‘Help!!’

La indignación se ha hecho grito, y el grito reclama ayuda, ayuda de la Unión Europea, de la comunidad internacional, de los cascos azules, de alguien que venga y nos saque del callejón sin salida en el que estamos. Reconozcámoslo, ya no podemos solos. Necesitamos ayuda. Help!! Please,please, help me!! Que me ayude alguien con autoridad por encima del Estado español, alguien capaz de cuadrar a Rajoy, alguien que debería rescatarnos, auxiliarnos, atendernos. Pero no parece que vaya a venir nadie. Es más, da la impresión de que más de un observador cree que, pase lo que pase, los catalanes nos lo tenemos bien merecido…

Una de las mejores frases sobre estos últimos días del proceso la ha escrito en estas mismas páginas el esforzado compañero Joaquín Luna tras la pseudodeclaración de independencia, el president Puigdemont: “Ya no es un beatle; es un rolling stone”. Una generación entera, tal vez dos, entendimos de golpe el mensaje, con perdón por la burla implícita de la pelambrera de nuestro primer mandatario, máxima representación del reino de España en Catalunya.

Ya saben, a estas alturas, Help Catalonia. Save Europe. Y Europa que pasa de nosotros y que nos deja de lado. Y la música del cuarteto de Liverpool que resuena en nuestras meninges. Aquella película. Ringo que debe ser sacrificado a la furia de los dioses hindúes por culpa de un anillo. Kali exige a su víctima revestida de rojo. Una película de Richard Lester, con los cuatro Beatles y George Martin, que pasa por las Bahamas y por los Alpes suizos. No hagamos bromas con Suiza ni comparaciones con Andorra, por favor. Seamos serios. Pero Help!! , “And now my life has changed in oh so many ways / My Independence seems to vanish in the haze…”, o sea, que “ahora mi vida ha cambiado de tantas formas / mi independencia parece desvanecerse en la niebla”. Que no lo digo yo, que lo cantaban los Beatles…

Nada nos es favorable. Ni un indicio, ni una brizna de solidaridad. Da igual lo mucho que se esfuerce la máquina de propaganda, estamos solos y nadie responde a nuestras llamadas de auxilio. Los mismos tribunales que ordenaron registros en la sede del PP y que sentaron al mismísimo Mariano Rajoy en el banquillo encarcelan a nuestros Jordis y el mundo no se estremece. Esto no sólo no va bien. Es un desastre. Ni la calle ni la gente ni las velas y las antorchas y las banderas les impresionan. Estamos solos. Abandonados, dejados por todas esas empresas que se van, que huyen. Más pobres, menos firmes. Y aunque alguno quiera izar la bandera negra y ni pedir ni dar cuartel, muchos empiezan a pensar que hemos ido demasiado lejos. Y que nos hemos cargado la Constitución y el Estatut y el Parlament y la propia ley del Referéndum. El mandato del pueblo, dicen unos que se pasan por el forro la Sindicatura Electoral y cualquier control democrático y que, en fin, tienen alergia a las urnas reguladas y firmes, no vaya a ser que los desautoricen.

Yo también pido ayuda. Help me, please!! Que alguien me rescate de este desvarío decimonónico y me lleve de regreso a la orilla, a una playa de Barcelona donde brilla el sol y la gente es feliz o se toma la vida menos en serio. Help!! ¡¡Socorro!! Tengo demasiados años para soportar una o dos décadas de miseria física y moral. Y soy demasiado joven para no rebelarme, para no gritar que ya está bien, que la comedia está acabada, que este esperpento puede acabar en sangre y que nada justifica el enfrentamiento cívico y familiar que estamos soportando. “Que se vayan”, clamaban en la Argentina del corralito, pero los políticos no se fueron. Y siguieron navegando entre la gente, encaramados a sus coches oficiales, ajenos al dolor y la rabia y el desengaño. Todo esto, al final, pone en jaque y en cuestión la democracia. La de verdad. La que tiene separación de poderes y es representativa y parlamentaria. No esta burla refrendaría y hecha turba. No la democracia de la manifestación y la pintada, sino la del voto y el orden y la calma. La que dialoga y habla y escucha. No la que impone. Uno quisiera que volviera la libertad burguesa, la libertad acordada, la democracia que se respeta a sí misma. Pero ya no sé si es posible con estos políticos, con estos protagonistas y con este reparto. Tal vez es verdad que necesitamos una catarsis. O al menos un discurso que no sea otro vómito de eslóganes y palabras vacías. Menos sentimientos y más raciocinio, por favor. Y si alguien tiene que rescatarnos, que sea la gente, la que está callada, la que sufre, la que teme, la misma que parece escondida, que no se atreve a hablar, que sigue impresionada por el avance de esta mala película, que además no tiene canciones, no hay intermedios ni momentos de suspensión. Help!! Sí, pero ayúdennos y rescátennos a los de a pie, a los que dudamos por nuestros modestos ahorros, por nuestro trabajo, por nuestros hijos. De verdad, estamos con el agua al cuello, enterrados en la nieve, esperando una ayuda que no llega y deseando que todo esto pase, que se acabe de una vez. Nada es más triste que pedir ayuda cuando fuimos nosotros los que nos metimos en el hoyo.»

Daniel Fernández, editor.

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