Incierto, pero prometedor

“Te doy 100.000 dólares si dejas la universidad e inicias tu propio proyecto empresarial”. Esto les dijo Peter Thiel, cofundador de Paypal y reconocido business angel, a 20 jóvenes universitarios americanos por primera vez en 2011. Thiel, graduado en Stanford, sostiene que los talentos creativos no necesitan ir a la universidad para montar una empresa o cambiar el mundo. De un tiempo a esta parte se viene produciendo un intenso debate —principalmente en EE UU, pero cuyos ecos han llegado también a Europa— sobre si es necesario pasar por la universidad para tener éxito profesional. Las causas de esta discusión son complejas, pero podrían resumirse en la explosiva combinación de la crisis económica reciente y su impacto en el desempleo, con un incremento del coste de los estudios superiores y un cierto desprestigio de la formación reglada, unido a una sublimación, desde determinados sectores, de la iniciativa personal y el emprendimiento como verdaderas y únicas herramientas para alcanzar logros empresariales. Al fin y al cabo, Steve Jobs solo asistió a un curso de caligrafía en su fugaz experiencia como universitario y Bill Gates nunca finalizó sus estudios en Harvard.

Pero el propio Jobs recordaba a los estudiantes de Stanford, durante la ceremonia de graduación de 2005, que la razón de haber abandonado sus estudios fue no querer que sus padres utilizaran todos sus ahorros en su educación, y Gates recibió encantado su doctorado honoris causa años después de dejar la universidad.

Para comprender este problema debemos ser conscientes del nuevo paradigma que rige la relación entre la universidad y la sociedad. En la Edad Media, los cambios en la sociedad eran inducidos por la universidad y los monasterios. En el siglo XXI debemos interpelar a las instituciones educativas desde la sociedad civil para que pongan en marcha su contribución al cambio: huir de ellas acusándolas de endogámicas, ineficaces o poco innovadoras no parece la mejor solución.

Estudios recientes, como el de la Fundación BBVA sobre la formación y el empleo de los jóvenes españoles, concluyen que el relevo generacional traerá consigo nuevas oportunidades laborales para ellos, que requerirán un alto nivel de formación y también un dominio efectivo de competencias que permitan flexibilidad y adaptabilidad para enfrentarse a un mundo cambiante. Como sociedad tenemos que asegurarnos de que nuestros jóvenes sean capaces de responder positivamente a la incertidumbre. Para ello debemos dotarles de talento emprendedor: manejar recursos, comunicar en idiomas diversos, liderar, utilizar habilidades de gestión, tener autonomía personal y espíritu crítico. Es importante no confundir el talento emprendedor con el empresarial: no todos nuestros jóvenes crearán en el futuro una empresa, pero absolutamente todos deberán emprender en su vida personal y profesional, tendrán que innovar y, sobre todo, buscar nuevas respuestas.

Desde la Fundación Princesa de Girona apostamos por dar un salto cualitativo y cuantitativo que permita incidir de forma significativa en el sistema educativo mediante la introducción sistemática de la competencia emprendedora en el currículo académico ordinario, tanto en la educación infantil como en el bachillerato y la formación profesional, a través de la formación del profesorado como factor clave para el cambio, para consolidar un modelo eficaz de educación emprendedora.

La generación actual de jóvenes españoles es la que tiene mayores niveles de estudios completados de nuestra historia. Pero al mismo tiempo se enfrenta a un futuro laboral más incierto y difícil. Sabe que el marco de referencia en el que se desarrollaron sus mayores ya no es válido, y necesita referentes más próximos. Jóvenes de edades, perfiles y procedencias diversas, pero con el mismo afán por compartir capacidades, ideas, proyectos y sus recursos, asisten en Girona al Fórum Impulsa, motivados por la oportunidad de interactuar con otros jóvenes como ellos y también con un elenco de ponentes y profesionales dispuestos a descubrirles.

Sabemos que estos proyectos y acciones no aclararán el futuro de incertidumbres hacia el que nuestros jóvenes caminan. Pero seguimos empeñados en dotarles de las mejores herramientas para transitar por él: éxito escolar, talento emprendedor y búsqueda individual de la verdadera vocación. Solo así, más una buena dosis de la motivación propia de la juventud, podrán disipar, aunque sea levemente, las nubes de un futuro incierto pero prometedor.

Mònica Margarit Ribalta es directora general de la Fundación Princesa de Girona.

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