India, China y seguridad en Asia

Por Brahma Chellaney, profesor de estudios estratégicos del Centro de Investigación Política de Nueva Delhi, de financiación privada (LA VANGUARDIA, 13/01/08):

Al tiempo que el primer ministro indio Manmohan Singh comienza hoy su primera visita a China, la excitación consiguiente puede tal vez dar a entender que los dos países más populosos del mundo progresan para entablar relaciones estables. Pero lo cierto es que han brotado nuevas tensiones entre ambos mientras aún siguen vigentes antiguas disputas.

Dos acontecimientos recientes han puesto de relieve las tensiones entre las dos potencias continentales asiáticas de simultáneo auge histórico. El responsable indio de la policía fronteriza indo-tibetana ha reconocido que durante los últimos 12 meses se han producido 141 incursiones militares chinas en las fronteras en litigio del Himalaya. Por otra parte, mandos militares indios han declarado que tropas chinas han destruido - lo que cabe interpretarse como una provocación- puestos avanzados indios cerca de búnkers situados en la encrucijada entre Tíbet, Bután y Sikkim.

Otros indicios señalan que China ha endurecido su postura sobre los conflictos territoriales en el Himalaya. Por ejemplo, el mensaje del ministro chino de Exteriores en mayo del 2007 a su homólogo indio en el sentido de que Pekín ya no se considera vinculado según un acuerdo del 2005 por los llamados "principios rectores" que establecen que cualquier acuerdo fronterizo no debe afectar a la población residente en la zona. Anteriormente, el embajador chino en India causó un incidente diplomático al afirmar públicamente que el estado nororiental indio de Arunachal Pradesh - más del doble de Taiwán- pertenecía a China.

Esta línea dura se presenta asociada a dos factores. En primer lugar, el creciente poder económico y militar de Pekín le da alas a la hora de impulsar una política exterior más recia y vigorosa. Y además, China, tras haber predicado el evangelio particular de su "auge pacífico", empieza de verdad a soltarse el pelo.

Pekín, tras hacer valer su jurisdicción sobre los islotes reclamados por Vietnam en los archipiélagos de Spratly y Paracel y azuzar manifestaciones antichinas en Hanoi y Ho Chi Minh City, aparte de avivar disputas diplomáticas con Alemania, Canadá y Estados Unidos a propósito de la recepción oficial o los honores tributados al Dalai Lama, ha mostrado recientemente una creciente propensión a enseñar su uñas. Otros casos recientes incluyen sus amagos de guerra en los mares del sur y oriental de China y su cancelación a última hora de una visita largamente planificada del portaaviones estadounidense Kitty Hawk a Hong Kong.

En segundo lugar, China ha aumentado significativamente su capacidad militar contra India mediante la construcción de nuevas infraestructuras en Tíbet, que incluyen una importante vía férrea, aeropuertos y carreteras. El ferrocarril, al proporcionar a Pekín la capacidad de rápido despliegue de fuerzas en la frontera con India, está modificando el equilibrio de fuerzas militar en el Himalaya.

Al igual que a China le obsesionan tres "t" en casa - Tiananmen, Taiwán y Tíbet- su relación con India se caracteriza también por tres "t" (en inglés): disputas territoriales, comercio y Tíbet. La relación sólo es positiva en lo tocante al comercio, que superó la cifra de 34.000 millones de dólares el año pasado por las crecientes importaciones chinas de mineral de hierro de India y de otras materias primas. Pero como ha mostrado la relación chinojaponesa en los últimos años, los lazos económicos no pueden garantizar la moderación y la contención mutuas si no se progresa en cuestiones políticas motivo de división y enfrentamiento.

En realidad, el comercio entre dos estados en el mundo actual no se ve constreñido por diferencias políticas a menos que se erijan barreras políticas. Aun cuando el comercio entre China e India superara el comercio entre EE. UU. e India - cosa probable-, las cuestiones políticas seguirían enfrentando a Pekín y Nueva Delhi.

Suele pasarse por alto que India y China son antiguas civilizaciones antiguas, pero vecinos recientes. La anexión china del histórico Estado tapón de Tíbet en 1951 permitió que tropas chinas llegaran a la frontera actual entre China e India. Tan sólo once años después, China invadió territorio indio.

En la actualidad, ambos países apuestan por un marco diplomático pacífico del que dependen su modernización y seguridad. Pero las heridas de la guerra de 1962 han seguido abiertas por las públicas reivindicaciones de China sobre territorios indios. Pekín ha dicho que no aceptará el statu quo territorial como base de cualquier acuerdo fronterizo con India. La cuestión de Tíbet sigue en el corazón del enfrentamiento entre India y China, y si Pekín no inicia un proceso de reconciliación y sanación de las heridas de Tíbet - asumiendo la historia-, difícilmente se restablecerán las buenas relaciones entre ambos países. El propio Pekín destaca la importancia primordial de la cuestión de Tíbet al reivindicar territorios indios sobre la base de supuestos vínculos religiosos o tutelares tibetanos en relación con ellos y no sobre una supuesta conexión de tiempos de la dinastía Han.

La creciente firmeza de China llega cuando un nuevo gran juego barre toda Asia, centrado en la creación de nuevas alianzas y la obtención de mayores cuotas de energía y recursos minerales. En este juego, la ecuación India-China será fundamental para el futuro de la seguridad y la estabilidad estratégica de Asia.