Hamas y el fracaso palestino

Por Yezid Sayigh, profesor de Estudios de Oriente Medio en el King´s College de Londres. Traducción: Juan Gabriel López Guix (LA VANGUARDIA, 04/07/07):

La respuesta internacional a la toma de la franja de Gaza por parte del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) a mediados de junio ya se está materializando. Su primer elemento es la renovación del embargo político y económico impuesto desde marzo del 2006 sobre todas las instituciones de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) que están bajo control de Hamas y sobre todos los municipios y organizaciones no gubernamentales afiliados a él. El segundo elemento es un bloqueo de Gaza que impide todas las importaciones y exportaciones con excepción de las destinadas a cubrir las necesidades humanitarias básicas: alimentos y agua, medicamentos, combustible y electricidad.

Hasta ahí llega esa respuesta. No se trata de una estrategia pensada que utiliza medios concretos con una probabilidad razonable de alcanzar unos objetivos bien definidos. Tampoco refleja un consenso entre los principales miembros de la coalición formada contra Hamas. En realidad, los partidarios de la línea dura en el Gobierno de Bush están imponiendo una política de facto a los socios del Cuarteto, el órgano coordinador internacional formado además por la Unión Europea, Rusia y las Naciones Unidas. Con ello, renuevan también su alianza con los partidarios de la línea dura en Al Fatah, cuya negativa a aceptar la derrota en las elecciones generales palestinas del 2006 y ceder el poder de forma pacífica ha contribuido al reciente desastre de la franja de Gaza.

Con toda claridad, los funcionarios estadounidenses encargados de la política palestina, el neoconservador Elliott Abrams, consejero adjunto de Seguridad Nacional, y Elliott Welch, vicesecretario de Estado para Asuntos de Oriente Medio, están colocando al Cuarteto en una posición de respaldo directo de la vieja guardia de Al Fatah, responsable mayoritaria del nepotismo y la corrupción que asolaron a la ANP bajo Yasir Arafat y de obstaculizar tras su muerte la reforma económica, administrativa y del sector de la seguridad. Estos factores contribuyeron a un pronunciado auge de la delincuencia y la criminalidad, así como a una drástica reducción de la oferta de servicios públicos durante 2004-2005, y llevaron directamente a la inesperada victoria electoral de Hamas el 25 de enero del 2006.

El Cuarteto es objeto también de manipulación para respaldar políticas y decretos de dudosa naturaleza constitucional, cuando no de clara ilegalidad. Es cierto que la ofensiva de Hamas en Gaza equivale a un golpe de Estado, pero también lo es que lo llevó a cabo en defensa de un gobierno democráticamente elegido contra una campaña concertada para arrebatarle el poder. En los quince meses anteriores, los organismos de seguridad controlados por Al Fatah libraron contra Hamas una guerra sucia a pequeña escala por medio de asesinatos y secuestros, y, en los últimos seis meses, Estados Unidos e Israel acordaron el envío de casi 2.500 fusiles a la guardia presidencial de Gaza, controlada por Al Fatah, con el objeto de enfrentarse a las fuerzas de seguridad establecidas por el Gobierno de Hamas.

De modo más importante, aunque el presidente Mahmud Abas actuó de forma constitucional cuando destituyó al primer ministro de Hamas Ismail Haniye y declaró el estado de emergencia, su formación de un gobierno de emergencia y la convocatoria de elecciones anticipadas sin aprobación parlamentaria han supuesto claras violaciones constitucionales. Su exigencia de que las organizaciones no gubernamentales palestinas vuelvan a registrarse – como forma de prohibir a las asociadas con Hamas, aunque representan hasta el veinte por ciento de la asistencia social en los territorios ocupados- viola también la legislación existente.

En todos estos casos, así como en la prohibición por parte del comité central de Al Fatah de todo contacto político con Hamas, Abas ha permitido que los más intransigentes continúen dictando la política de Al Fatah. Estados Unidos sigue ligado a este grupo, pero la UE y los demás miembros del Cuarteto deberían recelar bastante de las consecuencias. Por ejemplo, los halcones de Estados Unidos y Al Fatah buscan restringir el pago de salarios por parte europea y árabe al personal de la ANP en Gaza dispuesto a aceptar órdenes del nuevo gobierno de Ramala, por más que no existan medios efectivos de supervisar o imponer ese acatamiento. Ahora bien, un embargo indiscriminado tendría consecuencias devastadoras en Gaza, donde la ANP representa el 44% del empleo, donde el paro y la pobreza superan el 40% y el 60%, respectivamente, y donde 1,1 millones de los 1,4 millones de habitantes dependen de la ayuda alimentaria de las Naciones Unidas.

La política de alianza política partidaria que favorece Estados Unidos amenaza con hacer que el Cuarteto desencadene una crisis humana aún más grave. Es muy improbable que Abas y Al Fatah logren reafirmar un gobierno estable, dada la magnitud de la desintegración institucional de la ANP, la desorganización de Al Fatah y el acumulativo deterioro socioeconómico de los palestinos. Nadie posee una política creíble para la fase posterior al golpe y el nuevo statu quo surgido tras él no puede durar. Desde el 2006 las Naciones Unidas y el Banco Mundial han advertido repetidas veces que las sanciones económicas internacionales han empujado la economía local a una caída libre, lo que ha llevado a la crisis humana, al auge de la inseguridad y a una irreversible descomposición institucional. El riesgo actual es que el reforzamiento del sitio sobre Gaza con la intención de castigar o derrotar a Hamas conduzca a una mayor radicalización. Ya han aparecido nuevos grupos (Ejército del Islam, Espadas de la Justicia, Brigadas de la Santa Yihad) que adoptan el discurso y las tácticas de los yihadistas de Al Qaeda, en un indicio de cuál puede ser el curso futuro de los acontecimientos.

En resumen, la política internacional de facto que se ha materializado no puede invertir los nuevos acontecimientos que se producen sobre el terreno: Hamas cuenta con una fuerza y un arraigo demasiado grandes, Al Fatah está demasiado fragmentado y debilitado, y el nuevo gobierno de emergencia carece de una capacidad significativa de control sobre la Cisjordania ocupada por los israelíes. Al contrario, lo que está consiguiendo ahora la comunidad internacional, ya sea de forma voluntaria o involuntaria, es reforzar las tendencias negativas y garantizar el colapso completo de las instituciones sociales, económicas y políticas palestinas, así como del marco de gobierno constitucional. La comunidad internacional se enfrenta a una cruda elección: o bien adapta su política para tener en cuenta el hecho de que los fracasos políticos del pasado han permitido que Hamas se afirme con éxito como actor ineludible e incluso indispensable en la ecuación palestino-israelí, o bien intensifica la aplicación de políticas que ya han inducido al fracaso del Estado palestino en ciernes y han propiciado la aparición de la militancia yihadista.