‘Indiana ZP’ y el templo maldito

Por Henry Kamen, historiador y autor de la biografía Felipe II de España (EL MUNDO, 09/10/06):

De todas las ideas que el presidente del Gobierno español ha concebido durante los últimos años, ninguna ha sido tan brillante como la del Templo de la Paz. Confirmó su compromiso de llevar a cabo este plan durante un discurso celebrado en Madrid el pasado 1 de octubre y en el que prometió un futuro «en que nos podamos sentir más orgullosos como españoles, cuando ante el mundo seamos un país de paz, una España grande, y una España unida». Habrá, según prometió, «un gran concurso internacional» para construirlo, que tendrá una «gran inversión» y que «servirá para hacer cultura e investigación por la paz». Será además «lugar de encuentro para resolver conflictos en todo el mundo». Según algunos informes de prensa, tiene planeado construir este Templo (o Centro, o Palacio, o como sea que acabe llamándose) justo en las afueras de Madrid. Las malas lenguas dicen que es un mero plagio de la idea que tuvo otro líder español reciente que también creía en «una España grande» y que construyó un monumento conmemorativo al pie de las montañas, en las afueras de Madrid, y al que bautizó con el nombre del Valle de los Caídos. Seguramente esta acusación parece injusta en el caso de un presidente, que cree sincera y proféticamente que es «el elegido» para brindar la paz en el mundo.

Desgraciadamente para Zapatero, su discurso tuvo lugar muy poco después de la construcción de un impresionante Templo de la Paz, con el que es impensable que pueda competir, y que fue inaugurado en Asia Central. El mes de septiembre, el arquitecto británico, Norman Foster estuvo presente en Astana, Kazajstán, durante una brillante ceremonia donde el presidente del país develó al numeroso público la maravillosa creación de Foster, un palacio de la paz en forma de pirámide de 62 metros de altura, hecho de acero y piedra. He visto fotografías del exterior e interior de este templo, y puedo asegurar que es una de las mejores obras de arte de Norman Foster. También he tenido acceso a información sobre lo que costó este edificio, y me temo que el primer ministro español va a tener problemas si desea competir. Durante su discurso del 1 de octubre prometió lo siguiente: «Para que se tome nota, ese gran edificio lo va a financiar al 100% el Gobierno de España». No me cabe la menor duda de que el Gobierno español es en efecto muy rico, que ha saldado todas sus deudas con los desempleados, los enfermos y las víctimas del terrorismo, y que cuenta con un excelente superávit. Sin embargo, España no está tan boyante como Kazajstán, un país rico en petróleo y con unos fondos financieros extraordinarios. Solamente el organizar un «gran concurso» para arquitectos costaría, como en el caso de Kazajstán, varios millones de euros y la mera construcción del edificio supondría una inversión de varias decenas de millones de euros.

Antes de tomar la decisión de proseguir adelante con la construcción del Templo de la Paz, que podría volverse (como en el caso de Indiana Jones) en el Templo Maldito, hay una serie de circunstancias a tener en cuenta. La primera de las cuales es: ¿hasta que punto es verdad la aseveración de que «en todo nuestro continente» (palabras de Zapatero) España es reconocida como principal campeón de la paz? La verdad es precisamente todo lo contrario. En todo el continente, España es reconocida como el país más deficiente en mantenimiento de la paz. Desde sus ilustres días como potencia mundial en el siglo XVII, se ha destacado por ser la víctima de las decisiones impuestas por otros países europeos. España nunca participó en la guerra contra la agresión alemana en 1914, ni tampoco la guerra contra el fascismo en 1939, sino que por el contrario agotó sus energías en una sangrienta guerra civil que duró tres años; asimismo estuvo prominentemente ausente de cualquier esfuerzo de pacificación durante la Liga de las Naciones y las Naciones Unidas, y tampoco contribuyó a poner fin a la guerra de Corea, además de negarse a reconocer el estado de Israel hasta adentrados los años 80.

Sus esfuerzos policiales se han invertido solamente en el control del terrorismo interno, y su sola contribución a detener los ataques de Sadam Hussein en Kuwait fue auxiliar. Ni un solo ciudadano español, ni siquiera el primer ministro actual, ha sido merecedor del Premio Nobel de la Paz. España, desde el fin de su imperio, en 1899, ha demostrado su insignificancia como contribuyente a la paz. Es natural que los políticos de otros países se sonrían al oír las alegaciones de que España es el mayor promotor de la paz en el mundo.

El segundo factor a tener en cuenta es, que los templos de la paz los construían hombres y naciones que habían desempeñado un papel de liderazgo en asuntos de inquietud mundial. El primer famoso templo de lapaz fue construido en la Roma antigua por el emperador Vespasiano. El historiador Plinio lo describió como uno de los edificios más bellos de la ciudad. El más famoso de estos edificios para conmemorar la paz fue construido varios siglos después en La Haya, en los Países Bajos. En 1903, el empresario y pacifista estadounidense, Andrew Carnegie, contribuyó con un millón y medio de dólares a la construcción y mantenimiento de un edificio conocido como el Palacio de la Paz, que más adelante se convirtió en el Tribunal Internacional de Justicia y en la Academia de Derecho Internacional. A consecuencia de ello, se puso de moda construir palacios en honor de la paz, pero siempre entre naciones que han desempeñado un papel auténtico en la paz mundial.

Voy a citar a continuación el ejemplo más destacado de este tipo de edificios. Durante un discurso histórico que hizo en la Universidad de Fulton (Missouri) en 1946, justo después de una prolongada guerra en la que millones de rusos, americanos, franceses, británicos y otros perecieron en sus esfuerzos por derrotar la agresión nazi, Winston Churchill propuso construir «un verdadero templo de la paz en el cual los emblemas de varias naciones puedan ser colgados un día. Antes de arrojar por la borda la sólida protección y autopreservación brindada por los armamentos nacionales, debemos estar seguros de que se construya nuestro templo no sobre arena o barro sino sobre piedra». El monumento al que se refería llegó a edificarse en el mismo epicentro de Nueva York, y es ahora la sede de las Naciones Unidas.

En resumidas cuentas, hay más que suficientes templos de la paz en el mundo, y la obligación que tenemos es de que funcionen, en vez de seguir construyendo templos superfluos que carecen de significado real, instigados por políticos que no han participado activamente en ningún esfuerzo por la paz. Es curioso que el jefe de una secta de inspiración hindú, el Maharishi Mahesh Yogi, que ha prometido la construcción de una serie de «palacios de la paz» en las 3,000 ciudades más importantes del mundo, hasta el momento no haya mencionado la construcción de uno solo en España. De hecho, España ha demostrado muy poco interés en la teoría y la práctica de la paz. Esto nos lleva al tercer punto a tener en cuenta. ¿Si Zapatero construyera este Templo de ensueño, qué haría con él? ¿Llenarlo con gente que estudiaran la paz? En España no hay diplomáticos ni eruditos dedicados al estudio académico de la paz. Si uno quisiera estudiar un curso universitario sobre la paz, no le quedaría más remedio que dirigirse a las docenas de centros y cursos que hay disponibles en el extranjero, como por ejemplo en Georgetown, en los Estados Unidos, o en McMaster’s, Canadá, o en Bradford, Inglaterra, o Sydney, Australia. Otra posibilidad sería ir a la impresionante Universidad de la Paz en el pueblo de Stadtschlaining en la hermosa Burgenland de Austria. Sin embargo, estos cursos multilingües de orientación internacional no se encuentran por ninguna parte en España. Aquí, los cursos de la universidad dedicados a la «paz» están limitados a la «resolución de conflictos» entre cónyuges, o patrones y empleados. Estos temas no justificarían en mi opinión la construcción de un Templo de la Paz que costará una suma tan elevada de euros.

Por supuesto, podrían recortarse gastos con un proyecto de menos envergadura. En vez de invertir decenas de millones de euros en la construcción de un templo inútil, en un país donde menos del 1% de los políticos habla el idioma diplomático del mundo, el inglés, podría crearse un centro más modesto y discreto similar al Templo de la Paz en Cardiff, en el Reino Unido. Este atractivo edificio es la sede de varias conferencias y discursos, e incluso, según describe el mismo folleto publicitario, «es un lugar ideal para celebrar un banquete de boda o una fiesta». A los británicos les gusta hacer las cosas con modestia, sin pretensiones ideológicas. Si a Zapatero le sobran decenas de millones de euros para la construcción de un templo, le quedan dos opciones obvias. Construir uno como el de Kazajstán, donde (según informaba un periodista ruso esta semana) los antecedentes políticos de este país son «unos medios de comunicación controlados; detenciones arbitrarias; exilios y asesinatos de líderes de la oposición; elecciones fraudulentas; y una corrupción desenfrenada». O bien construir un elegante centro sin ambiciones políticas como el de Cardiff, donde no sea necesario hablar inglés y donde no haya que resolver problemas de paz mundial pero donde reine la paz y la felicidad propias de un banquete de boda.