Iluminar el corazón de las tinieblas

Un gran periodista estadounidense, Walter Lippmann, afirmó que el periodismo consiste en sacar a la luz aspectos de la realidad que de otra forma permanecerían en la oscuridad. Esto es particularmente así en el periodismo de guerra. El reportero que nos muestra el bombardeo de un hospital en Alepo o los efectos de un ataque de Boko Haram a un poblado de Nigeria no lo hace para satisfacer una curiosidad malsana. Lo hace para hacer visible el corazón de las tinieblas y evitar que lo que allí sucede caiga en el olvido o quede impune. El periodista en tiempos de conflictos es un testigo de cargo de la civilización contra la barbarie. Se dice que la primera víctima de una guerra es la verdad. Hemos de corregir esa frase. Por desgracia, con demasiada frecuencia la primera víctima de los conflictos armados es el periodista que intenta iluminar la verdad y con ella alertar la conciencia de una opinión pública que de otra forma permanecería ignorante del sufrimiento ajeno. No es extraño que grupos terroristas como el Estado Islámico (IS) tengan a los periodistas en su punto de mira. Saben que son los más eficaces desveladores y debeladores, con la mera fuerza de la palabra y de la imagen, de su propaganda y de sus actos violentos y totalitarios; recordemos a este respecto el deleznable atentado contra Charlie Hebdo de principios de 2015.

Los periodistas españoles también pueden ser, y a veces son, víctimas en zonas de conflicto. El 8 de mayo tres de ellos fueron liberados tras más de 10 meses secuestrados en Siria. Apenas han pasado tres semanas y España contiene el aliento por la falta de noticias de la corresponsal de EL MUNDO en Colombia, cuya suerte nos es desconocida en el momento de redactar estas líneas. Como en otras ocasiones, haremos todo lo absolutamente posible para que pronto vuelva sana y salva a casa.

iluminar-el-corazon-de-las-tinieblasLos secuestros y otras formas de violencia contra los periodistas se han disparado en los últimos años. Según las cifras de Reporteros Sin Fronteras, 787 trabajadores de medios fueron asesinados en los últimos 10 años, de los cuales 67 fallecieron en 2015. En las zonas de conflicto, como Siria -donde 55 periodistas han perdido la vida desde 2011- son atacados de forma sistemática.

Para España esta cuestión es prioritaria. A menudo la prensa es la única fuente de información veraz; la única voz con que cuentan las víctimas de abusos y ataques contra la población civil; la única que denuncia crímenes que escapan a la acción de la policía y de los jueces. Por ello, la libertad de prensa se recoge en el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos en su doble faceta de emitir y recabar información por cualquier medio y sin límites de fronteras. No obstante, el mundo está muy lejos de poder garantizar este derecho, permitiendo que los periodistas puedan ejercer su profesión libres de coerción e intimidación.

España realiza un importante esfuerzo para colmar esas carencias. El primer paso es la ratificación y el cumplimiento de los instrumentos internacionales relevantes en materia de Derecho Internacional Humanitario y Derechos Humanos, incluidos el Protocolo número I de 1977 adicional a los Convenios de Ginebra de 1949 o el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Participamos activamente en todos los foros internacionales que abordan la cuestión. El pasado 27 de abril, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU) debatió sobre la protección de periodistas en conflictos armados. España planteó la persecución de los delitos contra los periodistas como crímenes de guerra, el impulso a la colaboración entre el CSNU y la Corte Penal Internacional y la conveniencia de un Informe del Relator Especial del derecho a la libertad de opinión y expresión sobre el exilio a que se ven obligados numerosos informadores. Con ocasión del debate, el CSNU adoptó la resolución 2222, que se suma a la anterior (1738, del año 2006) en materia de protección de periodistas, y aborda la situación desde varios frentes: lucha contra la impunidad, libertad de movimientos, seguridad de los periodistas en territorios controlados por actores no estatales, y papel de las organizaciones regionales. España contribuyó decisivamente en la negociación de este texto.

El pasado martes 24, intervine en la Sesión Especial sobre protección de periodistas y promoción del periodismo independiente en situaciones de crisis que se celebró durante la Cumbre Humanitaria de Estambul. La sesión reunió a destacados profesionales de los medios con experiencia en zonas de conflicto y desastres naturales para identificar buenas prácticas al informar sobre crisis humanitarias. Se reflexionó, además, sobre las formas de reducir los riesgos a los que están expuestos los periodistas. El resultado de esta sesión fue el renovado compromiso de la comunidad internacional con el Plan de Acción de las Naciones Unidas sobre la seguridad de los periodistas.

Para fortalecer las acciones emprendidas a nivel regional y nacional, España ha solicitado al secretario general de las Naciones Unidas la creación de un Representante Especial para la seguridad de los periodistas que tendría una posición central en el sistema de la ONU y ejercería importantes funciones de coordinación, alerta temprana, información y prevención.

A mi juicio, el aspecto más grave de la violencia contra los periodistas es el elevado grado de impunidad de la que disfrutan los perpetradores. En este sentido, la iniciativa hispano-rumana de crear un Tribunal Internacional contra el Terrorismo que luche contra la impunidad de este tipo de delitos y cuyas funciones no se solapen con el mandato de la Corte Penal Internacional contribuiría a colmar esta laguna.

En su ensayo En el vientre de la ballena, George Orwell, escritor y también periodista de guerra, nos previno contra la tentación de adoptar la actitud de un Jonás aislado e insensible ante los horrores que nos rodean. Los periodistas que cubren conflictos azotan nuestras conciencias, nos sacan de esa zona de confort, nos compelen a salir de la ballena. Al iluminar las tinieblas que nos rodean nos advierten contra el riesgo de que, por ignorancia, insensibilidad o imprudencia, terminemos siendo devorados por ellas.

José Manuel García-Margallo es ministro de Asuntos Exteriores en funciones.

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