Huracán Mitch, diez años después

Por Juan Manuel Suárez del Toro Rivero, presidente de Cruz Roja Española y de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (EL PAÍS, 29/10/08):

En estos días se cumplen diez años del paso del huracán Mitch. Durante tres semanas el Mitch asoló Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala, dejando atrás al menos 10.000 muertos, más de un millón y medio de damnificados, y daños económicos incalculables. Se estima que a raíz del paso de este huracán, el PIB de los países afectados se redujo un 40%, restando 20 años a su nivel de desarrollo.

Alguien puede preguntarse por qué recordar ahora lo que ocurrió hace diez años. Hay miles de razones para no olvidar aquella tragedia, pero sin duda, tenemos una que considero especialmente importante: la de dar las gracias a la sociedad española por su generosidad y su solidaridad con la gente que sufrió las consecuencias del Mitch.

Hoy queremos decirles a todos aquellos que confiaron en nosotros que la ayuda no cayó en saco roto. Cruz Roja Española, junto con otras muchas organizaciones, respondió inmediatamente al Mitch enviando ayuda humanitaria, suministros y equipos de socorro para atender a las necesidades inmediatas de las poblaciones afectadas. Pero no sólo eso, gracias a la generosidad de los españoles, hemos podido ir más allá de cubrir las necesidades más urgentes y durante diez años hemos desarrollado más de 500 proyectos integrales de desarrollo que han permitido mejorar las condiciones de vida de un millón y medio de personas.

El objetivo de nuestra operación ha sido lograr que las personas vulnerables fueran las protagonistas de su propio desarrollo, atendiendo primero las necesidades más inmediatas y fortaleciendo después a las comunidades, impulsando los procesos de desarrollo económico y social. Se han construido más de 2.500 casas, 119 escuelas, más de 30 centros de salud y centros comunitarios. Además, se ha preparado a las comunidades para afrontar nuevos retos.

Muchas veces, la respuesta a una emergencia se queda corta, atendiendo sólo a los efectos más evidentes, sin responder o atacar a las raíces que provocan situaciones de riesgo o vulnerabilidad de las personas ante un desastre. La respuesta humanitaria sigue siendo la columna vertebral de actuación de las ONGs, pero lo más importante es “estar listos para el desastre” y preparar a las poblaciones para reaccionar ante futuras catástrofes.

Durante mucho tiempo, las organizaciones humanitarias como la Cruz Roja Española han reconocido la importancia de invertir en la preparación para desastres. Hay que enfocar los esfuerzos en la gestión de los riesgos. Es necesario vincular la respuesta a desastres con las estrategias de desarrollo humano. Formar a las comunidades permite que se puedan organizar, se comprometan con su entorno y sean responsables de su seguridad.

Nuestra responsabilidad, y la de organizaciones como la nuestra, consiste en dotar a los sectores más vulnerables de la población de los medios necesarios para hacerlos más fuertes y capaces de afrontar las situaciones que amenazan sus vidas, su sustento y su dignidad.

En Centroamérica y gracias a los esfuerzos realizados tras el huracán Mitch, miles de personas están viviendo una vida más digna. Vida que aún estando mejor preparados puede verse amenazada por las consecuencias de otras catástrofes, pero tenemos la certeza de que la inversión que se ha realizado en las comunidades hará que éstas respondan con mayor diligencia y rapidez, lo que permitirá salvar vidas.

El escenario del Mitch dejó al descubierto en Centroamérica los problemas que dos años después Naciones Unidas recogería en la Declaración del Milenio. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) pretenden reducir a la mitad la pobreza extrema y el hambre en 2015; universalizar la educación primaria, promover la igualdad de género, reducir la mortalidad infantil, combatir el sida y el paludismo, garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y crear una asociación mundial para el desarrollo.

Cuando nos encontramos en el ecuador de este programa solidario y global, aún quedan por cumplir muchas de las 20 metas propuestas y no se están alcanzando los niveles de desarrollo deseados. La ONU indica que los países ricos deberían invertir al menos 195.000 millones de dólares, o lo que es lo mismo, prácticamente duplicar la ayuda mundial que actualmente se está ofreciendo.

Hoy, en plena crisis financiera a nivel mundial, es probable que las ayudas para la consecución de los ODM se vean afectadas, y que metas como la de reducir la pobreza absoluta a la mitad tengan retrasos en su consecución. Los desastres naturales y la pobreza no desaparecen en tiempos de crisis financiera… incluso sus efectos pueden ser más devastadores. Invertir en el desarrollo de las comunidades se hace urgente y necesario en estos tiempos, para que las subidas del petróleo o de los alimentos les afecten lo menos posible.

Sin embargo, no todo depende de la ayuda de los Gobiernos, sino también de la solidaridad de particulares y empresas que a través de sus donaciones nos permiten poner en marcha acciones de desarrollo que vayan mucho más allá de la respuesta al desastre.