Hay partido, hay futuro

Por Jesús López-Medel, diputado del PP por Madrid (EL MUNDO, 29/05/07):

Han sido elecciones locales y autonómicas, pero también algo más. El intento de convertirlas en unas primarias ha sido inevitable y esto conlleva, para todos, riesgos y ventajas. Cualquier aproximación general y desapasionada a los resultados del domingo evidencia una cierta continuidad en el mapa de distribución de poder territorial que ya había.

En dos grandes feudos autonómicos socialistas como son Castilla-La Mancha y Extremadura, en los que se ha producido en estos comicios una renovación de los aspirantes a la Presidencia después de 20 años, el electorado ha renovado su confianza hacia los candidatos continuistas. Y en las comunidades en las que el PP presentaba dirigentes consolidados en el poder, igualmente se ha revalidado su gestión. En cuanto a los resultados municipales, junto con una notable estabilidad en la mayoría de los ayuntamientos y escasos cambios, es claro que se ha invertido la tendencia de hace cuatro años y el PP ha sido ahora el más votado, aun cuando en esta diferencia lo acontecido la capital de España haya sido fundamental.

Al margen de la valoración general, hay algunos territorios que merecen ser objeto especial de una reflexión.

En primer lugar, Madrid. En esta comunidad autónoma, la victoria de Esperanza Aguirre ha sido contundente, con un magnífico resultado. De los nueve nuevos diputados que tendrá la Asamblea Regional (debido al incremento de población en la región), siete los ha ganado el PP, dos, IU, y ni uno solo el PSOE.

Y singular relevancia tienen los resultados al Ayuntamiento de Madrid. Aquí el triunfo de Ruiz-Gallardón ha sido clamoroso. Y ello debido, fundamentalmente, a dos circunstancias. Una, el hecho de haber tenido que soportar una dura y abierta guerra desde numerosos medios de comunicación, y otra, más soterrada, desde algunos sectores internos del partido que trataban de impedir su futura proyección nacional. No obstante, Gallardón ha sabido aguantar y mantenerse en la línea más ortodoxa para que nada se le pudiera reprochar. Su dedicación a la ciudad que gobierna y, al mismo tiempo, su creciente imagen en toda España, ha sido y es muy nítida, y nadie puede negar, no ya su derecho, sino la obligación por parte del partido, de dar especial significación y relieve en las próximas generales a quien es el líder político español mejor valorado. Por tanto, debe ser, inexcusablemente, el mejor refuerzo para contribuir a que Rajoy sea el próximo presidente del Gobierno de España.

Además, hay una segunda circunstancia muy relevante en Madrid respecto a Gallardón: se enfrentaba al candidato de Zapatero. Las aventuras y desventuras en la búsqueda de un aspirante socialista hicieron que el propio presidente se implicase directamente en su elección, incluso en la campaña. Y si en ésta ha habido, con resonancia nacional, una actitud indigna, sin duda ha sido la de Sebastián -respaldado por Zapatero-. Su ataque personal a Gallardón es un gesto que le marcará para siempre y que inhabilitará su legitimidad moral para cualquier futuro, porque el candidato socialista pretendió, no ya conseguir votos, sino, simplemente, hacer daño. Su estrategia es tan reprochable como si hace 15 días el Atleti, su equipo, se hubiera dedicado a lesionar a jugadores del Barça al ir perdiendo 0-4 (el resultado final fue un humillante 0-6). Parecía que en su desesperación el tal Sebastián hubiese pretendido tratar de hacer daño a su oponente, de cara al próximo match nacional. Sin embargo, su acción se convierte en un boomerang no sólo contra el propio candidato socialista, sino incluso contra quien le nombró y respaldó.

La segunda clave territorial es también la hegemonía clara del PP en la Comunidad Valenciana. En este sentido, debe resaltarse el excelente resultado de Rita Barberá en el Ayuntamiento de la capital. No sólo no sufre ningún desgaste de poder después de muchos años de Gobierno, sino que amplía, aún más, el gran apoyo popular. Junto a ello ha de ponderarse, también, en clave nacional la igualmente contundente victoria de Francisco Camps después de ocho años nada fáciles al frente de la Generalitat. Es la valenciana una comunidad en la que se conjuga tradición y modernidad, y ha sido la primera que en esta legislatura reformó su Estatuto.

Camps ha tenido que hacer frente a una lucha dura organizada desde algunos medios de comunicación que han estado bombardeando con supuestos escándalos, especialmente urbanísticos, la gestión del joven dirigente del PP y su equipo (excelente) de colaboradores y apoyos territoriales. Sin embargo, esa campaña mediática no ha podido derribar a quien no sólo es un líder regional, sino que también -y simultáneamente- tiene una clara proyección nacional. Pero Camps ha tenido también que superar otros ataques internos en su propio partido. La legislatura anterior estuvo plagada de actuaciones desleales hacia él, pretendiendo presionarle reiteradamente y llegando a una fase final en la que tuvo que hacer frente a la creación de candidaturas locales, supuestamente independientes, que buscaban únicamente hacerle daño a él y al partido. Pese a todo, al final y gracias a su paciencia, su imagen de persona creíble y honesta que ha sabido superar las dificultades ha quedado claramente reforzada.

Un tercer elemento territorial de enorme valor es Navarra. El aliento dado por el Gobierno a la posibilidad de que el Partido Socialista pudiera pactar en la Comunidad Foral con la coalición de partidos nacionalistas Nafarroa Bai -en la que tienen especial peso los independentistas y anexionistas vascos-, tiene importancia respecto el futuro no sólo de esa tierra, sino también del conjunto de España. Ciertamente, no creo que a la hora de votar al candidato a alcalde de Málaga o de La Coruña influyese mucho esta cuestión, pero es indudable que, si este pacto se consuma, en unas elecciones generales puede tener un costo indudable en todos los lugares de España para un PSOE dispuesto a pactar con cualquiera, poniendo incluso en riesgo la estabilidad del mapa autonómico español.

Reitero que estas elecciones no han supuesto ninguna alteración sustancial de la distribución del poder. Se pueden enfatizar los datos favorables e ignorar los adversos, pero demuestran algo incontestable: las elecciones generales están abiertas y el Partido Popular puede ganarlas. A eso hay que sumar un hecho reciente de gran importancia para el futuro: el que desde partidos moderados nacionalistas, tanto dirigentes de CIU como del PNV, han abierto la posibilidad de poder pactar con el PP. Eso supone una ruptura del lamentable cordón sanitario con el que el PSOE quiso rodear al partido de centroderecha como si fuera algo infecto. Además, se ha visto que es ya absurdo e inútil por amortizado apelar, cuatro años después, a la Guerra de Irak para criminalizar al PP y movilizar al electorado.

Estas posibilidades requieren seguir trabajando y fortaleciendo las líneas moderadas que posibiliten conseguir aún más votos en el espacio del centro e incluso de sectores desencantados por la gestión socialista. Ello hará necesario firmeza en la crítica, que debe ser rotunda en determinados asuntos, pero también moderación, evitando excesos de catastrofismos o desahogos personales pretéritos, pues lo importante es construir una España en positivo y en futuro.