Tales cuestiones se debatirán sin duda en las elecciones previstas este año. Hamas posee la cohesión y estructura de decisión necesarias para sobrevivir a posiciones encontradas entre los líderes de Gaza y Mishal, pero ello no eliminará la presión para hallar una postura explícita sobre la solución en forma de dos estados y la paz con Israel. El acuerdo de Doha aporta un marco para que Abas y Fatah negocien responsablemente los términos de la paz, pero si los líderes de Gaza hacen descarrilar el acuerdo de reconciliación, la evolución de los acontecimientos en la región que han propiciado aliento económico y político pueden obligar a abordar de frente la cuestión de las negociaciones el año próximo, sin el cobijo que aportan de hecho sus rivales. Tal oportunidad puede demorarse, pero no de forma indefinida.

Por Yezid Sayigh, investigador asociado del Centro Carnegie para Oriente Medio de Beirut. Traducción: José María Puig de la Bellacasa.

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