¿Hay alternativa a dos estados?

Siete meses después que el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) presentara sus argumentos para obtener el reconocimiento del Estado palestino, la situación en los Territorios Ocupados oscila entre la incertidumbre y el pesimismo. Estados Unidos ha bloqueado el reconocimiento, y el presidente Mahmud Abas no parece tener una estrategia. A la vez, la denominada solución de los dos estados está muerta o en fase terminal.

La Autoridad Palestina tiene un grave problema de endeudamiento, ha adoptado medidas de ajuste que le restan popularidad en Cisjordania. El FMI acaba de avisar que si la comunidad de donantes no cumple con sus promesas el Gobierno de Salam Fayyad podría suspender pagos a sus funcionarios y crecerá la deuda. Por otro lado, el proceso de reconciliación entre Fatah y Hamas (que controla Gaza) iniciado en el 2011 está estancado. Los puntos de desencuentro son la elección de líderes aceptables para las dos partes y cómo fusionar la fuerza de seguridad de la Autoridad Palestina con la fuerza armada organizada de Hamas.

En la sociedad civil palestina se discute sobre qué estrategia seguir ante la férrea resistencia del Gobierno israelí a negociar. Muchos palestinos hablan de resistencia no violenta, pero el analista Khalil Shikaki indica que no hay actores con fuerza para lanzar un movimiento de este tipo, y que la ANP no lo hace porque teme que una respuesta represiva de Israel termine generando violencia. El control que hoy tiene en Cisjordania se le iría de las manos. La ANP se coordina con las fuerzas de seguridad israelíes y de Estados Unidos para mantener la seguridad. Esos acuerdos se romperían y podrían poner en cuestión la existencia misma del gobierno de la ANP.

Para Hamas, la posibilidad de usar la violencia es parte de su identidad. Un estudio reciente del Jerusalem Media and Communication Centre indica que cuando aumenta la represión israelí crece el consenso entre los palestinos para usar la fuerza. El consenso a favor de la violencia era sólo del 21% en noviembre. Pero incidentes, especialmente en los lugares sagrados de Jerusalén, pueden generar una escalada incontrolable y variar esta tendencia.

El primer ministro Netanyahu dice que está dispuesto negociar para que exista un Estado palestino, pero sus condiciones son inaceptables. Mientras, los colonos nacionalistas religiosos continúan su expansión, toman casas y tierras, creando una realidad que hará imposible que exista un Estado palestino con un territorio unificado y viable en el 22% de la Palestina histórica. Un ex embajador israelí, disidente del Gobierno, me explica que Israel está logrando cambiar el paradigma gracias a los colonos, el discurso oficial y la acción de los jueces, “Hasta ahora –dice– había dos pueblos compitiendo por la misma tierra. Desde 1967 uno de ellos era considerado ocupante y el otro, víctima de la ocupación. En breve veremos que el mensaje de los nacionalistas religiosos triunfará: todo el territorio, incluyendo Jerusalén Este, será considerado ‘Israel’ y los palestinos pasarán a ser los ocupantes”.

Entre la comunidad diplomática existe también una creciente inquietud. Si la solución de los dos estados, que Europa financia masivamente, no va a ningún sitio. ¿Cuál será la alternativa? Parte del problema es que EE.UU. también apoya financieramente, pero una vez vencido por Netanyahu, Obama ha abandonado este tema para centrarse en el juego dialéctico sobre Irán marcado por Israel. Algunos actores políticos confían en que si Obama es reelecto en noviembre relanzará su presión sobre Israel para negociar. Pero aunque triunfase, tanto demócratas como republicanos están alineados con Netanyahu y son contrarios a que exista el Estado palestino. Por otro lado, el Cuarteto (EE.UU., Rusia, la ONU y la UE) no ejerce ninguna presión para que Israel o la ANP rindan cuentas, siendo un organismo inútil.

Si tener dos estados es imposible, parece lógico que hubiera uno con dos pueblos. Pero las matemáticas no cuadran con la política. Los palestinos son nacionalistas; Hamas representa un nacionalismo religioso. En Israel, lo único que une a su fragmentada sociedad es el nacionalismo (en parte antipalestino). Al no haber consenso social para “un estado, dos pueblos”, queda por delante una situación de ocupación creciente en la que Israel controle y absorba eventuales estallidos de violencia, la ANP permanezca como una autoridad municipal de parte de Cisjordania, y Hamas consolide su poder en Gaza. El escenario se parecerá cada vez más al antiguo apartheid sudafricano. Analistas israelíes consideran que será el fin de un Israel democrático y acentuará su aislamiento en un mundo árabe en convulsión.

Mariano Aguirre, director del Norwegian Peacebuilding Resource Centre, en Oslo.

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