Impuestos internacionales y desarrollo mundial

Es posible que los impuestos sean la pieza clave del rompecabezas para el financiamiento del desarrollo, pero el sistema tributario para los beneficios globales está roto y avala la desigualdad, tanto al interior de los países como entre ellos. Si el mundo desea erradicar la pobreza y contener la creciente desigualdad, el sistema debe ser reformado.

El mayor problema del sistema actual es que, al gravar a las filiales de las corporaciones multinacionales como entidades separadas, proporciona un amplio margen de maniobra para que las empresas globales eludan sus obligaciones fiscales. Los esfuerzos de la OCDE para implementar una reforma a pedido del G20 representan bienvenidos intentos para atender a lo que suele llamarse «erosión de la base imponible y traslado de beneficios» (BEPS, por su sigla en inglés), pero no son suficientes.

El resultado más significativo de la iniciativa BEPS de la OCDE reside en sus nuevos requisitos de información por país, que obligan a las multinacionales a proporcionar información anual agregada en cada jurisdicción en la que operan, relacionada con la asignación mundial de sus ingresos y los impuestos que pagan. También deben brindar información sobre cuáles entidades operan en cada jurisdicción y las actividades económicas en las que participan.

Pero esos informes solo serán aplicables a entidades con ingresos superiores a 750 millones de EUR (845 millones de USD) y no se divulgarán al público. Además, los países deben cumplir ciertas condiciones para acceder a esa información, una estructura que no beneficiará a la mayoría de los países en vías de desarrollo.

Sin embargo, son esos los países que más tienen en juego. De hecho, el Fondo Monetario Internacional informó recientemente que los países en vías de desarrollo pierden por las actividades BEPS el triple de los ingresos por impuestos corporativos que sus contrapartes desarrolladas. Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, esas actividades de las multinacionales –que representan un tercio de la posible base imponible corporativa en los países en desarrollo– generan pérdidas anuales de 100 mil millones de USD.

Dado el importante papel que desempeñan los impuestos en el financiamiento de las actividades para el desarrollo –generan dos tercios del financiamiento para los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU, mientras que la asistencia oficial y los flujos privados cubren el resto– esa hemorragia debe ser detenida. Mientras los líderes mundiales se preparan para la Tercera Conferencia Internacional sobre la Financiación del Desarrollo (FFD3) este mes en Adis Abeba, donde desarrollarán una estrategia para financiar la agenda mundial para el desarrollo pos-2015, un cambio hacia un sistema impositivo mundial más eficiente y equitativo no puede ser más urgente.

Por eso, un grupo de intelectuales públicos de todo el mundo ha creado la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (ICRICT, por su sigla en inglés), que presido. Creemos que el mundo tiene una oportunidad sin precedentes para lograr una reforma significativa del sistema tributario corporativo internacional que sirva al interés público mundial en vez de generar ventajas nacionales.

Para inducir a los líderes mundiales a aprovechar esta oportunidad, la ICRICT ha emitido un conjunto de recomendaciones para la reforma de las reglas e instituciones que rigen la fiscalidad corporativa internacional. Las propuestas incluyen un impuesto corporativo mínimo acordado por los países desarrollados y mecanismos para evitar que las multinacionales transfieran sus beneficios a subsidiarias en jurisdicciones con bajos impuestos.

Además, a diferencia de las reformas de la OCDE, la ICRICT recomienda que las multinacionales presenten informes públicos sobre los impuestos que pagan en todas las jurisdicciones y, a más largo plazo, llama a una transición hacia un sistema en el cual cada multinacional pague impuestos como una única empresa, que se asignarán a los distintos países en los que opera según una fórmula acordada.

Un primer paso para lograr estos objetivos sería establecer un cuerpo intergubernamental con el mandato y los recursos para implementar la tan necesaria reforma fiscal y promover una cooperación impositiva más sólida entre los gobiernos. La decisión sobre el establecimiento de un cuerpo tal es un componente importante en la agenda de la FFD3.

Un foro mundial representativo de ese tipo sobre tributación no solo debiera servir como sede para la cooperación intergubernamental, sino también para apoyar un debate más amplio e inclusivo sobre la reforma tributaria. Durante demasiado tiempo esas discusiones han sido negociaciones a puertas cerradas entre los gobiernos y las grandes corporaciones; el tema se ha considerado demasiado técnico como para que el público en general lo entienda.

Incluso en la actualidad, muchos sostienen que incluir a todo el mundo en la discusión daría como resultado la politización del sistema tributario y que esas decisiones debieran dejarse en manos de los expertos. Pero los impuestos son inherentemente políticos, ya que implican cuestiones de equidad, justicia y el bien común. De hecho, las cuestiones tributarias estuvieron en el corazón de la creación de los parlamentos democráticos modernos. Un tema con consecuencias tan vastas no debiera debatirse en secreto.

Si los líderes mundiales se toman en serio la reducción de la desigualdad y la erradicación de la pobreza, deben comprometerse con la creación de un sistema impositivo justo y transparente. Esperemos que este mes, en Adis Abeba, den pasos creíbles en esa dirección.

José Antonio Ocampo, former United Nations Under-Secretary-General for Economic and Social Affairs and former Finance Minister of Colombia, is Professor of Professional Practice and Member of the Committee on Global Thought at Columbia University. He is the co-author (with Luis Bértola) of The Economic Development of Latin America since Independence. Traducción al español por Leopoldo Gurman.

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