‘I have a dream’… no al racismo cromosómico

Hoy es un día especial para quienes celebramos con orgullo y optimismo el Día Internacional del Síndrome de Down. Después de centrarse en años anteriores en la educación o en la incorporación al mundo laboral, este año se ha elegido como lema Salud y Bienestar. El acceso y la igualdad para todos. El argumento clave es que tener Síndrome de Down no es una enfermedad. Se trata de un desorden genético. Y esta primera afirmación me parece un principio esencial. Sin embargo, al igual que cualquier otra persona, estos niños, luego adultos, pueden tener problemas de salud y, por ello, lo que se pide es que tengan acceso a la sanidad en condiciones de igualdad.

Lamentablemente en España estamos todavía un paso mucho más atrás: aún nos plantemos si deben o no nacer; debatimos si los que estamos vivos tenemos derecho a eliminar a un concebido pero no nacido por el hecho de tener un cromosoma más. Este racismo cromosómico ha originado un gran descenso del índice de natalidad de aquellos que son identificados con trisomía 21, respaldado por la actual Ley del Aborto, que ha supuesto una vuelta a la eugenesia por la puerta de atrás bajo el disfraz del derecho a elegir de la mujer.

Igual que se penaliza el racismo por razón de color o combatimos por la no discriminación por razón de sexo, cultura o religión, ¿por qué no se combate con la misma fuerza el racismo cromosómico? ¿Quiénes somos para decidir que una persona con Síndrome de Down no es apta para vivir? Por más vueltas que le doy no encuentro más razón que la de que nos hemos vuelto muy egoístas y nos creemos con capacidad para decidir sobre las vidas de otros.

Y claro que es cierto que la trisomía 21 es una discapacidad intelectual que priva a la persona que la padece de la cualidad más preciosa que nos confiere nuestro patrimonio genético: el pleno poder del pensamiento racional. Pero eso, en ningún caso puede ser razón para no dejar que estas personas puedan mostrar tantas otras capacidades como tienen, entre ellas -casi la más importante a mi juicio-, la de hacernos ver a los que tenemos los cromosomas perfectamente emparejados que en este mundo lleno de problemas y ansiedades uno es más feliz cuando entrega amor, cuando lucha por ampliar sus propias capacidades y no se lamenta ni se centra en las que no se tienen.

Lo he dicho muchas veces: nosotros, gracias a Claudia, somos una familia más grande, más llena, más enriquecida en alegrías, en generosidad, en paciencia y eso -por experiencia lo digo- hace a una sociedad mejor, logra una humanidad más humana. Y si todos pensáramos con esta sensibilidad tendríamos que reconocer en las personas con Síndrome de Down una fuente de verdaderos valores.

Hoy, conmemorando el Día Internacional del Síndrome de Down, yo también quiero soñar. I have a dream, como dijo Luther King, que algún día la trisomía 21 deje de tener el estigma social y seamos capaces de aceptarlo con naturalidad, para comprobar que alguien concebido con trisomía 21 va a desarrollar sus capacidades, pues lo que realmente les incapacita, como miembros de la sociedad, es un sistema sociocultural que no reconoce su derecho a un trato genuinamente igual.

I have a dream… y es que se deje de mirar como una carga, con pena o tristeza a estas personas. Es una lectura equivocada, que no les hace justicia, ya que, al contrario, no dejan indiferente ni a sus familiares, ni a los compañeros de trabajo, vecinos o cualquiera que tenga la suerte de convivir con ellos.

I have a dream… y es que las personas con Síndrome de Down sean aceptadas y queridas para que puedan enriquecer una sociedad en crisis de valores. Ellos no suelen hacer apología de los valores, los viven de forma natural, predican con el ejemplo…

I have a dream… y es que se acabe con el racismo cromosómico. Y estoy segura de que algún día, mi sueño se hará realidad.

Katerina Bartolomé Tocino es fundadora de Networking Estratégico y autora del blog Hijos Extraordinarios.

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