Heroicos médicos y enfermeras

La aparición en Madrid del primer caso de contagio por el virus del ébola fuera de África en la persona de una auxiliar de enfermería, Teresa Romero, ha provocado una lógica alarma social y una catarata de comentarios y de opiniones, no todas afortunadas, y algunas, claramente censurables. La mayoría de esos comentarios y declaraciones se han dedicado a criticar, con más o menos conocimiento de causa, las actuaciones de las autoridades. Es bastante comprensible que el miedo a lo que pudiera ser una expansión de la enfermedad en España haya desatado esas críticas, aunque algunas de ellas sean claramente injustas, y otras, injustificadas.

Sin embargo, en medio de tantas declaraciones y opiniones he echado de menos que se levanten más voces que, en vez de fijarse en los aspectos negativos, pongan el acento en todo lo que las actuaciones de los protagonistas principales de este asunto –médicos, enfermeras y otro tipo de personal sanitario– tienen de positivo e incluso de heroico. Y cuando califico de heroico el comportamiento de muchos de estos médicos, enfermeras y auxiliares, como Teresa Romero, no estoy exagerando lo más mínimo. Al contrario, creo que todos los españoles hemos adquirido una deuda de gratitud con todos ellos, que solo podremos pagar reconociendo siempre que su comportamiento ha sido y sigue siendo ejemplar y heroico.

Heroicos médicos y enfermerasEmpecemos por los dos sacerdotes y misioneros españoles que están en el origen de todo este episodio al haber sido trasladados a España en busca de una curación que, desgraciadamente, no se consiguió: el toledano Miguel Pajares, experto en enfermería, que había contraído la enfermedad en Liberia, y el leonés Manuel García Pajares, médico él mismo, que la había contraído en Sierra Leona. Los dos presentaban una larga e impecable biografía de entrega a los demás, y en especial a los más desfavorecidos de la Tierra. Contrajeron el ébola por estar, precisamente, en primera línea para ayudar a los ciudadanos de esos pobres países, azotados por esta terrible enfermedad. Sus vidas deberían ser un modelo para todos, y especialmente para los más jóvenes. En un mundo como el nuestro, en el que se habla mucho de valores pero se cultivan demasiado poco, ejemplos como el de estos dos misioneros, capaces de dar su vida para mejorar las de los demás, deberían estar mucho más presentes y se deberían ponderar y tener mucho más en cuenta.

Pero no son los únicos héroes de este episodio. También lo son los médicos, enfermeras y auxiliares que los atendieron. Se presentaron voluntarios para tratar a los misioneros enfermos repatriados y para intentar curarlos, aun sabiendo que el riesgo de contagio nadie puede garantizar que esté eliminado del todo. Estos médicos y enfermeras madrileños que atendieron a los misioneros, como los que ahora están atendiendo a su compañera Teresa Romero y a los demás ingresados en el Carlos III por tener algún síntoma sospechoso, pertenecen a ese selecto grupo de profesionales que, a lo largo de la historia, han ayudado a sus semejantes en la enfermedad y, además, han hecho progresar la medicina gracias a su trabajo y su generosidad, aun con riesgo de sus propias vidas.

Ellos, con Teresa Romero en primer lugar, también merecen nuestro agradecimiento sin reservas, y, además, su comportamiento abnegado y generoso se ha hecho acreedor del reconocimiento unánime de todos los ciudadanos.

Es probable que en la gestión de toda la crisis provocada por la aparición de un caso de contagio se hayan cometido errores por parte de los responsables políticos o de los propios profesionales de la medicina. Errores que habrá que identificar y responsabilidades que habrá que depurar. Pero, al mismo tiempo, de lo que no me cabe la menor duda es de que, desde que en el mes de agosto un avión medicalizado fue a Liberia a recoger al misionero Miguel Pajares y hasta hoy, han sido muchos los médicos, enfermeras y auxiliares que han tenido y están teniendo un comportamiento ejemplar, abnegado, valiente, generoso y heroico. Esa es la mejor enseñanza positiva que podemos y debemos sacar de este episodio. Es verdad que en España podemos cometer muchos fallos y que puede haber muchas cosas susceptibles de ser mejoradas, pero mientras haya personas como estos médicos, enfermeras y auxiliares podemos mantener el optimismo en el futuro de nuestra Nación.

Esperanza Aguirre, presidente del PP de Madrid.

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