Incluso Lady Gaga sabe que la marihuana no es inofensiva / Even Lady Gaga knows pot is not harmless

El Presidente George H.W. Bush me nombró como el primer director de la oficina de política nacional para el control de drogas, o "zar de las drogas", en 1989. Peleamos en muchas grandes luchas, de las cuales la mayor fue la propagación epidémica de la cocaína desde las junglas de Colombia a las calles de los Estados Unidos. Llevamos a cabo un fuerte ataque contra las drogas a través de duras medidas de ejecución y educación pública. Contrariamente a los críticos de la "guerra contra las drogas", el uso de droga y la adicción se redujeron en todo el país.

La cuestión de la legalización de la marihuana era menos prominente que hoy en día, aunque, hasta entonces, algunos discutían que deberíamos experimentar con la legalización. Les dije que no en mi período, el costo a la sociedad podría ser demasiado grande.

Si no quieres aceptar mi palabra de que puede ser dañina, quizá aceptarás la de Lady Gaga.

En una entrevista reciente, la famosa estrella mundial del pop admitió que tenía una fuerte adicción a la marihuana. "He sido adicta a ella, está en última instancia relacionada con afrontar la ansiedad y es una forma de automedicación; estaba fumando 15 o 20 cigarrillos de marihuana al día sin tabaco", dijo. "Vivía en otro plano completamente sicodélico, adormeciéndome a mí misma completamente".

Lady Gaga dijo que ella se expresaba para romper el mito que la marihuana es simplemente una planta inofensiva. "Solo quiero que los chicos jóvenes sepan que verdaderamente pueden volverse adictos a ella, y que tienen este sentimiento que no lo harán, y eso en realidad no es cierto".

En la actualidad se está llevando a cabo un experimento de uso legal de marihuana para adultos en Colorado; está acordado otro para iniciar más tarde este año en Washington. El Juez de la Corte Suprema Louis Brandeis una vez hizo la observación que en nuestra República democrática, los estados son los laboratorios de la democracia. Estamos haciendo funcionar unos pocos laboratorios ahora y veremos qué pasa.

Pero, como con cualquier debate público, necesitamos escuchar a todas las partes. Hasta ahora, los defensores de la legalización de la marihuana han dominado el ámbito público. Esto, sin duda, ha tenido un efecto. De acuerdo a un nuevo sondeo de CNN, la mayoría de estadounidenses apoya la legalización de la marihuana. Pero, ¿dónde están las voces de los heridos? ¿Dónde está la indignación de las familias que han sido perjudicadas?

Sabemos que están allí fuera. Más estadounidenses fueron admitidos para tratamientos por el uso de marihuana que por otras drogas ilegales.

He hablado con padres por todo el país que han perdido hijos por el abuso de las drogas, no solo marihuana; aunque en muchos casos fue una puerta a las drogas o parte de su mortífera combinación. La gente ha sido profundamente herida por accidentes relacionados a las drogas o han gastado miles de dólares en rehabilitación. Necesitamos oír sus voces.

Durante mi ejercicio como zar de las drogas, viajé a más de 120 comunidades para ver de primera mano el impacto de las drogas ilegales. Entre esas visitas, realicé un viaje a Boston para participar en una redada antidrogas en algunos de los vecindarios más pobres y peligrosos de la ciudad. Ni una sola vez durante esa visita un padre o líder comunitario se pronunció a favor de la legalización o flexibilización de las restricciones a las drogas. Más bien, ellos querían las drogas confiscadas y los distribuidores de droga tras las rejas. Ellos sabían del daño que las drogas ocasionaron a sus hijos y comunidades.

Esa misma tarde, en la Universidad de Harvard se sostuvo una discusión sobre drogas y la aplicación de la ley. Allí escuché a muchos académicos discutir por la legalización o despenalización de las drogas.

Es a duras penas un ejercicio de rigor intelectual para aquellos de clase media y alta que viven en áreas con poco crimen y violencia que deseen experimentar con la legalización de las drogas. Viven alejados de la realidad del comercio de drogas. Mas, si viajan a su centro, a las barriadas y proyectos controlados por los despiadados distribuidores de drogas, estos intelectuales podrían reconsiderar su postura.

Es un mito que la marihuana, porque no es tan dañina como la cocaína, heroína o alguna otra droga dura ilegal, es segura o suficientemente segura para garantizar su legalización. Los opositores responden que la marihuana no ha devastado comunidades o que la droga en sí no puede ser la culpable.

Pero eso no es cierto. Ha devastado la comunidad de los jóvenes.

La marihuana es la droga más utilizada en el país, especialmente entre gente joven. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas y Salud de 2012, "de las 7,3 millones de personas de 12 años de edad o más, clasificadas con dependencia o abuso de drogas ilícitas en 2012, 4,3 millones de personas tenían una dependencia o abuso de marihuana", lo que convirtió a la marihuana en la droga con el mayor número de personas con dependencia o abuso.

La comunidad médica ha advertido acerca del peligro.

Un estudio reciente de la Universidad Northwestern descubrió que los usuarios de marihuana tienen una estructura cerebral anormal y mala memoria y que el abuso crónico de la marihuana podría llevar a cambios en el cerebro parecidos a la esquizofrenia. El estudio también informó que mientras más joven sea la persona cuando comienza a consumir marihuana, los efectos son peores.

En su propio informe que arguye en contra de la legalización de la marihuana, la Asociación médica estadounidense dijo: "El uso frecuente del cannabis durante la adolescencia ocasional discapacidades persistentes en el desempeño neurocognitivo y CI, y su uso se asocia con mayores tasas de ansiedad y trastornos del estado de ánimo y pensamientos sicóticos".

El país no puede permitirse un experimento costoso con las drogas. Mientras realizamos un debate nacional sobre la mejora de los costos sanitarios y el desempeño educativo, la legalización de la marihuana debilitará esas misiones vitales.

Esperaremos y veremos lo que pasa con los experimentos en Colorado y Washington, pero espero que después de varios años, veremos cómo el uso de la marihuana en los adolescentes aumentará drásticamente. Los estados llegarán a arrepentirse de sus decisiones.

Como el difunto gran politólogo James Q. Wilson observó, "El problema central de legalizar las drogas es que aumentará el consumo de drogas", y todo su daño inherente.

William J. Bennett es el autor de The Book of Man: Readings on the Path to Manhood ("El Libro del Hombre: Lecturas en el camino hacia la edad adulta"). Fue secretario de educación de Estados Unidos de 1985 a 1988 y director de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas durante la presidencia de George H. W. Bush.

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President George H.W. Bush appointed me as the nation's first director of national drug control policy -- or "drug czar" -- in 1989. We took on many big fights, the largest of which was the cocaine epidemic spreading from the jungles of Colombia to the streets of the United States. We conducted an all-out assault on drugs through tough enforcement measures and public education. Contrary to "war on drugs" critics, drug use and addiction dropped across the country.

The issue of marijuana legalization was far less prominent than it is today, although even then, some argued that we should experiment with legalization. I told them not on my watch; the cost to society would be too great.

If you don't want to take my word that it can be harmful, perhaps you'll take Lady Gaga's.

In a recent interview, the world-famous pop star admitted she was heavily addicted to marijuana. "I have been addicted to it and it's ultimately related to anxiety coping and it's a form of self-medication and I was smoking up to 15 or 20 marijuana cigarettes a day with no tobacco," she said. "I was living on a totally other psychedelic plane, numbing myself completely."

Lady Gaga said she was speaking out to bust the myth that marijuana is just a harmless plant. "I just want young kids to know that you actually can become addicted to it, and there's this sentiment that you can't and that's actually not true."

Today a fully functioning experiment in legal marijuana for adults is going on in Colorado and another one is set to begin later this year in Washington. Supreme Court Justice Louis Brandeis once remarked that in our democratic Republic, the states are the laboratories of democracy. We are running a few labs now and shall see what happens.

But, as with any public debate, we need to hear all sides. So far, the advocates of marijuana legalization have dominated the public arena. It's certainly had an effect. According to a new CNN poll, a majority of Americans support legalizing marijuana. But where are the voices of the wounded? Where is the outrage from the families who have been hurt?

We know they are out there. More Americans are admitted to treatment facilities for marijuana use than any other illegal drug.

I've talked to parents all over the country who lost children to drug abuse -- not to marijuana alone; though in many cases it was a gateway drug or part of their deadly drug concoction. People have been deeply hurt by drug related accidents or spent thousands of dollars on drug rehabilitation. We need to hear their voices.

During my tenure as drug czar, I traveled to more than 120 communities to see firsthand the impact of illegal drugs. Among those visits was a trip to Boston to take part in drug busts in some of the city's most broken and dangerous neighborhoods. Not once during that visit did a parent or community leader advocate for legalization or loosening drug restrictions. Rather, they wanted the drugs confiscated and drug dealers locked up. They knew the damage drugs had inflicted on their children and communities.

That same evening Harvard University held a discussion on drugs and law enforcement. There I listened to scores of academics argue for legalizing or decriminalizing drugs.

It's hardly an exercise in intellectual rigor for those in the middle- and upper-class who live in areas with little crime and violence to be willing to experiment with drug legalization. They live far removed from the realities of the drug trade. But travel to its core, to the slums and projects run by ruthless drug dealers, and these intellectuals may rethink their position.

It's a myth that marijuana, because it is not as harmful as cocaine, heroin or some other illegal hard drugs, is safe or safe enough to warrant legalization. Opponents contest that marijuana hasn't ravaged communities or that the drug itself isn't to blame.

But that's not true. It's ravaged the community of the young.

Marijuana is the most widely used drug in the country, especially among young people. According to the 2012 National Survey on Drug Use and Health, "of the 7.3 million persons aged 12 or older classified with illicit drug dependence or abuse in 2012, 4.3 million persons had marijuana dependence or abuse," making marijuana the drug with the largest number of people with dependence or abuse.

The medical community has warned about the danger.

A recent Northwestern University study found that marijuana users have abnormal brain structure and poor memory and that chronic marijuana abuse may lead to brain changes resembling schizophrenia. The study also reported that the younger the person starts using marijuana, the worse the effects become.

In its own report arguing against marijuana legalization, the American Medical Association said: "Heavy cannabis use in adolescence causes persistent impairments in neurocognitive performance and IQ, and use is associated with increased rates of anxiety, mood and psychotic thought disorders."

The country can ill-afford a costly experiment with drugs. While we are undergoing a national debate over improving health care costs and education performance, legalizing marijuana will undercut those vital missions.

We will wait and see what Colorado's and Washington's experiments hold, but I expect that after several years, we will see marijuana use rise dramatically, even among adolescents. The states will come to regret their decisions.

As the late, great political scientist James Q. Wilson remarked, "The central problem with legalizing drugs is that it will increase drug consumption" -- and all its inherent harm.

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