Ibarretxe, Zazpiak bat

Por Antonio Elorza, catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Complutense (EL CORREO DIGITAL, 03/06/08):

Decíamos ayer sobre los propósitos de Ibarretxe Pero más vale mirar hacia el futuro y examinar las consecuencias que puede tener su esperado anuncio de la pregunta para esa consulta que no va a ser vinculante, pero que ya tiene incluso fijada la fecha para el definitivo referéndum de autodeterminación antes de que acabe 2010. Pocas veces en la historia del último siglo ha tenido lugar un intento de fraude a la democracia comparable al ahora presentado por el lehendakari, ya que no sólo se trata de un referéndum convocado de forma solapada al margen y en contra del texto constitucional en virtud del cual ejerce su gobierno, sino que su formulación constituye un insulto a las reglas de claridad que cabe exigir cuando se entra en el terreno de la democracia directa. Y, para cerrar el círculo, todo ello tiene lugar en términos de complicidad con una organización terrorista a la cual el proyecto de Ibarretxe viene a salvar de una situación agónica. Una auténtica obra maestra de cerrilidad y de menosprecio a los problemas de la sociedad a la que todavía gobierna.

¿Por qué hace esto? La razón está bien clara: en buen hijo espiritual de aquel profeta del odio que fue Sabino Arana, el español es el enemigo, y todo vasco que haga suya esta posición central, por muy desatinados y criminales que puedan parecer los procedimientos empleados, es ante todo un vasco, pertenece al círculo de los amigos, y más aún al compartir los mitos fundacionales sobre la independencia originaria (los derechos históricos), tener la misma concepción de lo vasco y profesar una religión política cuyo punto de destino no ha de ser otro que la independencia. A Ibarretxe, como a Egibar, le pueden desagradar las muertes de españoles y españolistas a manos de ETA, por aquello de la humanidad, no es seguro, pero en el fondo piensan que el terror (perdón, la violencia) es consecuencia inevitable del conflicto provocado por los gobiernos de Madrid al no reconocer lo que Sabino formuló para Vizcaya: los derechos de Euzkadi, ahora Euskal Herria, a la independencia, por encima de lo que los vascos realmente existentes piensan y desean. Por eso no importa que sólo haya un tercio de vascos independentistas y que el PSOE acabe de quedar en las elecciones muy por encima del tripartito. El pueblo vasco está encarnado exclusivamente en la comunidad nacionalista. Todo lo demás equivale a traición. Es preciso conseguir por cualquier medio que las urnas refrenden esa identificación esencial.

Para ello se ve obligado a acumular fraudes y engaños, haciendo de la convocatoria un ‘remake’ del viejo juego de los siete errores. Siete trampas en un solo proyecto político. Vale la pena examinarlas una a una.

La primera concierne a la propia ‘consulta’, que no es sino un referéndum enmascarado para que así resulte más digerible su anticonstitucionalidad. No sólo el nacionalismo vasco, sino otras corrientes políticas vienen presentando la autodeterminación como algo normal, como si cada pocos años Baviera o Bretaña votasen si se van o se quedan en sus respectivos Estados. Falso. Constituye un recurso excepcional en Europa y casi nunca es un ejemplo de democracia. Con Estados Unidos detrás, Kosovo se ha autodeterminado, pero curiosamente los serbios de Kosovo, tras haber sido ignorados los acuerdos de las Naciones Unidas, según los cuales la intervención militar garantizaba la integridad territorial de Serbia, se ven privados de ese mismo derecho para la parte serbia del recién nacido Estado. Así que el contenido y el marco acaban dependiendo de quién se declara sujeto de la autodeterminación, y como en este caso la fuerza en virtud de sus aspiraciones y de sus concepciones mitológicas. Luego la normalidad de la capacidad de decidir de los vascos no existe; y menos si tenemos en cuenta todas las encuestas confirmando el apoyo minoritario al independentismo.

La segunda trampa consiste en reunir en una sola papeleta dos preguntas heterogéneas entre sí, con lo cual una condiciona a la otra. ¿Quién va a mostrarse opuesto a resolver el problema de ETA? Sólo que si aceptamos la propuesta en apariencia bienintencionada para que ETA termine su carrera, hay que llevarse de propina la del debate entre los partidos vascos, sin mezcla de español alguno, para resolver de paso el ‘conflicto’, es decir, tomar el camino de la independencia. Es la vieja añagaza del caciquismo: si pretendes alcanzar aquello que deseas, dame a ciegas tu voto. Si quieres que ETA desaparezca, sígueme en la marcha hacia la autodeterminación (léase independencia, porque ya sabemos que la reforma constitucional para ampliar el Estatuto no le vale a Ibarretxe). Con el añadido de una falacia: sugerir al electorado que si alguien rechaza el ámbito vasco de decisión opta por que ETA siga matando.

La tercera concierne a la aparente reproducción del acuerdo del Congreso para negociar con ETA si ésta manifestaba una actitud inequívoca para abandonar el terror (la violencia). Pero es que ese intento fracasó espectacularmente. El PSOE razonablemente no intenta reproducirlo, y además la resolución del Congreso añadía que la negociación no podría tener contenido político. Consecuencia: una vez amputada de esta cláusula resulta ilícita su reproducción pretendiendo que es mantenido el mismo significado.

La cuarta reside en la mención de «todos los partidos políticos vascos» como participantes en el decisivo ‘proceso de negociación’ para ir a la autodeterminación (‘sobre el derecho a decidir’). Esto significa anular de facto la Ley de Partidos, ponerse al margen y en contra del ordenamiento legal español, lo mismo que al ignorar en todo momento las exigencias derivadas de la Constitución.

La quinta es la presunción de que su propuesta es legal, cerrando deliberamente los ojos ante el hecho de que por otra vía volvemos al proceso constituyente vasco del primer plan. Encima Ibarretxe se atreve a manifestar su asombro ante el hecho de que PSOE y PP no respalden su fraude.

La sexta es el fingimiento de que ha buscado un acuerdo con Madrid, que sólo la intransigencia de Zapatero ha frustrado. Es éste uno de los aspectos más impresentables de la conducta del lehendakari, al abusar de la corrección con que siempre le ha tratado el presidente del Gobierno, denunciando una supuesta intransigencia cuando él, con su decisión ya tomada, en momento alguno ofrecía resquicio para el famoso ‘acuerdo’. ¿Cómo iba Zapatero a refrendar un proyecto ya cerrado que dinamitaba el orden constitucional?

Y séptima y fundamental trampa. Ibarretxe ha presentado su hoja de ruta a modo de varita mágica para acabar con ETA, cuando se trata de todo lo contrario. Es como si alguien ofrece aceite para sofocar un incendio. Por debajo de las palabras vacías, no hay en las preguntas la menor condena de ETA. Lógico. Lo repetimos: la consulta es hoy por hoy el salvavidas político para ETA y, de modo correlativo, la supervivencia de ETA es el único factor que puede respaldar el proceso político basado en un referéndum convocado para atender a los objetivos políticos comunes de ETA y del lehendakari Ibarretxe. Si el Gobierno no reconoce ‘el derecho a decidir’, ETA tiene ya la coartada para prolongar el terror. Un magnífico servicio prestado por ambos, en suma, con el cinismo político del segundo a la cabeza, para que la crisis vasca siga siendo una historia interminable.