Historia criminal del azúcar

Son las vacaciones veraniegas un espacio-tiempo ineludiblemente vinculado al azúcar. En la playa, en la costa, en las localidades costeras dedicadas al ocio, la superabundancia y omnipresencia de productos azucarados, sean bebidas, refrescos o helados, es un hecho tan clamoroso como ignorado. ¿Se imaginan un verano sin azúcar? ¿Cuál fue el último día que sus manos no tocaron un producto elaborado con azúcar industrial? Y, sin embargo, no todo el mundo sabe que el azúcar quizá sea el producto más relacionado con la explotación y muerte de seres humanos de toda la historia.

La caña de azúcar tiene su origen en Asia tropical, donde se domesticó. En la India del siglo VI a.C. se inventó el azúcar, es decir, el proceso de cristalización del zumo de la caña. De India pasó a Persia, y parece ser que Alejandro Magno fue el primer europeo en conocer su existencia. En la edad media el azúcar se consideraba una especia más, como la nuez moscada o la canela.

El descubrimiento de América lo cambió todo. Cuando los portugueses colonizaron la isla de Madeira inmediatamente plantaron caña. Para trabajar la caña se importaron esclavos de África. El cultivo de la caña se considera uno de los trabajos más duros del mundo: la caña se recoge a golpes de machete y se transporta en fajos gruesos hasta los trapiches (los molinos donde se extrae el zumo), se hierve, se tamiza y se deja cristalizar. Actualmente esta parte está mecanizada, pero en el siglo XIX eran los esclavos los que hacían funcionar los trapiches y las calderas para hervir el zumo. Después de cortar caña de sol a sol los esclavos todavía estaban obligados a trabajar hasta seis horas en el ingenio.

Filmes como Lo que el viento se llevó nos han hecho creer que los estados confederados eran el principal destino de los esclavos negros. No es cierto. Si hablamos de las estimaciones más bajas, un mínimo de trece millones de africanos fueron llevados por la fuerza a América entre los siglos XVI y XIX, y la mayoría fue a parar al Caribe. En el siglo XVIII el negocio del azúcar logró unas cifras casi increíbles: las importaciones de la pequeña isla de Granada eran ocho veces superiores a las de Canadá. ¡Y en 1773 el valor de las importaciones británicas de Jamaica era cinco veces superior al de las trece colonias juntas! A finales del siglo XVIII un escritor británico afirmaba que las Indias Occidentales eran “la principal fuente de la opulencia nacional”. Y el 1714 un plantador inglés decía que “si no se provee de negros las colonias, no pueden elaborar azúcar, y cuanto más numerosos y baratos sean sus negros, más y más barato será el azúcar que elaboren”. Las Indias Occidentales británicas recibieron cuatro millones de esclavos, de los cuales sólo sobrevivieron 670.000 para ser liberados cuando llegó el fin de la esclavitud, en 1838.

La abundancia de azúcar alteró la dieta europea. Los postres modernos, de hecho, son un invento directo del horror de la esclavitud. Había tanto azúcar en el mercado que las compañías importadoras promovieron que las comidas acabaran con un plato dulce, hecho insólito hasta entonces. Y que los postres fueran un plato aparte indujo a que la comida también se dividiera en dos platos, primero y segundo. El otro gran cambio en las costumbres gastronómicas fue la introducción de las tres bebidas coloniales: café, té y chocolate. Las tres son amargas, pero en Europa se introdujeron mezcladas con el inefable azúcar blanco. No es extraño que los abolicionistas ingleses afirmaran que el té era una bebida endulzada con sangre.

¿Por qué desapareció la esclavitud? ¿Por un cambio moral? En absoluto. La esclavitud se extinguió cuando dejó de ser económicamente viable. En 1850 un esclavo de las plantaciones de azúcar de Cuba recibía en manutención (es decir, comida y vestido) tres veces el salario de un obrero agrícola de Bengala. ¿Para qué tener esclavos si pagándoles un sueldo ínfimo puedes liberarte de los inconvenientes de su manutención?

Coca-Cola gestiona muy bien esta práctica. Desde el año 1919 y hasta la actualidad ha sido, ininterrumpidamente, la primera compradora mundial de azúcar. La cifra exacta no se conoce. Es uno de los muchos secretos que guarda la compañía. Coca-Cola sólo ha admitido que sus vendedores principales son India y Brasil, anuncio que no hizo hasta el 2013, y después de una denuncia de una oenegé británica según la cual Coca-Cola compraba azúcar a empresas que expulsaban de sus tierras a los pequeños campesinos para extender las plantaciones de caña.

El mundo no ha conocido campañas de marketing más exitosas que las de Coca-Cola. Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras los americanos veían cómo se racionaba el azúcar, Coca-Cola consiguió que su bebida estuviera presente en todas las cantinas de las bases militares. Los soldados americanos que liberaban Europa fueron la mejor propaganda: Coca-Cola era la bebida de los combatientes de la libertad. Décadas después el concepto ya se había desnudado de añadidos: cuando el muro de Berlín cayó, Coca-Cola ya era la libertad.

Todos hemos disfrutado de este acto tan amable y ocioso, tan aparentemente libérrimo, de comprar un helado en verano. Ahora bien, algunos estamos convencidos de que el azúcar matará Occidente. Eso sí: será una muerte dulcísima.

Albert Sánchez Piñol, escritor y antropólogo.

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