¿Hay un sociólogo en la sala?

En el acervo de la ciencia política se han integrado los sesgos cognitivos. Destacan el sesgo de confirmación y el efecto halo (que empopó al presidente Sánchez). Raramente se toma en cuenta el efecto Dunning-Kruger. El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo que sufren las personas incompetentes o poco cualificadas, en un determinado campo, sobrevalorando su real capacidad o habilidad cognitiva específica. Ejemplo canónico es el de Bernhard von Grünberg, otrora parlamentario regional en Alemania, ahora jubilado, que a pesar de chapurrear el español, hasta el punto de necesitar intérprete, pretendió ante el Tribunal Supremo, a instancias del abogado de Jordi Cuixart, ser buen conocedor de la realidad catalana arrogándose el título de observador internacional en los eventos del 1-O. El sesgo de ilusoria superioridad proviene de una dificultad metacognitiva de los incompetentes que les impide reconocer con precisión y objetivamente la propia incompetencia. Los que somos incompetentes o poco cualificados en algún campo somos también incompetentes para juzgar nuestra incompetencia en ese terreno. El sesgo reposa en una ilusión interna. Paralelamente, las personas más competentes tienden a subestimar relativamente el propio nivel pues consideran que lo que les resulta fácil o claro lo es también para los demás. En este caso, al sobrevalorar las capacidades de los otros, el sesgo aflora por ilusión externa.

Recurriendo a las enseñanzas del efecto Dunning-Kruger podemos relegar a segundo plano (al menos en primera aproximación al procés) el egoísmo económico, el matonismo político, el oportunismo profesional, empoderamiento y otras consideraciones al tiempo que ponemos de relieve un rasgo fundamental de los secesionistas catalanes: el injustificado supremacismo.

Desde la escuela, los secesionistas son incompetentes en historia de España y de Europa; en aritmética, al echar las cuentas se equivocan siempre a su favor; en geopolítica y Derecho habida cuenta que sus planteamientos chocan contradictoriamente con la Constitución española y con la doctrina de organismos internacionales como la ONU: Torra es presidente de cuatro provincias españolas por la Constitución y el Estatut y Cataluña no es una colonia. No entender cosas tan elementales prueba la incompetencia de los secesionistas y la sobrevaloración de su propia (in)competencia.

¿Por qué los «competentes» no frenaron de raíz a los «incompetentes» desde que Mas, en 2012, mostró su enorme incompetencia cognitiva? Aunque no hay que excluir pusilanimidad o excesivos miramientos democráticos, el efecto Dunning-Kruger apuntaría a que los más competentes fueron tempraneros en entender nítidamente que la independencia de Cataluña, haciendo correctamente suma y resta, era inviable. Y como a partir de su propia lucidez calibraron mal la de los otros, sesgando hacia arriba, dieron por hecho que también entenderían la imposibilidad de la secesión y, por tanto, los secesionistas (hasta entonces retóricos) nunca se embarcarían en semejante locura. Los incompetentes secesionistas, por el contrario, sobreestimaron sus propias capacidades (véase el refranero: la ignorancia es muy atrevida) para entender la complejidad del procés y dieron por bueno que conseguirían la independencia con la simple convocatoria de un fraudulento referéndum que sería avalado por Europa e incluso Eslovenia, potencia mundial.

Ahora que se han bajado de las alzaderas, ahora que van de peatones normales, sin suntuosos despachos, sin coches blindados y sin guardias pretorianas, todo el mundo puede comprobar la incompetencia total, abisal, la retórica vacua, que caracteriza a los golpistas ante el TS. No hay que darle más vueltas: siguen sobrevalorando su competencia para entender qué es una nación madre de veinte naciones y qué son cuatro provincias.

El efecto Dunning-Kruger no es culturalmente neutro. Las conclusiones anteriores se apoyan en experimentos realizados en países occidentales. En Japón, algunos estudios sugieren que los japoneses tienden a subvalorar las propias capacidades. Sin embargo, el sentimiento de bajo rendimiento relativo lejos de ser un lastre desmotivador para los japoneses es un estímulo, casi una suerte u oportunidad, para mejorar la cualificación o las competencias a ojos del grupo. Comparativamente, desde ambas perspectivas el efecto Dunning-Kruger muestra en los secesionistas una fatuidad personal, puro supremacismo, que jamás los llevará a perfeccionarse y, simétricamente, la humildad de los japoneses que se sienten incompetentes los impulsa a mejorar y ser valiosos para la colectividad sin autoengañarse incurriendo en sesgo cognitivo de sobrevaloración personal. En conclusión, los secesionistas se nutren de sobrevaloradas convicciones; los japoneses, de humildes dudas. Y dejó escrito Nietzsche que las convicciones son enemigas harto más peligrosas de la verdad que las mentiras («Humano, demasiado humano» aforismo 483).

Juan José R. Calaza es economista y matemático.

1 comentario


  1. Ya, mucha incompetencia, pero ganan de calle todas y cada una de las elecciones. Los nacionalistas no se mueven en los parámetros normales del resto de la población. Tienen los suyos propios, que son los buenos y todo lo que se les diga en contra es inane, sino una manera de fortalecerlos, cuanto más se les ataca más fuertes se hacen. Por su parte entienden que los incompetentes en Historia, en aritmética y en democracia somos el resto. España tiene un futuro muy negro mientras estos siguen sumando y sumando … y creemos que son incompetentes ¡ja!

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