Impeachment: la baza de Trump, mantener dividida a la opinión pública

Cuando la Cámara de Representantes de Estados Unidos votaba este miércoles (jueves ya en España) a favor del impeachment a Donald J. Trump, el nombre del presidente norteamericano se unía a un club exclusivo que incluye sólo a otros dos predecesores: Andrew Johnson y Bill Clinton.

El impeachment de Trump ha estado en boca de todos desde antes incluso de que fuera elegido presidente. La cosa estaba tan cantada y Trump ha llevado la indignidad a tales extremos, que el proceso para su destitución casi resulta hoy chocante. Ahora bien, se trata de un acontecimiento histórico, y hay que decir que sólo estamos asistiendo a un comienzo, no al fin.

La próxima parada será ahora la del Senado. Se espera que la Cámara celebre un juicio de dos semanas a comienzos de año para decidir si destituye o no a Trump. Si bien la decisión corresponde a cada uno de los senadores que deberá emitir su voto, esos votos estarán muy influenciados por la opinión pública.

¿Qué tiene que ver aquí la opinión pública?, se preguntarán. Veamos. En primer lugar hay que decir que el impeachment y la posible destitución del cargo del presidente es una disposición contemplada en la Constitución americana que se deriva de la facultad del Congreso de fiscalizar al poder presidencial. Pero ese examen no es tanto legal como político.

Una vez que la Cámara de Representantes ha trasladado el asunto al Senado, son necesarios dos tercios de los votos de la Cámara para poder destituir al presidente. El problema es que, a medida que avanza el proceso, los delitos que dieron pie al impeachment se presentan menos claros para los ciudadanos. ¿Cuáles son? Se contemplan los de «traición, soborno u otros delitos menores», lo cual queda muy abierto a interpretación.

Todo esto convierte el caso en un asunto muy de partido, incluso tribal; de ahí que la opinión pública sea tan importante. Es lógico que un partido político defienda a su propio presidente, pero hasta cierto punto. La renuncia de Richard Nixon es un buen ejemplo. Los republicanos lo respaldaron hasta que la calle se volvió decididamente en su contra, y el congresista Lawrence Hogan fue el primer Republicano en anunciar que votaría a favor de su impeachment. La votación nunca llegó a producirse porque, a medida que más Republicanos se volvieron contra él, Nixon vio que tenía los días contados y optó por presentar su renuncia.

La votación de este jueves siguió la lógica partidista: los Republicanos votaron en contra del impeachment de Trump y tres Demócratas desertaron y votaron con ellos. Uno, el Demócrata de Nueva Jersey Jeff Van Drew ya había anunciado la semana pasada que no solo votaría en contra, sino que también cambiará de partido. Aunque esto pueda parecer extraño, sucede. Y es que los miembros del Congreso dependen más de los votantes en sus Estados o distritos para ser reelegidos que del apoyo de sus partidos. Van Drew es de un distrito conservador y está convencido de que tiene más posibilidades de ganar nuevamente en noviembre como republicano.

Esa es la razón por la cual los Republicanos siguen al lado de Trump: la mayoría de quienes le votaron aún le apoyan y harían pagar cara la traición a cualquier congresista o senador. A principios de noviembre, Gallup mostró que el índice medio de aprobación de Trump entre los Republicanos sigue siendo del 86% y nunca ha caído por debajo del 79%.

Pero como hemos comprobado en España, la opinión pública es volátil y las encuestas no sirven para hacer predicciones. Al igual que los Republicanos dejaron de respaldar a Nixon cuando la gente empezó a apoyar el impeachment, lo mismo sucedería en EEUU si la opinión pública se volviera contra Trump. Por ahora, hay pocos indicios de que los votantes Republicanos se estén volviendo contra él. Aunque sus índices de aprobación son históricamente bajos -oscila entre el 39% y el 40%- no ha habido cambios bruscos en las últimas semanas.

Del mismo modo, la opinión pública a favor y en contra del impeachment y/o de la destitución del presidente parece dividirse en líneas partidistas, si bien hubo un cambio importante en octubre: un mayor número de personas comenzó entonces a apoyar el juicio a Trump. En el momento de escribir esta tribuna, alrededor del 48% lo respalda y un 46% se opone. Por lo tanto, a menos que la situación dé un giro radical -lo que requeriría nuevas evidencias o testimonios- hay pocas esperanzas de que 20 senadores Republicanos voten a favor de destituir a Trump.

Seguramente Mitt Romney es el Republicano más famoso por sus críticas a Trump y, aunque hay otros, no son suficientes. Por lo pronto, los planes de realizar un juicio breve en el Senado -quizás de dos semanas de duración- no incluyen nuevas pruebas o testimonios, y el líder de la mayoría Republicana en el Senado, Mitch McConnell, ya ha dicho que no tiene intención de cumplir el juramento que él y el resto de senadores proclamaron de «hacer justicia imparcial». McConnell lo ha dejado claro a los periodistas: «Este es un proceso político. No soy imparcial en absoluto en este asunto».

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, abordó el impeachment con mucha cautela precisamente porque conoce la importancia de la opinión pública en este asunto. La mayor lección la tiene en Bill Clinton, que fue absuelto por el Senado y salió del impeachment siendo más popular que nunca. Pero él no tenía que afrontar una reelección.

En cuanto al impeachment de Andrew Johnson ocurrió durante un año electoral, pero tras una guerra civil. La gente estaba asustada por la inestabilidad que su destitución pudiera acarrear al país. Así pues, como solo faltaban meses para las elecciones, tenía más sentido esperar a que el pueblo estadounidense decidiera, pero las esperanzas de Johnson de ser reelegido terminaron cuando se percató de su incapacidad para asegurarse la nominación Demócrata.

¿Puede un presidente sometido a un impeachment ganar la reelección? Trump puede ser muy bien el segundo en intentarlo, y dada su propensión a desafiar todo pronóstico, no haré ninguna apuesta.

Alana Moceri es experta en relaciones internacionales, escritora y profesora de la Universidad Europea de Madrid.

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